Deutsche Welle (DW), la prensa alemana, retrata a Sinaloa como un estado donde el poder formal presume chalecos, patrullas y folletos; mientras tanto, el poder efectivo, según los testimonios recogidos, se mueve encapuchado, armado y con capacidad para decidir quién vota, quién calla y quién desaparece.
El reportaje original, “México bajo el control de los cárteles: el poder en la sombra en Sinaloa”, fue publicado por DW Español.
CULIACÁN, SINALOA.— Aquí no hay normalidad: hay pausas entre balaceras.
Un trabajador sale a descansar y termina ejecutado en plena calle. Una casa recibe tiros. Quedan casquillos, llega el Ejército, se acordona el perímetro, se toma nota. La ciudad sigue. Porque en Culiacán la rutina ya incluye calcular si se vuelve vivo a casa.
DW entra a una Sinaloa partida por la guerra entre Los Chapitos y Los Mayos. El conflicto, describe el documental, dejó de ser una disputa criminal para convertirse en un régimen de miedo administrado por sicarios, levantones, desapariciones y silencios obligatorios. “Es peligroso hablar”, repiten vecinos, autoridades y sobrevivientes. No es una frase: es el manual de supervivencia.
Una diputada opositora, Paola Gárate, narra el secuestro y las amenazas previas a la elección de 2021. Su testimonio coincide con otros relatos y con las acusaciones formales presentadas en Estados Unidos, que alcanzan hasta a Américo Villarreal, hoy gobernador morenista de Tamaulipas y entonces delegado de Morena en esa entidad durante la elección en la que Rubén Rocha Moya resultó electo.
El mensaje, según el testimonio de Garate, era elemental, brutal y sin protocolo democrático: que ganara Morena o habría muertos. Después vinieron las amenazas contra ella y su familia; una corona fúnebre en la puerta no deja demasiado espacio para interpretaciones florales.
DW también entrevista, bajo anonimato, a un hombre que se identifica como sicario de la facción de Los Chapitos. Dice participar en levantones, asesinatos y cobros de piso. Afirma que la estructura criminal intimida a electores, utiliza patrullas clonadas y mantiene vínculos corruptos con corporaciones de seguridad. Su relato coincide, una vez más, con las acusaciones formuladas por Estados Unidos.
El punto más incómodo del reportaje no es que el cártel tenga armas. Eso ya nadie lo discute. El punto es la pregunta que flota en cada escena: ¿quién manda realmente? Para el sicario entrevistado, mandan los cárteles. Para las familias de desaparecidos, el Estado llega tarde. Para una escuela de Villa Juárez, la violencia ya se sentó en el pupitre: niños que se sobresaltan ante cualquier ruido, que no quieren asistir a clases, que aprendieron antes el miedo que la tabla del siete.
El periodista Ismael Bojórquez de RIO DOCE resume el paisaje:impunidad, instituciones rebasadas y cuerpos de seguridad vulnerables a la cooptación.
En ese terreno, el crimen no sólo cobra piso: cobra gobierno. Y mientras las autoridades reparten teléfonos de emergencia, la población aprende que el número más importante sigue siendo otro: el de la siguiente víctima.
Con información: DEUTSCHE WELL/PRENSA ALEMANA

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