Las declaraciones del jefe de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), Terry Cole, carecen de sustento y no corresponden a los resultados obtenidos por México en el combate al crimen organizado, aseguró el Gabinete de Seguridad.
Durante una cumbre sobre adicciones realizada en Orlando, Florida, Cole advirtió sobre lo que calificó como una «mortífera conexión» entre el Gobierno de México y los cárteles del narcotráfico, al tiempo que reiteró que combatir a esas organizaciones es su principal prioridad.
El argumento oficial tiene un problema lógico de fondo: intenta convertir resultados operativos agregados (detenciones, decomisos, laboratorios destruidos) en prueba de integridad política y ausencia de colusión, cuando son planos distintos.
1) Falacia central: eficacia ≠ honestidad
El gobierno presenta cifras para refutar una acusación de vínculos con el narco. Pero:
- La eficacia en operativos no demuestra la inexistencia de redes de protección política.
- Estados con altos niveles de corrupción pueden producir decomisos relevantes; no son variables excluyentes.
Ejemplo claro: en varios países, incluidos México y Colombia en distintas etapas, grandes capturas coexistieron con infiltración institucional. Una cosa mide capacidad operativa; la otra, control del poder político.
2) Uso de datos agregados para ocultar selectividad
Las cifras (59 mil detenidos, toneladas decomisadas, etc.) tienen limitaciones clave:
- No distinguen entre delincuencia de bajo nivel y estructuras de alto mando.
- No permiten evaluar si hay sesgo territorial o político (por ejemplo, actuar contra ciertos grupos y no otros).
- No aclaran cuántos casos derivan en sentencias firmes, que es el indicador real de efectividad judicial.
Sin desagregación, los números funcionan más como narrativa que como evidencia.
3) La “prueba por castigo interno” es insuficiente
El gobierno afirma que ha detenido a más de 80 funcionarios, incluidos alcaldes. Pero:
- Esto puede interpretarse también como evidencia de penetración del crimen en estructuras públicas, no necesariamente de su erradicación.
- No se especifica si hay investigaciones contra niveles superiores (gobernadores, mandos políticos clave).
- Tampoco se detalla si los casos fueron producto de presión externa (EE. UU.) o de iniciativas autónomas.
Castigar a actores subnacionales no descarta protección en niveles más altos.
4) Omisión del contexto político: gobernadores señalados
El argumento oficial evita el punto más delicado:
- Las acusaciones no se refieren a la inexistencia de operativos, sino a posibles vínculos entre élites políticas,incluidos gobernadores como Ruben Rocha Moya,Americo Villarreal,Marina del Pilar y Alfonso Durazo,entre muchos otros ligado a cárteles.
- Las cifras nacionales no responden a señalamientos específicos; son una evasión por generalización.
Es una estrategia clásica: responder a una acusación puntual con estadísticas globales.
5) Confusión entre cooperación y legitimidad
El gobierno invoca cooperación con EE. UU. como prueba de buena fe:
- La cooperación bilateral puede existir incluso en contextos de desconfianza o sospecha.
- De hecho, muchas operaciones de la DEA históricamente han partido de la premisa de infiltración parcial de instituciones locales.
La cooperación no equivale a certificación de integridad.
6) Ausencia de indicadores clave de captura estatal
Para desmontar la acusación de colusión, harían falta otros elementos que no se presentan:
- Investigaciones independientes sobre financiamiento político.
- Trazabilidad de redes de protección institucional.
- Procesos judiciales contra actores de alto nivel, no solo operadores.
Sin eso, el argumento se queda en el plano operativo, no en el estructural.
7) Inversión de la carga de la prueba
El comunicado intenta descalificar a la DEA por “falta de sustento”, pero:
- No ofrece evidencia directa que refute las acusaciones específicas.
- Se limita a mostrar logros generales, lo que no invalida hipótesis de colusión selectiva.
En términos argumentativos, es una defensa indirecta y débil.
En síntesis, el discurso gubernamental del gabinete de seguridad mezcla planos: usa resultados cuantitativos del combate al crimen para sugerir integridad institucional. Pero sin evidencia sobre redes políticas, financiamiento y protección de alto nivel, esos datos no desmontan —ni siquiera tocan— la acusación central.
Con informacion: ELNORTE/











