En Sinaloa, la propaganda oficial pasa revista a las tropas, forma a los detenidos en las estadísticas y acomoda los pertrechos decomisados como trofeos de campaña. El problema es que confunde el inventario de la operación con el resultado de la estrategia: presume lo que recoge después de la violencia, mientras deja en segundo plano lo que debería conseguir antes: evitarla.
La visita del secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, a la III Región Militar, en Mazatlán, vuelve a colocar en primera línea el repertorio institucional: supervisar despliegues, revisar condiciones del personal y reunirse con los mandos para evaluar acciones. Todo puede formar parte del trabajo operativo; nada de eso, por sí solo, acredita que la población esté más segura.
El balance presentado por NOROESTE correspondiente al periodo del 9 de septiembre de 2024 al 26 de octubre de 2026, obliga a mirar fuera del encuadre oficial: 4,105 homicidios dolosos, 4,541 personas privadas de la libertad y 12,790 vehículos robados. El mismo recuento reporta 4,052 personas detenidas y 214 abatidas. Las cifras se reproducen como aparecen en ese balance, cuya fuente y metodología no se identifican en el recorte.
Ahí está el error de puntería: presentar detenidos, decomisos y bajas como si fueran, automáticamente, territorio ganado a la inseguridad. Son registros de acciones y enfrentamientos; no equivalen por sí mismos a vidas protegidas, desapariciones impedidas o calles recuperadas. Una estrategia puede llenar bodegas de armas y expedientes de detenidos sin conseguir que las familias dejen de vivir bajo amenaza.
El avance tendría que medirse por la violencia que logra impedir: menos asesinatos, menos personas privadas de la libertad, menos robos y menos comunidades sometidas. No basta con anunciar cuántos fueron capturados después del daño; hay que demostrar cuánto daño dejó de ocurrir. Y aunque el acumulado no permite calcular por sí solo cuántos delitos se evitaron ni establecer la tendencia reciente, la magnitud del saldo presentado deja poco espacio para vender una victoria.
La jornada descrita durante la visita de Trevilla retrata esa contradicción: mientras los mandos revisaban el dispositivo, se reportaban al menos ocho homicidios y el hallazgo de una cabeza humana frente al Palacio Municipal de Mazatlán. El comunicado hablaba de acciones para garantizar la seguridad; la violencia exhibía cuánto faltaba para conseguirlo.
Los decomisos pueden quitar capacidad de fuego y las detenciones pueden contribuir a desarticular grupos criminales. Pero convertirlos en el marcador principal del éxito es rendirle honores al procedimiento y escamotear la evaluación del resultado.
La pregunta no es solamente cuántas armas salieron de circulación, sino cuánto disminuyó la posibilidad de que alguien terminara asesinado, desaparecido o despojado.
Porque la misión no debería ser ganar la guerra del boletín. Debería ser impedir que la siguiente víctima tenga que entrar en el parte.
Con información: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: