Hay quienes ven el servicio público como una vocación. Otros parecen entenderlo como una oportunidad de negocio: administrar dinero ajeno y dejar las explicaciones para cuando llegue el auditor. La ASF detectó posibles daños al erario por 10 mil 535 millones de pesos en la revisión de la Cuenta Pública 2025. El informe comprende 374 auditorías a gobiernos federal, estatales y municipales. Una bonita postal del poder que promete cuidar cada peso.
Traducido del burocratés: de los recursos observados se recuperaron alrededor de mil 527 millones de pesos, pero, al momento de entregar el informe, seguían sin aclararse unos 9 mil 008 millones. Para cobrar impuestos, el ciudadano tiene nombre, apellido y fecha límite; para explicar el gasto, el gobierno tiene expedientes pendientes.
Entre los casos destaca el Fondo Especial para Financiamientos Agropecuarios, fiscalizado en una auditoría a Hacienda: no logró sustentar erogaciones por mil 417 millones de pesos bajo el concepto de “gastos de operación”. Operar cuesta, desde luego; lo que falta es explicar con documentos por qué costó eso. La ASF también señaló la ausencia de un plan formal y emitió observaciones, promociones de responsabilidad administrativa y recomendaciones.
La fiesta de las cuentas pendientes tampoco se limita al gobierno federal. En 338 auditorías al gasto federalizado —recursos para educación, infraestructura, salud y seguridad recibidos por los estados— se determinaron observaciones por más de 5 mil 243 millones de pesos. Dinero destinado a necesidades públicas, no a convertirse en un acertijo contable.
Ojo: un posible daño al erario no equivale, por sí solo, a un robo probado ni a una sentencia. La información reporta recursos observados y montos pendientes de aclaración; venderlos todos como dinero robado sería falsear el hallazgo. Pero esa precisión tampoco convierte la falta de explicaciones en una medalla de buena administración.
Así se entiende el atractivo del puesto: no hace falta ser dueño de la caja para tener el privilegio de administrarla. Y cuando rendir cuentas parece una tarea aplazable, el discurso de “servir al pueblo” empieza a sonar demasiado parecido a “sírvase primero”.
Con información: ELUNIVERSAL/

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