En la III Región Militar ya casi hace falta ponerle ruedas al escritorio del comandante. Fernando Colchado Gómez asumió el mando el 16 de octubre, en sustitución de Alejandro Vargas González. Con él suman cuatro generales al frente de esa jurisdicción en dos años, cita Noroeste.
La plaza de mando, con sede en Mazatlán y responsabilidad sobre Sinaloa y Durango, lleva esta formación: Guillermo Briseño Lobera, desde octubre de 2024; Héctor Ávila Alcocer, desde el 3 de febrero de 2026; Alejandro Vargas González, desde el 18 de junio, y ahora Colchado Gómez. Los dos últimos periodos concluidos duraron alrededor de cuatro meses cada uno. Mucha toma de protesta para tan poco tiempo de consolidación
Mientras arriba se entrega la bandera, abajo sigue la disputa entre Los Chapitos y Los Mayos: facciones surgidas de una misma organización criminal que mantienen su confrontación desde septiembre de 2024. Una guerra intestina del Cártel de Sinaloa, no una competencia de bandas que apenas se encontraron en la esquina. Aquí se emplea “guerra” en sentido descriptivo, sin atribuirle por ello una clasificación jurídica de conflicto armado formal.
Defensa informó que Colchado ejercerá autoridad operativa, de adiestramiento, administrativa y logística, además de coordinar el apoyo interinstitucional. Traducido del idioma de la ceremonia: recibe tropas, recursos, coordinación y responsabilidad.
Lo que la nota no presenta y debiera ,es una evaluación de resultados de sus antecesores ni una explicación operativa que permita saber qué problema específico pretende resolver su llegada. El nombramiento acredita un cambio de jefe; no demuestra, por sí mismo, un cambio de estrategia.
Lo que dice la doctrina, no el maestro de ceremonias
Conviene poner el fusil argumental en seguro: ningún principio serio permite concluir que relevar a un comandante durante una crisis sea, automáticamente un error. Pero tampoco que cambiarle la placa a la oficina constituya una maniobra estratégica.
Como referencia comparativa —no como reglamento obligatorio del Ejército mexicano—, la doctrina estadounidense ADP 6-0 identifica entre los principios del mando tipo misión la competencia, la confianza mutua, el entendimiento compartido, la intención del comandante, las órdenes de misión, la iniciativa disciplinada y la aceptación del riesgo. No es una receta para conservar generales eternamente: es un marco para que una fuerza comprenda qué debe conseguir y actúe de manera coordinada.
¿Relevo conveniente o carrusel de estrellas?
Un cambio puede ser conveniente si corrige una conducción deficiente, coloca capacidades pertinentes al frente de la misión y conserva lo que sí funciona. También puede resultar contraproducente si interrumpe equipos, altera prioridades sin diagnóstico o convierte cada llegada en un nuevo periodo de adaptación.
El criterio no es “cambiar o no cambiar”: es qué capacidad se gana y qué continuidad se protege. Esa es la lectura razonable de una doctrina que exige competencia, confianza y propósito común.
Además, sería tramposo presentar todos los movimientos como destituciones por fracaso: Noroeste señala que Briseño Lobera dejó la región para encabezar la Guardia Nacional.
Porque rotación no es sinónimo de estrategia. Cambiar al comandante puede ser necesario; vender el relevo como victoria antes de mostrar resultados es confundir la orden del día con el cumplimiento de la misión.
En Mazatlán ya quedó formalizado quién ocupa el puesto. Falta explicar qué cambiará fuera del cuartel.
Con información: NOROESTE/ ARMY UNIVERSITY PRESS/

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