En el poder, la lealtad puede tener garantía de por vida… hasta que al jefe le llega la primera factura. Entonces, el colaborador indispensable corre el riesgo de convertirse en estorbo con expediente.
Ese es el retrato que hacen de Maru Campos el abogado y la familia del exfiscal de Chihuahua, César Jáuregui: acusan a la gobernadora panista de darle la espalda a quien, según su defensa, se desvivió por protegerla. No describen una simple ruptura política, sino una traición con todo y membrete institucional.
Luis Villegas Montes, abogado del exfuncionario, puso el ventilador frente al lodo:
“Nunca había visto en mis más de 30 años de experiencia en el ámbito político panista una traición, una mezquindad y un acto tan vil y traicionero”.
En otras palabras: según la defensa, Jáuregui habría confundido la cercanía con un seguro contra el abandono. Y ahora descubre que, en ciertas relaciones de poder, la gratitud no incluye asistencia jurídica ni cobertura contra deslindes.
El exfiscal fue detenido el sábado 17 de octubre por señalamientos relacionados con el operativo de abril en la Sierra Tarahumara, donde se desmanteló un narcolaboratorio y cuya colaboración con agentes de la CIA está bajo investigación.
Al expediente estatal se sumó una acusación federal por presunta traición a la patria. Son dos vías distintas: una corresponde a las autoridades de Chihuahua y otra a la Fiscalía General de la República.
La escena tiene suficiente pólvora política sin necesidad de inventarle culpables: un antiguo aliado detenido por la institución que antes encabezaba, una gobernadora señalada por la defensa y un caso de seguridad convertido en pleito abierto dentro del panismo.
Mientras sus seguidores protestaban, Angélica Moreno, esposa de Jáuregui, calificó lo ocurrido como “una aberración de la Gobernadora”.
Lo que diría Robert Greene: el favorito también puede ser desechable
La conexión más directa con el libro «Las 48 leyes del poder«, de Robert Greene, está en la ley 26: mantener las manos limpias. No se refiere precisamente a una campaña de honestidad: describe cómo preservar una apariencia impecable haciendo que otros ejecuten las tareas incómodas o carguen con los errores. El mecanismo incluye intermediarios y chivos expiatorios.
Aplicada como lectura política —no como prueba contra Maru Campos—, la pregunta sería: ¿Jáuregui está respondiendo por decisiones propias o está absorbiendo responsabilidades que deberían investigarse más arriba? .La defensa sostiene una narrativa de traición.
Greene añade una vuelta especialmente venenosa: el sacrificado puede ser un colaborador cercano. La llamada “caída del favorito” resulta persuasiva porque al público le cuesta imaginar que alguien entregue deliberadamente a uno de los suyos; por eso puede interpretar el abandono como confirmación de su culpabilidad.
La otra conexión es la ley 2: no confiar demasiado en los amigos y aprender a utilizar a los enemigos. Greene advierte que la amistad no garantiza lealtad dentro de una relación de poder. Traducido al idioma del pasillo político: compartir partido, campañas y sobremesas no constituye una póliza contra la conveniencia.
«En política, el error no siempre es ser leal. A veces es creer que la lealtad del otro viene incluida«.
Con información: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: