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sábado, 19 de septiembre de 2026

“NI GOLPE, NI HISTÓRICO”: HARFUCH VENDIÓ DECOMISO como SI HUBIERA DESCUBIERTO la CUEVA de ALÍ BABÁ del HUACHICOL… una exhibición de desorden, omisiones y anuncios prematuros.


Lo vendieron como si hubieran descubierto la cueva de Alí Babá del huachicol: 59 millones de litros de “presunto hidrocarburo”, 10 tanques asegurados, vehículos, documentos y el inevitable despliegue de autoridades posando frente a la gran hazaña. Pero el supuesto golpe histórico de la FGR, encabezada por Ernestina Godoy, y la Policía de Guanajuato parece haber terminado convertido en una exhibición de desorden, omisiones y anuncios prematuros.

La terminal intervenida, propiedad de Grupo SIMSA en San José Iturbide, no fue clausurada. Tampoco quedó sellada, como suele ocurrir cuando la Fiscalía realmente asegura un inmueble. Más aún: la planta habría retomado operaciones normales desde el 10 de septiembre. Es decir, el “aseguramiento” fue tan contundente que el negocio siguió funcionando días después.

Las autoridades anunciaron el operativo el jueves 17, pero omitieron un detalle incómodo: el cateo ocurrió desde el 4 de septiembre. Durante casi dos semanas, la narrativa del gran decomiso estuvo guardada en algún cajón, quizá esperando el momento adecuado para sacar la foto, inflar el comunicado y repartir medallas antes de demostrar que había delito.

Y ahí está el detalle que arruina la épica: hasta anoche, ni la FGR ni el Gobierno de Guanajuato habían acreditado que el combustible fuera ilegal. SIMSA sostiene que su función consiste en recibir y almacenar petrolíferos de empresas usuarias, las cuales —dice— deben comprobar la propiedad, procedencia legítima y calidad de los productos. La compañía también afirma que cuenta con los permisos requeridos y que no es propietaria de lo almacenado.

El analista energético Gonzalo Monroy puso el dedo en la fuga:según explicó, la autoridad habría exigido a SIMSA permisos de importación que no necesariamente le corresponden, porque la empresa almacena combustibles de terceros. Pemex, ExxonMobil, Ferromex y Kansas City serían, de acuerdo con esa versión, algunos de sus clientes. Pedirle a la terminal los papeles del importador sería como exigirle al estacionamiento la factura del automóvil que resguarda.

El resultado es una operación presentada como cruzada contra el huachicol, pero sin detenidos, sin clausura, sin sellos y, hasta ahora, sin una prueba pública concluyente de que los 59 millones de litros fueran ilícitos. Mucho “golpe histórico”, pero la historia todavía no explica dónde está el golpe ni contra quién.

Con información: ELNORTE/

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