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lunes, 14 de septiembre de 2026

LOS “DERECHOS HUMANOS” VISITARON RETENES de los HUMANOS poco DERECHOS y REPARTIERON FOLLETOS»…son viles sucursales de la extorsión carretera.


Los derechos de los ciudadanos no son una tarjeta de “pase libre” para brincar retenes, pero tampoco el uniforme de las autoridades de distintos niveles y colores es licencia para convertir la carretera en interrogatorio de sobremesa. En Reynosa, una organización salió a «turistear» y repartir folletos justamente donde el ciudadano suele enterarse de sus garantías: cuando ya tiene a media autoridad preguntándole hasta qué desayunó antes de practicar la extorsión con cualquier pretexto.

Mientras en los filtros carreteros algunos uniformados todavía parecen creer que portar chaleco, radio y cara de pocos amigos basta para suspender la Constitución, integrantes de Derechos Humanos Internacional Reynosa, Tamaulipas se lanzaron a carretera para recordar una obviedad que a veces se extravía entre conos, armas largas y preguntas de rutina: el ciudadano tiene derechos, incluso cuando le ordenan orillarse.

La agrupación recorrió puntos de revisión en las rutas Reynosa–Monterrey y sobre la Carretera Nacional para repartir folletos y orientar a conductores, familias, trabajadores, estudiantes, comerciantes y transportistas sobre qué pueden preguntar —y qué deben exigir— cuando un retén decide convertir su viaje en una entrevista laboral, declaración ministerial y examen de árbol genealógico, todo en una sola parada.

Porque sí: la autoridad puede realizar funciones de seguridad e investigación. Pero no, eso no significa que cualquier persona con uniforme pueda detener, revisar, interrogar o husmear un vehículo al ritmo de “¿de dónde viene?, ¿a dónde va?, ¿con quién viaja?, ¿qué trae ahí?, ¿y por qué tan nervioso?”. La ley no funciona con el principio de “porque lo digo yo y traigo radio”.

La organización explicó que una revisión debe tener base legal, finalidad legítima y respeto a la dignidad de la persona. En lenguaje menos burocrático: no basta con parar a alguien por existir, circular o tener la mala fortuna de cruzarse con un filtro a media carretera.

Entre las recomendaciones repartidas a los automovilistas está mantener la calma, evitar confrontaciones inútiles, preguntar respetuosamente el motivo de la revisión, solicitar la identificación de quien interviene y dejar claro si se trata de una revisión preventiva, una inspección o una detención. Porque una cosa es colaborar con una autoridad legítima y otra muy distinta entregar la vida, obra, itinerario y datos personales a quien apenas se presenta con un “soy Rosa” o un “somos del Ejército”.

El mensaje central fue simple: conocer los derechos no equivale a jugarle al rebelde sin causa ni a querer ganarle un debate constitucional a un agente junto al acotamiento. Significa saber que una revisión no convierte automáticamente al conductor en delincuente, que una pregunta no siempre obliga a abrir el álbum familiar y que la autoridad tiene obligaciones tan claras como las del ciudadano.

También subrayaron que la ciudadanía debe respetar las indicaciones legales y mantener una conducta responsable. Es decir, no se trata de aconsejar que alguien acelere, se ponga bravucón o transforme el retén en episodio de acción de bajo presupuesto. Se trata de recordar que la seguridad no se fortalece con arbitrariedades ni la autoridad se debilita por identificarse, explicar el motivo de una intervención y actuar conforme a la ley.

En Tamaulipas, donde el uniforme no siempre ha sido garantía automática de tranquilidad y la sospecha de suplantaciones, abusos o “madrinas” forma parte de una realidad que muchos automovilistas conocen demasiado bien, pedir identificación no debería considerarse insolencia: debería ser protocolo básico de autoprotección.

La organización insiste en que sus folletos no buscan azuzar pleitos entre ciudadanos y autoridades, sino prevenir abusos antes de que el asunto termine en una discusión, una retención sin explicación o, peor aún, una denuncia que nadie quiso escuchar a tiempo.

Porque al final, el ciudadano informado no es el enemigo del orden. El problema empieza cuando algunos confunden un retén con territorio sin Constitución, y creen que la autoridad se acredita con una orden seca, un arma visible y la vieja frase de “usted coopere”. 

No se trata de enseñar a la gente a “ponerse al brinco”; se trata de que nadie tenga que elegir entre obedecer a ciegas o arriesgarse a que una revisión sin reglas se convierta en abuso. La autoridad profesional no teme identificarse, explicar qué está haciendo y respetar límites. La que se ofende porque le preguntan quién es, probablemente ya respondió demasiado.

El humor social en redes sociales:

“Vinieron a tomarse la foto, se evaporaron las capuchas y las madrinas, y mañana vuelve el moche.”

1. El detector de teatro
No discute la Constitución. Detecta el set.
“Ta bueno su papel.” “Puro show.” “Solo fueron a la foto.” “Van como si estuvieran desfilando.”
Traducción: el folleto es vestuario. El retén es el escenario. El ciudadano es extra no pagado.

2. El contador de madrinas
La obsesión del hilo no es el CNPP. Es el clavero.
“¿Cuántos efectivos y cuántas madrinas?” “1 agente con 20 claveros.” “Desaparecieron los encapuchados.” “Nadie con tenis ni insignias.”
El chiste es cruel y preciso: cuando llega DH, el retén se disfraza de institución. Cuando se va, vuelve el extra sin gafete.

3. El economista del filtro
Cotiza el punto como si fuera caseta.
“Valiendo madre también van a pedir moche.” “Les tumbaron la cuota de 500 por unas horas.” “El comandante viendo cómo se le van los carros sin mochada.” “8 mil por camioneta.” “15 mil.” “Cuota de 1500 a los de decreto.”
Aquí el humor es de contabilidad negra: no hay derechos humanos, hay tarifa.

4. El tío de la frase hecha
No necesita argumento. Tiene eslogan.
“Es la misma gata pero revolcada.” “Andan en el mismo barco.” “Se juntó la crema y nata.” “Llegaron los papás de las ratas.” “Taparle el ojo al macho.”
Es folklore de retén. Cabe en un sticker.

5. El que sí tiene historia y ya no ríe igual
Estos no hacen chiste: hacen denuncia con fecha y kilómetro.
Celular a golpes para borrar el video. Cubanos en el camión a los que les vacían la cartera. Dos familias a las que les piden 8 mil “o más adelante se las quitan.” Fiscales vs militares: unos amables, otros rateros.

6. El abogado de comedor
Cita la Carta Magna entre “jajaja” y “pinches ratas.”
“Nadie debe ser molestado en su persona y bienes.” “Solo el que porta el arma es oficial.” “Que esté Derechos Humanos 24 horas.”
Tienen razón a medias y tono de grupo de Facebook a las 11 pm. Mezcla letanía constitucional con “pónganse a trabajar.”

7. El guía turístico del abuso
No debate Reynosa. Abre el mapa.
“Vayan a la Y griega.” “San Roberto, la 57.” “Matehuala.” “Sabinas–Laredo.” “Sinaloa y Sonora.” “Coahuila, el MP.”
El retén deja de ser noticia local. Se vuelve franquicia nacional.

8. El nihilista de carretera
El más honesto y el más inútil.
“Jaja que buen chiste.” “No me hagan reír.” “Veremos cuánto dura.” “Todos modos siguen robando.”
No cree en el folleto ni en la queja. Cree en el despoblado.

9. El que le habla directo a DH
“Educen primero a sus elementos.” “¿Y si me dan los chingadazos ustedes me salvan?” “De qué me sirve saber mis derechos en despoblado.”
Este es el golpe al comunicado: el folleto asume una autoridad que escucha. El feed asume una autoridad que te pide la clave del celular.

10. El morenista / priista de último minuto
Uno solo, pero no falta: “antes con el PRI reclamabas, ahora con Morena hay becas y no resolución.”
Cuando el hilo ya está caliente, alguien mete partido como quien echa chile a un café.

“Puro pan y circo… solo el pueblo puede proteger al pueblo.”
(Mario Flores / Joseluis Camacho, versión Obrador de retén)

Y la más precisa, sin poesía:

“Una cosa es posar para la foto y otra la realidad de cómo operan.”

Veredicto del feed, sin anestesia

Nadie está en contra de que te expliquen que puedes preguntar el motivo de la revisión.

Están en contra de que eso se venda como solución cuando el producto real del retén, según ellos, es la cuota, la madrina y el módulo que nunca se queda.

DH salió a educar al ciudadano.
El ciudadano, en los comentarios, intentó educar a DH:
no me des tríptico; quédate en el filtro, pide gafete, cuenta encapuchados y no te vayas a las dos horas.

Eso, en humor social mexicano, no es debate.
Es el público gritándole al actor que se le ve el chaleco debajo del personaje.

Con información: @REDES/

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