Isaac Rodríguez Ochoa no era Robin Hood: era, según la investigación federal, otro alcalde de Morena metido hasta el sombrero en la economía criminal que creció exponencial y paralelamente a como crecía el partido del pueblo.
Rodríguez Ochoa, alcalde morenista de Esperanza, Puebla, quiso posar como benefactor de comunidades pobres: repartía leche, despensas y asistencia social. El problema es que, de acuerdo con la carpeta de investigación de la Fiscalía General de la República, no estaba redistribuyendo riqueza: presuntamente estaba repartiendo botín.
No era Robin Hood. Era otro político con sombrero, sí, pero con el sombrero puesto para hacer caravana con el crimen.
Agentes encubiertos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana reunieron elementos que, según las indagatorias, vinculan al edil con una banda dedicada al asalto en carreteras, relacionada además con la desaparición de transportistas. La mercancía que aparecía en sus jornadas de “apoyo social” no habría salido de una política pública ni de una compra institucional transparente, sino de robos atribuidos a un grupo criminal y que seguramente facturaba al ayuntamiento.
La investigación documentó encuentros de Rodríguez Ochoa con integrantes de la familia Zúñiga, a quienes se señala por asaltos contra transportistas y civiles en la autopista Puebla-Orizaba. También registró publicaciones en las que el alcalde aparece entregando cajas de leche Tamariz en San José Cuyachapa, El Acocote y La Esperanza: propaganda con foto, sonrisa y, presuntamente, mercancía con historial delictivo.
Un testigo identificado como Sixto Sánchez declaró ante autoridades federales que el edil recibía productos robados de Genaro Zúñiga Alvarado para repartirlos entre habitantes del municipio. Es decir: el alcalde no habría combatido el despojo; habría convertido el saqueo en programa de asistencia y la evidencia en contenido para redes.
La SSPC incluso planteó pedir a Tamariz información sobre posibles contratos o ventas al Ayuntamiento de Esperanza. La pregunta es elemental y devastadora: ¿la leche la compró el municipio o la consiguió la delincuencia?
Porque una cosa es gobernar con sombrero y otra muy distinta usar el sombrero para tapar la procedencia del botín.
Con información: ELNORTE/

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