El PIB creció 1.4% entre abril y junio. Traducido: el país produjo, vendió y prestó más servicios que en los tres meses previos. Es una buena señal porque veníamos de una caída de 0.3% al inicio del año. Pero no significa que de pronto haya chamba bien pagada, aumentos salariales ni que el súper esté regalando la despensa.
En castellano llano: la economía se movió un poco más, pero la vida cotidiana no necesariamente se abarató; de hecho, varios servicios siguen cobrándote como si la recuperación fuera exclusiva de ellos.
Es decir: México salió del bache, sí, pero todavía no está corriendo un maratón; apenas dejó de avanzar con una llanta ponchada.
El truco del “crecimos”
Ese 1.4% se apoyó en agricultura, industria, comercio y servicios, aunque no todos avanzaron igual. La manufactura, por ejemplo, cayó 0.4% anual y lleva cinco trimestres a la baja; también el hospedaje y los restaurantes retrocedieron 2.6% trimestral.
Entonces el comunicado oficial puede decir “mejor crecimiento desde 2022”, pero en la banqueta la pregunta es otra: ¿a quién le llegó ese crecimiento? Porque si no se traduce en empleo, sueldo y consumo, el número luce muy bonito en una presentación de PowerPoint y muy discreto en la cartera.
Y mientras tanto, la inflación
La inflación anual subió de 3.14% a 3.26% en la primera mitad de agosto. Sigue dentro del rango objetivo de Banxico, pero volvió a acelerarse por segunda quincena consecutiva.
Lo más incómodo es que el golpe viene de los servicios: aumentaron 4.34% anual. O sea, quizá el jitomate o el gas LP den una tregua, pero el taxi, la renta, los cortes de cabello, las colegiaturas, las reparaciones y buena parte de los gastos que no puedes patear para después siguen encareciéndose.
Y el huevo —ese termómetro nacional de la angustia doméstica— subió 7.92% en apenas una quincena; la cebolla, 19.03%.
Dicho de otra manera:
La economía creció 1.4%. Felicidades: el país ya no está tan mal como hace tres meses.
Lástima que el huevo no leyó el comunicado, la cebolla decidió cotizarse como artículo de lujo y los servicios siguen cobrando con la confianza de quien sabe que no puedes vivir sin ellos.
En resumen: hay crecimiento en el Excel, pero en la banqueta la recuperación todavía se siente como esa promesa de “ya casi”: ya casi mejora el empleo, ya casi alcanza el salario y ya casi deja de doler pagar lo básico.
La lectura de fondo: la macro mejora, pero la micro —la del recibo, el mandado y el trayecto diario— todavía pide comprobantes.
Con información; ELECONOMISTA/

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