La crítica más sólida no necesita inventar: basta contrastar el discurso del secretario de Seguridad del gobierno morenista de Américo Villarreal, el general del Ejército Carlos Arturo Pancardo Escudero, con los datos oficiales.
Reynosa no requiere mesas de construcción de la paz (…cual ?) o mas conferencias para anunciar patrullajes; requiere una estrategia que deje de medir su éxito en uniformes desplegados y comience a demostrar resultados verificables.
Según el INEGI, la ciudad se encamina a que 90% de sus habitantes se sienta inseguro, mientras el Cártel del Golfo los ha convertido, en los hechos, en cajeros automáticos de la extorsión.


El general que confunde presencia con control
Todos somos ignorantes,aunque no todos ignoramos lo mismo ynadie lo sabe todo. Pero hay ignorancias particularmente costosas, como la de un jefe policial que parece creer que anunciar entre 100 y 110 elementos para Reynosa equivale a resolver Reynosa.
Carlos Arturo Pancardo Escudero, secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas, informó que en el municipio con “más eventos de seguridad” operan alrededor de 100 a 110 integrantes del Ejército, Guardia Nacional, Guardia Estatal y Fiscalía. Lo dijo como quien presume haber descubierto el extintor mientras el edificio sigue en llamas.
Pongamos la cifra donde debe estar: frente a la población. Reynosa ronda el millón de habitantes. Aun tomando el extremo alto del anuncio —110 elementos—, el despliegue equivale a apenas 0.11 agentes por cada mil habitantes, o cerca de un elemento por cada 9 mil personas. Y eso suponiendo, generosamente, que los 110 están disponibles al mismo tiempo, que no rotan turnos, que no cubren labores administrativas, que no atienden otros municipios y que la coordinación anunciada no se queda en la fotografía oficial.
Para entender el tamaño del despropósito: el Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal 2026, con datos al cierre de 2025, ubica a Tamaulipas en una tasa de 1.1 policías estatales por cada mil habitantes. Es decir, incluso el promedio estatal es modesto para una entidad con la complejidad criminal de Tamaulipas; el operativo de Reynosa, presentado como refuerzo especial, ni siquiera se acerca a esa proporción cuando se traduce al tamaño real de la ciudad.
No es una crítica a los agentes enviados. Ellos no diseñaron el operativo ni escogieron la cifra. Es una crítica a quienes, desde el escritorio, pretenden vender una respuesta de tres dígitos para una ciudad de siete dígitos.

El propio Pancardo admite el problema al afirmar que Reynosa concentra la mayor cantidad de eventos de seguridad y no se equivoca,es la líder en levantones del estado subcampeon nacional de las desapariciones que AVAnza al campeonato.
Pero, en lugar de explicar cuántos delitos se redujeron, cuántas víctimas fueron atendidas, o cuál es la cobertura efectiva por sector y turno, ofrece “recorridos programados”, cámaras y una cifra redonda de personal. Es la burocracia del patrullaje: mover unidades para demostrar movimiento, aunque la ciudadanía siga inmóvil por miedo.
Y el miedo no es una metáfora editorial. En junio de 2026, 86.6% de la población adulta de Reynosa dijo sentirse insegura en su ciudad, según los datos de la ENSU difundidos con base en INEGI. La cifra venía de 86.1% en la medición previa: no baja, se estanca en niveles de alarma y se asoma al 90%. Mientras la autoridad presume despliegues, casi nueve de cada diez habitantes reportan vivir bajo una percepción de inseguridad.
La defensa fácil será decir que la percepción no siempre refleja la incidencia delictiva. Es cierto: percepción e incidencia no son exactamente lo mismo. Pero cuando la percepción alcanza 86.6%, supera ampliamente el promedio nacional de 59.8% y además crece, ya no es un dato que pueda despacharse con tecnicismos. Es un veredicto social sobre la incapacidad de la autoridad para ofrecer algo elemental: tranquilidad.
El Censo de Seguridad Publica Estatal (CNSPE 2026) del INEGI añade otra pieza incómoda. Tamaulipas registró 705 quejas o denuncias ciudadanas contra personal de seguridad pública estatal en 2025, la segunda cifra más alta de abusos entre las instituciones estatales, tan sólo detrás del Estado de México.

Incluso superando el tercer lugar bajo el criminal gobierno de Francisco Javier García Cabeza de Vaca (2016-2022).
La combinación es devastadora: una corporación con recursos humanos limitados frente a su población y, al mismo tiempo, una de las mayores cargas de señalamientos ciudadanos del país.
No significa que cada queja sea una responsabilidad probada ni que cada agente esté implicado. Significa algo que un secretario de Seguridad debería tomar con extrema seriedad: hay una crisis de confianza que no se cura con boletines ni con la repetición ceremonial de que “se reforzará la vigilancia”. Las quejas deben investigarse, clasificarse, transparentarse y, cuando corresponda, sancionarse. Lo demás es administración de la apariencia.
Tamaulipas sí reportó que 90.1% de su personal obligado a controles de confianza tenía evaluaciones aprobatorias vigentes, y que 65.1% de sus corporaciones estatales contaba con Certificado Único Policial,pero estos controles suelen prostituirse. Pero ademas esos indicadores administrativos no pueden usarse como coartada si la población de Reynosa sigue diciendo, casi por unanimidad, que vive insegura. Una constancia no sustituye la prevención, una cámara no reemplaza la reacción y un recorrido programado no equivale a control territorial.
El fracaso, entonces, no consiste sólo en mandar pocos elementos. Consiste en presentar como solución lo que, por proporción y por resultados, apenas parece un gesto administrativo. Ciento diez efectivos para una ciudad cercana al millón de habitantes no son una estrategia integral: son una declaración de insuficiencia con chaleco táctico.
Pancardo Escudero no tendría que prometer que las cámaras que le tumba el Cartel del Golfo un dia si y otro también aumentarán de 4 mil 100 a casi 5 mil en Tamaulipas ni celebrar una supuesta mejora en los tiempos de respuesta. Tendría que explicar sin ayuda de la prensa solapadora y condescendiente ,por qué con cámaras, mesas, patrullajes, corporaciones coordinadas y anuncios de refuerzo, Reynosa continúa instalada en el club nacional del miedo.
Porque gobernar la seguridad no es contar patrullas. Es lograr que la gente deje de contar los riesgos antes de salir de casa.
Datos que sostienen el texto
| Indicador | Dato | Lectura editorial |
|---|---|---|
| Percepción de inseguridad en Reynosa, junio de 2026 | 86.6% | Casi 9 de cada 10 personas se sienten inseguras; el dato subió desde 86.1% en la medición previa. |
| Promedio nacional de percepción de inseguridad | 59.8% | Reynosa se ubica muy por encima del promedio nacional y cercano a Culiacan. |
| Operativo anunciado para Reynosa | 100 a 110 elementos | El secretario reconoce que el municipio concentra la mayor cantidad de eventos de seguridad. |
| Relación estimada del operativo | 0.11 por cada mil habitantes | Cálculo ilustrativo usando 110 elementos y una población cercana a un millón; equivale aproximadamente a 1 elemento por 9 mil habitantes. |
| Tasa estatal de policías en Tamaulipas | 1.1 por cada mil habitantes | Está ligeramente sobre la tasa nacional de 1.0, pero sigue siendo limitada para una entidad con alta presión de seguridad. |
| Quejas y denuncias contra personal estatal de Tamaulipas, 2025 | 705 | Segunda cifra estatal más alta reportada en el censo, detrás del Estado de México. |
| Personal estatal con evaluación de confianza aprobatoria vigente | 90.1% | Un indicador de control administrativo recurrentemente prostituido. |
| Corporaciones estatales con Certificado Único Policial | 65.1% | La certificación no sustituye resultados medibles en seguridad. |
Con información: Hoytamaulipas/

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