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martes, 15 de septiembre de 2026

EL “PELIGROSO” es el HOCICO: CABEZA de VACA REPITE en el WAR ROOM de MAGENTA la CANTALETA de MEDIAS VERDADES"…la evidencia lo incrimina, igual que a AMÉRICO.


Francisco Javier García Cabeza de Vaca llegó a El War Room de Código Magenta con una tesis simple —y convenientemente útil para sus aspiraciones de 2030—: no es un prófugo, sino un perseguido político; no está aislado, sino respaldado por información que, asegura, ya conocen las agencias de Estados Unidos; y no es un exgobernador bajo sospecha, sino uno de los pocos que se atrevió a decirle a López Obrador lo que nadie quería decirle de frente.

En entrevista con Rodrigo Carvajal, el panista que ha conseguido fama y fortuna apelando a la «simulación como su mejor arma retorica», confirmó su intención de buscar la candidatura presidencial opositora en 2030 y leyó la propuesta para restringir candidaturas de personas con doble nacionalidad como una “Ley Cabeza de Vaca”. Su argumento: el oficialismo no teme a la doble nacionalidad en abstracto; le incomoda, sostiene, que un eventual presidente mexicano tenga ciudadanía estadounidense y, por tanto, una relación más estrecha con Washington.

El alegato del politico perseguido,no perseguido politico

Cabeza de Vaca insiste en que la causa penal que enfrenta no está ligada a su gestión en Tamaulipas ni a vínculos criminales, sino a la venta de un departamento y un cajón de estacionamiento. Según su versión, Morena necesitaba colocarle la etiqueta de “delincuencia organizada” para convertir una disputa fiscal en una narrativa criminal de alto impacto.

El exgobernador presenta su caso como una operación política iniciada desde Palacio Nacional: desafuero, congelamiento de cuentas, señalamientos mediáticos y solicitud de extradición. En su lectura, el pecado original fue no alinearse con López Obrador, cuestionar la estrategia de “abrazos, no balazos” y encabezar, junto con otros mandatarios, la Alianza Federalista.

La defensa es conocida: si el aparato del Estado te persigue, entonces debes ser incómodo. El problema es que, en política mexicana, esa ecuación no siempre prueba inocencia; a veces sólo prueba que la guerra entre élites está en marcha.

El huachicol como arma política

El núcleo de su narrativa de medias verdades está en el huachicol fiscal. Cabeza de Vaca asegura que alertó a López Obrador desde 2019 sobre la introducción ilegal de combustibles, la evasión de impuestos y el fortalecimiento financiero de grupos criminales. Dice que el negocio comenzó con pipas, migró al ferrocarril y después escaló hacia buquetanques y puertos.

Su acusación de «descubridor pero encubridor» es de dimensiones mayores: una operación de ese tamaño —afirma— no podía depender de mandos medios ni de un par de marinos, sino de una red de complicidades que alcanzaría aduanas, Pemex, Hacienda, Marina, Energía, autoridades portuarias y, sobre todo, Palacio Nacional.

La tesis no es modesta: para Cabeza de Vaca, el huachicol fiscal no sería una trama de corrupción administrativa, sino el mecanismo financiero de una estructura político-criminal que habría servido para fondear campañas de Morena y engordar a los cárteles. Es decir: no habla de contrabando; habla de una caja chica electoral con olor a diésel.

Carmona, Delgado y la disputa por el relato

Sobre Sergio Carmona, el empresario asesinado en 2021 y convertido en símbolo de las presuntas redes de financiamiento ilegal, Cabeza de Vaca busca deslindarse. Reconoce que empresas vinculadas con Carmona recibieron contratos durante su gobierno, pero sostiene que fueron contrataciones previas a que el empresario incursionara en el negocio del combustible y que los contratos fueron rescindidos por incumplimientos.

También rechaza las declaraciones de Gloria Molina, exsecretaria de Salud de su administración, quien señaló vínculos contractuales entre empresas de Carmona y el gobierno estatal. El panista afirma que la exfuncionaria fue presionada por el actual gobierno de Tamaulipas para involucrarlo y responsabiliza públicamente al gobernador Américo Villarreal de cualquier daño que pudiera sufrir ella.

En paralelo, Cabeza de Vaca coloca a Mario Delgado y a Erasmo González en el centro de la operación política del huachicol fiscal. Asegura que las campañas internas y electorales de Morena habrían sido financiadas con recursos provenientes de esa red. Son acusaciones graves, formuladas desde una entrevista política y presentadas por el exgobernador como parte de información y denuncias que, dice, ya circulan ante autoridades estadounidenses. El texto de la entrevista recoge sus dichos, pero no aporta por sí mismo pruebas independientes que permitan verificarlos. 

El mensaje a Washington

La parte más delicada —y probablemente la más calculada— es su reivindicación de cercanía con agencias estadounidenses. Cabeza de Vaca no intenta negarla: la presume. Dice que, como político fronterizo, ha trabajado durante dos décadas con alcaldes, congresistas, autoridades y agencias de Estados Unidos, y que durante su gobierno coordinó acciones de seguridad con siete agencias norteamericanas.

Su mensaje es transparente: mientras el obradorismo habría desconfiado de la cooperación con Washington, él se presenta como un interlocutor confiable para Estados Unidos, particularmente en materia de seguridad, crimen organizado e inteligencia fronteriza. No es sólo una postura de política pública; es una credencial de supervivencia política.

Porque en esta entrevista Cabeza de Vaca no únicamente defiende su nombre. Se posiciona para el futuro: el opositor que supuestamente vio venir el huachicol fiscal, denunció la penetración criminal, enfrentó a López Obrador y conserva una puerta abierta hacia el norte.

La pregunta pendiente no es si su relato incomoda a Morena. La pregunta es si, más allá de la potencia retórica, sus acusaciones resistirán el peso de expedientes, tribunales y evidencia verificable.

Con información: CODIGO MAGENTA/

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