La confesión, traducida del haciendés al castellano llano, es ésta: el gobierno admite que México cerrará 2027 debiendo el equivalente a 55 de cada 100 pesos que produce en un año. No es que la nación vaya a desaparecer mañana ni que el SAT vaya a rematar el Ángel de la Independencia en Mercado Libre, pero sí que la tarjeta del país seguirá echando humo mientras el discurso oficial presume “responsabilidad”.
Y que Hacienda por fin dejó de jugar a las escondidas con la calculadora: para 2027, México cargará una deuda pública equivalente a 55% del PIB. O sea, por cada 100 pesos que genera toda la economía nacional —la señora que vende tamales, la fábrica, el Uber, la tienda, el exportador y hasta el contribuyente que paga impuestos con resignación cristiana—, el gobierno tendrá comprometidos 55 pesos con acreedores.
Es la versión macroeconómica de aquel vecino que jura que “ya se está apretando el cinturón”, mientras llega a la fiesta con una pantalla nueva, seis meses de pagos diferidos y la tarjeta bancaria pidiendo auxilio en morse.
La cifra corresponde al Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, el nombre técnico para decir: “todo lo que el gobierno debe, aunque lo disfracen en varios cajones contables”. Hacienda proyecta que pase de alrededor de 54% al cierre de 2026 a 55% en 2027; a junio, la deuda total ya rondaba 51% del PIB.
Qué significa de verdad
No significa que cada mexicano deba sacar mañana una alcancía para pagar “su parte” exacta de la deuda. Pero sí significa que el Estado tendrá menos margen para maniobrar cuando llegue otra bronca: una crisis económica, una caída petrolera, un desastre natural, una recesión estadounidense, un rescate financiero o cualquier ocurrencia presupuestal de las que suelen venir con conferencia mañanera.
En términos sencillos:
- El gobierno está acumulando una deuda que crece más rápido, o al menos sigue creciendo, respecto del tamaño de la economía.
- Cada peso destinado a pagar intereses es un peso que no se va a hospitales, escuelas, infraestructura, seguridad o mantenimiento; aunque, claro, también puede terminar en alguna obra inaugurada a medio terminar y con lonas triunfalistas.
- Una deuda mayor vuelve al país más vulnerable a tasas de interés altas, bajo crecimiento o pérdida de confianza de inversionistas.
- La promesa de “no endeudar al país” queda convertida en una frase decorativa, como el extinguidor de un restaurante: está ahí, pero nadie quiere preguntarse si sirve.
La trampa del porcentaje
El 55% del PIB no es automáticamente una sentencia de quiebra. Hay economías con deudas mucho más altas. La diferencia incómoda es para qué se pide prestado, cuánto cuesta financiarlo y si la economía crece lo suficiente para cargarlo.
Si una familia se endeuda para ampliar un negocio rentable, puede tener sentido. Si se endeuda para cubrir la despensa, pagar intereses viejos y sostener un ritmo de gasto que ya no alcanza, entonces no compró futuro: pateó el problema hasta que llegue la siguiente administración, o la siguiente crisis, con la factura bajo el tapete.
Y aquí está el detalle que Hacienda no puede maquillar con PowerPoint: incluso si prevé bajar el déficit —la diferencia anual entre lo que gasta y lo que ingresa—, el saldo total de la deuda seguiría subiendo. Es decir, prometen frenar un poco el acelerador, no bajarse del vehículo. El propio escenario oficial contempla que el déficit baje de 4.3% del PIB en 2025 a 3.5% en 2027, pero aun así la deuda seguiría escalando.
La confesión no es que México “tenga deuda”; todos los gobiernos serios usan deuda. La confesión vulgar es otra: que el gobierno sigue financiando parte de su presente con dinero del futuro y ahora admite, sin rubor, que la cuenta crecerá hasta representar más de la mitad de toda la economía nacional.
Dicho sin corbata ni lenguaje de oficina: el gobierno no está saneando las finanzas; está aprendiendo a decir “controlado” mientras la deuda sube otro piso. Y como siempre, la boda es hoy, los aplausos son hoy, el discurso es hoy… pero la cuenta se la dejan a los que todavía no llegan al salón.
Con información: PROCESO/

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