Morena perfeccionó el arte de la simulación electoral: no presenta candidatos, dice; presenta “defensores”. No hace campaña, jura; sólo organiza giras, asambleas, promoción de imagen y posicionamiento de nombres meses antes de que la ley permita siquiera hablar de precampañas. El disfraz es tan transparente que sólo falta que le peguen una etiqueta: “fraude legalmente decorado”.
Morena volvió a demostrar que, cuando la ley le estorba, no la respeta: la rebautiza.
Ahora no tiene candidatos adelantados —según su conveniente versión—, sino “Coordinadores de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. Una denominación kilométrica para esconder una realidad bastante simple: son aspirantes a gubernaturas en campaña antes de tiempo, promoviendo su nombre, recorriendo estados, reuniéndose con estructuras y ocupando espacio mediático mientras el calendario electoral todavía no les abre la puerta.
La maniobra no es nueva. Morena ya convirtió la simulación en método: cambia el nombre de la candidatura, le pone uniforme de “defensor”, le quita la palabra “voto” al discurso y pretende que todos finjamos no ver lo obvio. Pero un candidato que no pide formalmente el voto, aunque todos los días se promocione para conseguirlo, sigue siendo un candidato; sólo que con maquillaje jurídico y permiso tácito de la autoridad.
El problema no es únicamente el cinismo del partido oficialista. Es también la tolerancia de un INE y un Tribunal Electoral que parecen haber aceptado que la ley se cumple sólo cuando conviene al poder. Porque si las precampañas comienzan hasta enero de 2027, pero Morena ya tiene perfiles recorriendo entidades, construyendo presencia pública y movilizando estructuras, entonces la cancha ya fue inclinada antes del silbatazo inicial.
Luis Carlos Ugalde lo resumió sin rodeos: hay aspirantes de Morena haciendo campaña, aunque eviten el llamado explícito al voto. Y la trampa tiene una ventaja adicional: mientras se presentan como “defensores” y no como candidatos, el dinero que mueve su promoción queda fuera de una fiscalización clara. Es decir, no sólo se adelantan: también juegan con una contabilidad política en penumbra.
Que PAN y PRI hayan decidido copiar la fórmula no absuelve a Morena; confirma el daño. El partido guinda inventó la puerta trasera y el resto de la partidocracia, encantado, comenzó a cruzarla. La ilegalidad ya no se combate: se normaliza, se adorna con consignas y se vende como “vida interna” de los partidos.
No son defensores de la transformación. Son candidatos anticipados disfrazados de activistas partidistas, beneficiarios de una simulación que erosiona la equidad electoral y convierte la ley en simple utilería. Morena no está defendiendo la democracia: está defendiendo su derecho a hacer trampa antes que los demás.
Con información: ELUNIVERSAL/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: