El periodista Raymundo Rivapalacio,cita en EL FINANCIERO,una realidad lastimosa en un texto que pinta a Claudia Sheinbaum como una presidenta acorralada por factores externos —la FIFA y varios gobiernos extranjeros— que la obligan a tomarse en serio la violencia sólo cuando amenaza algo tan simbólico y mediático como la Copa del Mundo.
La muerte de El Mencho desató un infierno nacional que el gobierno intentó minimizar, pero cuya percepción global se volvió incontrolable gracias a las imágenes de bloqueos y autos ardiendo en noticieros internacionales.
La “línea de mando” que Riva Palacio describe es un gabinete titubeante que quedó rebasado con Omar García Harfuch al rescate como coordinador de la estrategia de seguridad nacional, desplazando a una Gabriela Cuevas que apenas representaba al gobierno federal en mesas sensibles de seguridad.
En su narración, Sheinbaum actúa más como bombera de imagen que como jefa de Estado: no cancela el concierto de Shakira en el Zócalo, no por valentía cultural sino porque necesitaba una postal que gritara “todo está bajo control”. Luego se muestra en Guadalajara —el epicentro del miedo internacional— para vender tranquilidad mientras la FIFA manda inspectores de seguridad al país, algo que ni a EE.UU. ni a Canadá les exigió.
La moraleja, destilada con ironía:
México no teme perder vidas, teme perder el Mundial. La percepción pesa más que la realidad, y el Estado reacciona no ante los disparos, sino ante los reflectores.
Como lo dice Raymundo en EL FINANCIERO:
«Las presiones externas sobre la presidenta Claudia Sheinbaum, por la violencia y la inseguridad detonada masivamente por la reacción del Cártel Jalisco Nueva Generación por la muerte de su líder, Nemesio Oseguera, la han llevado a tomar acciones extraordinarias, incluso de alto riesgo, ante una situación extraordinaria: evitar que México pierda la sede mundialista porque gobiernos y equipos no quieran jugar en este país por problemas de violencia e inseguridad. Las fallas de comunicación el 22 de febrero le hicieron mucho daño al país.
Si fue real lo que sucedió, exageraciones o incluso mentiras diseminadas en las redes sociales, la percepción quedó enmarcada por algo creíble para las audiencias globales: las imágenes de bloqueos y vehículos incendiados en los noticieros de televisión del mundo. El gobierno mexicano no calculó el alcance que tendría en la organización de la Copa del Mundo de Futbol, y no estuvo entre sus prioridades de política hasta finales de la semana pasada, cuando Sheinbaum dejó claro en las reuniones en Palacio Nacional que no se podía poner en riesgo la viabilidad de ninguna de las tres sedes –Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey–, y que, a menos de 100 días de iniciar, México se llevara una sorpresa.
Las reacciones de algunos gobiernos y federaciones de futbol ante los eventos violentos del 22 de febrero le abrieron los ojos a Sheinbaum sobre cómo estaban viendo a México en el mundo. Sudáfrica, que jugará el partido inaugural con México en el Estadio Banorte, pidió medidas de seguridad adicionales a las ya establecidas. Bolivia, que jugará el repechaje en Monterrey a fines de mes, hizo lo mismo. La Federación Portuguesa de Futbol dejó en el aire la reinauguración del estadio ante México el 28 de este mes, sujeto al monitoreo sobre la seguridad en el país.
Con la cercanía de ese partido y el repechaje en Guadalajara programados para finales de marzo, Sheinbaum se metió al tema del Mundial e hizo ajustes en la coordinación de las tareas, donde la participación federal en las reuniones de seguimiento se había mantenido en un bajo nivel, pues aunque el enlace federal era la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, la única persona que representaba al gobierno en las mesas fiscal, de seguridad y de turismo-cultura era Gabriela Cuevas. Desde finales de la semana pasada, responsabilizó al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, de la coordinación de toda la estrategia de seguridad.
Esa fue la primera acción que cambió el rumbo, como respuesta inmediata para neutralizar la impresión por la reacción del CJNG tras la muerte de Oseguera. La segunda fue no cancelar el concierto de Shakira el domingo pasado en el Zócalo, un evento masivo que, por sus mismas características, representaba un riesgo mayor. No hay información sobre cómo fue el operativo de seguridad, pero, sobre la base de estrategias anteriores, deben haber inundado de militares y policías vestidos de civil la plancha del Zócalo para tener una vigilancia cerrada sobre los asistentes. La tercera se concretará hoy, con la conferencia mañanera programada desde Guadalajara.
La presidenta tiene que cambiar las percepciones con hechos porque las palabras valen poco ante las imágenes. En la misma línea, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, tuvo una reunión de trabajo este miércoles en Tapalpa, el municipio donde se realizó la operación contra Oseguera hace dos domingos, que no es un mensaje menor, porque de las tres sedes mexicanas, Guadalajara es la que está en mayor riesgo como sede y pudiera ser fácilmente cancelada si un nuevo incidente de alto impacto ocurre en el estado. En la banca de reserva, sugirió una fuente estadounidense, Houston está listo para tomar lo que le cancelen a Guadalajara.
Con su nueva asignación informal, García Harfuch encabezó al grupo de altos funcionarios que el miércoles se reunieron con una comisión especial de la FIFA para analizar la seguridad y la movilidad, que es un tema de infraestructura no vinculado a la violencia que también es motivo de preocupación. La FIFA no ha enviado comisiones similares a Estados Unidos o Canadá, que también son sedes mundialistas.
Las alertas sobre México estaban prendidas desde finales de noviembre pasado, cuando dos agentes de inteligencia de la Secretaría de Seguridad que estaban investigando los vínculos de funcionarios del gobierno de Jalisco con el CJNG fueron secuestrados en Zapopan. Las agencias de inteligencia estadounidenses registraron el hecho y le dieron seguimiento, por lo que obtuvieron información de que ese grupo criminal estaba planeando acciones de sabotaje durante el Mundial.
La violencia desatada en 20 estados, a los minutos de conocerse la muerte de Oseguera, hizo que la incertidumbre y los temores se tradujeran en mayores presiones al gobierno de México. La FIFA pidió a su oficina mexicana el mismo día de la operación contra El Mencho un informe interno sobre los hechos en todo el país, pero en particular Guadalajara, reportó ESPN. Altos directivos de la FIFA buscaron también información directa para entender lo que estaba sucediendo.
Nada similar ha hecho la FIFA con Estados Unidos y Canadá, porque, si bien los tres países han estado planeando estrategias conjuntas que incluyen intercambio de inteligencia para impedir un ataque terrorista –electrónico, con drones artillados, de propaganda o cibernéticos– y un reforzamiento en la vigilancia sobre quiénes ingresan del extranjero, en esas naciones no existen grupos criminales que tengan control territorial, como sucede en al menos 30% del suelo mexicano –en donde se incluye Jalisco–, ni cárteles de las drogas que desafíen cotidianamente al Estado mexicano.
La confianza y certidumbre que existe sobre Estados Unidos y Canadá no las tiene México, en donde su ecosistema de violencia potencia todo. Desde que el sorteo de grupos celebrado en diciembre colocó a Irak en Monterrey, el gobierno estadounidense le pidió al mexicano reforzar la seguridad en torno al equipo. La guerra en Irán agregó más retos. Aunque Irán no jugará en México –tiene programados sus encuentros en Los Ángeles y Seattle–, el conflicto en el Medio Oriente llevó a Washington a solicitar a México una vigilancia especial sobre personas o grupos de interés, ante la eventualidad de sabotajes en Estados Unidos.
Hay poca información sobre lo que se habló en la reunión del miércoles con la FIFA, pero lo que hayan revisado y acordado no esperará hasta que arranque el mundial. Debió haber comenzado antier.
Con informacion :ELFINANCIERO/





