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viernes, 9 de octubre de 2026

EL «MENCHO de MACUSPANA: el FALSO MESÍAS ESCRIBIÓ su EVANGELIO para DARSE ABSOLUCIÓN: PRESUMIÓ MILAGROS y OCULTÓ PECADOS»… no necesita una autobiografía, sino una auditoría.


El hombre que convirtió «no mentir, no robar y no traicionar» en catecismo político terminó escribiendo su propia estampita. Según la columna de Proceso, Andrés Manuel López Obrador enumera en Pueblo 150 logros de su gobierno y bautiza el capítulo final como «Los otros datos». La coartada de las mañaneras, ahora con portada y sello editorial: cuando la realidad incomoda, se publica una versión donde el protagonista siempre sale con aureola. 

La trampa no consiste en que todo sea falso. Proceso reconoce avances: la pobreza pasó de 41.9% a 29.6%, 13.4 millones de personas salieron de ella y el salario mínimo aumentó 110% en términos reales. Precisamente por eso resulta tan revelador el empeño en borrar lo demás. Había resultados para defender sin necesidad de convertir el balance sexenal en una ceremonia de autocanonización. 

Pero el falso mesías no quiere balance: quiere absolución.

El saqueo que no cabe en la estampita

Según el artículo, López Obrador sostiene que el único robo al erario durante su gobierno fue el de Liconsa y Diconsa, por 2,019 millones de pesos. El único. Qué conveniente: un sexenio entero reducido a una excepción, mientras la columna contrapone esa afirmación con la red de contrabando de combustible en aduanas marítimas y estimaciones de daño por huachicol fiscal de entre 240 mil y 600 mil millones de pesos, aunque otras cifras son mayores.

Las estimaciones citadas por Proceso, no son un quebranto definitivo establecido por sentencia; aun con esa salvedad, exhiben lo endeble de presumir que sólo hubo un saqueo. 

El libro sí presume haber reducido el robo de combustible de los ductos. Del otro negocio —el que pasaba por documentos, importaciones y aduanas bajo control naval—, la columna señala que no aparece una sola línea en el inventario. Una limpieza narrativa impecable: lo que no entra en la lista tampoco ensucia al santo. 

Espionaje: el milagro de negar lo documentado

Otra de las afirmaciones que Proceso atribuye al libro es que se eliminó el espionaje a opositores. La publicación la confronta con un informe del Human Rights Center de la Universidad de California en Berkeley sobre el uso militar de Pegasus y otras herramientas de vigilancia contra periodistas y defensores de derechos humanos, sin autorización judicial. También recuerda las investigaciones de Ejército Espía, cuyos blancos incluyeron a abogados del Centro Prodh y a Alejandro Encinas, entonces subsecretario de Derechos Humanos. 

Hasta el funcionario encargado de defender derechos terminó entre los vigilados. Pero en el evangelio presidencial el espionaje desapareció. No necesariamente de los teléfonos: del relato.

Los muertos no desaparecen porque el autor cambie de párrafo

La columna recoge otra frase del libro: «no se permitió el asesinato de ningún comunicador». La confronta con registros que, según sus distintas metodologías, contabilizan 78 comunicadores asesinados en el informe de Berkeley y entre 46 y 47 periodistas en los recuentos de Artículo 19. Las categorías y las cifras no son intercambiables; ninguna, sin embargo, permite vender una realidad libre de asesinatos de periodistas. 

Decir que «no se permitió» tampoco equivale a demostrar que se previno, se investigó o se castigó. Es una frase diseñada para conservar la pureza del gobernante mientras la violencia queda fuera del encuadre.

En seguridad, Proceso contrasta las reducciones que presume el libro con un acumulado de 202,336 asesinatos durante el sexenio, cifra que atribuye al INEGI. Añade 53,566 víctimas de desaparición entre diciembre de 2018 y octubre de 2024, un periodo que rebasa el cierre de la administración. 

Según la columna, los desaparecidos ,un rubro donde Tamaulipas con Americo Villarreal es campeón indiscutible, no figuran en ninguno de los 150 puntos. 

El truco es mirar únicamente la bajada de la curva y pedirle al país que no mire el cementerio. Y a quienes siguen buscando a sus familiares, ni siquiera concederles un lugar en el índice.

Salud: la promesa gratis, la factura para el paciente

En materia de salud, el libro presume infraestructura, contrataciones y atención gratuita. Proceso contrapone ese catálogo con un indicador que atribuye al INEGI: la población sin acceso a servicios de salud pasó de 20.1 millones de personas en 2018 a 44.5 millones en 2024. Más del doble. Conviene llamar al indicador por su nombre: no significa que todas esas personas jamás recibieran atención, pero sí contradice la postal de cobertura garantizada para todos. 

El discurso ofrecía universalidad; el balance citado muestra una carencia mucho mayor. Las promesas tuvieron micrófono. Los pacientes tuvieron que enfrentar un sistema de salud muy lejos de Dinamarca.

Una autobiografía no es una auditoría

La columna señala que el propio López Obrador explica su selección: pone las cosas buenas y deja las malas a sus críticos. Ahí está la confesión editorial. No presenta un balance completo; organiza un homenaje donde el homenajeado escribe el discurso, escoge los aplausos y deja las preguntas incómodas afuera. 

Nadie necesita negar los avances sociales para cuestionar ese procedimiento. Al contrario: reconocerlos permite señalar con mayor precisión las omisiones, las contradicciones y las afirmaciones que Proceso confronta con registros e investigaciones.

El hombre que pidió ser medido con la vara de «no mentir» no puede exigir después que lo evalúen únicamente con los capítulos que le favorecen. La historia no es una mañanera encuadernada, y una portada no convierte la propaganda en rendición de cuentas.

Con información: PROCESO/

«19 DÍAS SIN TINTA»: EL UNIVERSAL RECUERDA cuando el PERIÓDICO dejó de PUBLICARSE por ÓRDENES de las BOTAS MILITARES»… y su fundador fue detenido.

Hay huecos en una hemeroteca que cuentan más que una portada. En la de EL UNIVERSAL quedó uno por órdenes militares: en 1917, el diario publicó “La prerrogativa de la brutalidad”, un texto que cuestionaba los abusos y excesos de integrantes del Ejército. El general Benjamín Hill respondió ordenando el cierre del periódico. También fue detenido su fundador, Félix Fulgencio Palavicini. La denuncia estaba impresa; la respuesta llegó con uniforme. 

La lógica autoritaria tenía poco misterio: si la prensa señala la brutalidad, se castiga a la prensa. No fuera a confundirse la ciudadanía y creer que portar galones obliga a rendir cuentas. En aquel México marcado por las consecuencias de la Revolución, los militares habían acumulado presencia y poder; el periódico se atrevió a cuestionar los abusos atribuidos a sus integrantes y terminó con las labores suspendidas desde el 29 de marzo. 

Pero denunciar no era un delito por mucho que incomodara al cuartel. La defensa jurídica sostuvo que el diario cumplía una labor de denuncia frente a los abusos militares, y un juez reconoció ese carácter de las publicaciones. EL UNIVERSAL volvió a circular el 18 de abril de 1917, aunque el proceso legal continuó durante varios meses. La orden militar había conseguido interrumpir la publicación, no ponerle punto final. 

Recordado durante una edición especial de Con los de Casa, con motivo de los 110 años del periódico, el episodio merece algo más que nostalgia institucional. Ese vacío documental recuerda una forma muy concreta de censura: el poder armado quiso resolver una crítica cerrando el medio que la publicó. La bota sobre la tinta; el arresto como argumento; la clausura como derecho de réplica.

Con información: ELUNIVERSAL/

“NI TELEPATÍA, NI ANTIPATÍA: CONVOCATORIA de MORENA para COORDINACIONES MUNICIPALES REPARTE DESPEDIDAS con CRITERIO SELECTIVO”… unos compiten sin silla y otros, sentados.


El presidente del Consejo Estatal de Morena en Tamaulipas, quien ha manifestado su interés en participar en el proceso político de 2027 por Ciudad Victoria, puede solicitar su registro como aspirante a una Coordinación Municipal sin que ese documento lo obligue expresamente a dejar su cargo partidista. 

La convocatoria del Comité Ejecutivo Nacional, aprobada el 6 de octubre, sí pone candados a quienes ocupan determinadas responsabilidades dentro del partido, pero no incluye expresamente a los presidentes de los consejos estatales entre quienes deben separarse. 

Esa omisión no es una absolución celestial ni garantiza una candidatura: significa que esa obligación no está escrita para su cargo aunque pueda discutirse la selectividad de las reglas.

Y es que todo indica que en Morena, la renuncia no se exige por telepatía ni por antipatía. Si la convocatoria no obliga al presidente del Consejo Estatal a dejar ese cargo para registrarse, no corresponde inventarle una prohibición porque su aspiración incomode. 

El encabezado de «Hoytamaulipas»: «Morena le despeja el camino a Rómulo Pérez» trae cargada la insinuación antes de presentar la prueba. Sugiere una maniobra particular para favorecerlo, cuando lo documentado en la propia nota es una regla general que no incluye expresamente su cargo.

Que SI dice la convocatoria:

El documento confirma lo central del planteamiento: no exige expresamente que el presidente del Consejo Estatal renuncie por ocupar ese cargo. Pero añade un matiz que conviene incorporar: sí impone imparcialidad a «toda persona con un cargo de dirigencia nacional o estatal». La crítica más sólida no es inventarle una prohibición a Rómulo, sino señalar la discrecionalidad del procedimiento, sus diferencias de trato y la cláusula que castiga las acusaciones públicas contra el partido. 

Lo importante: qué establece realmente

1. No aparece una obligación expresa de renunciar al Consejo Estatal

La Base Tercera, numeral 4, página 9, enumera los cargos partidistas incompatibles con la participación: Comité Ejecutivo Nacional, comités ejecutivos estatales, determinadas comisiones, Instituto Nacional de Formación Política, Consejo Consultivo y estructura territorial y ejecutiva de la Secretaría de Organización. No incluye expresamente a los presidentes de los consejos estatales. Además, al Consejo Consultivo le exige solicitar licencia, no renunciar. 

La formulación defendible es:

La convocatoria no exige expresamente que Rómulo Pérez renuncie por presidir el Consejo Estatal. Eso no acredita que cumpla todos los demás requisitos ni garantiza que su registro sea aprobado.

No hay fundamento en este documento para convertir esa ausencia en prueba de una excepción personal diseñada para él. Tampoco para afirmar que su permanencia en el Consejo lo deja libre de cualquier otra obligación. 

2. Permanecer en el cargo no significa poder utilizarlo para favorecer una aspiración

La Base Octava, páginas 19 y 20, exige estricta imparcialidad a varias autoridades y representantes, incluida «toda persona con un cargo de dirigencia nacional o estatal de MORENA». Les prohíbe apoyar o perjudicar participantes, expresar preferencias y pactar con facciones afines. 

Aquí hay una tensión que merece explicación: el documento no exige expresamente la separación del presidente del Consejo Estatal, pero contiene una obligación amplia de neutralidad para dirigentes estatales. No aclara cómo debe aplicarse cuando una persona conserva una responsabilidad de dirigencia y, al mismo tiempo, participa como aspirante. Esa es una pregunta concreta para Morena y no una incompatibilidad que debamos dar por resuelta. 

3. El registro es para una coordinación, no para una candidatura municipal

La Base Primera define funciones de organización territorial, integración de comités y cumplimiento de las estrategias partidistas. El documento no otorga una candidatura a la presidencia municipal ni establece que obtener la coordinación garantice esa candidatura. 

También precisa que entregar documentos, cumplir requisitos o recibir el acuse no garantiza la aprobación del registro. La Comisión Nacional de Elecciones conserva la valoración de los perfiles.

4. Hay plazos concretos que conviene no alterar

  • Solicitudes de registro: del 8 al 18 de octubre de 2026.
  • Horario establecido en este PDF: de 09:00 a 18:00 horas.
  • Publicación de los registros aprobados: a más tardar el 31 de diciembre de 2026. 

Lo cuestionable:

1. Separación del cargo para unos; permanencia para otros

La Base Tercera exige renuncia o solicitud de licencia a servidores públicos de las administraciones federal, estatal y municipal. Inmediatamente después exceptúa a titulares de presidencias municipales, sindicaturas y regidurías, así como a diputados federales y locales: pueden participar sin separarse. 

El cuestionamiento es directo: ¿por qué un funcionario administrativo debe apartarse y un alcalde o diputado puede conservar el cargo ? La convocatoria establece esa diferencia, pero no desarrolla una justificación específica de ese trato en la disposición. Permanecer no autoriza a usar recursos públicos —la Base Octava lo prohíbe—, aunque sí deja pendiente explicar cómo se controlarán las ventajas de exposición y posición institucional. 

La convocatoria reparte las despedidas con criterio selectivo; a unos les pide dejar la silla y a otros les permite competir sentados en ella.

2. La encuesta es una posibilidad, no una obligación universal

Las bases Sexta y Décima utilizan expresiones como «podrá apoyarse» y «podrá determinar» al referirse a encuestas y estudios de opinión. Incluso si hay más de un perfil idóneo, el documento no convierte automáticamente la encuesta en obligatoria. La Comisión puede valorar trayectorias, acuerdos y necesidades de organización y estrategia territorial. 

Por eso sería incorrecto anunciar que todas las coordinaciones se resolverán mediante encuesta o que ganará necesariamente quien obtenga más respaldo en ella.

En tono irreverente: al pueblo se le puede consultar; a la Comisión se le reserva decidir cuándo hace falta preguntarle.

3. Se pueden incorporar perfiles «en todo momento»

La Base Sexta autoriza a la Comisión Nacional de Elecciones a determinar «en todo momento» la inclusión de perfiles, conforme al Estatuto y a los criterios y lineamientos mencionados. 

Esto abre una pregunta de equidad: ¿cómo se protegerá a quienes cumplieron el plazo inicial si después se incorporan otros perfiles? La cláusula no prueba un dedazo, pero sí permite suponerlo y exigir publicidad sobre quién entra, cuándo y bajo qué fundamento.

4. La cláusula contra las acusaciones públicas es especialmente delicada

La Base Octava, página 20, establece:

«Queda estrictamente prohibido que quienes son aspirantes realicen acusaciones públicas y/o en medios de comunicación contra el partido, sus órganos de dirección u otros aspirantes o protagonistas». 

La disposición prevé la cancelación del registro y dar vista a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia. Aunque después permite presentar pruebas de prácticas indebidas ante esa comisión, la prohibición de acusaciones públicas no distingue expresamente entre imputaciones falsas y denuncias documentadas. 

Ese es el problema: el documento no solo exige respeto; también puede desalentar que un aspirante haga públicos hechos que considere irregulares.

En tono irreverente: para denunciar anomalías hay ventanilla interna; para contarlas afuera, la convocatoria tiene preparada la tijera del registro.

5. La transparencia prometida tiene límites

La Base Décima señala que la metodología y los resultados de las encuestas se comunicarán a quienes tengan registro aprobado. La Base Décima Segunda dispone que únicamente se publicarán los registros aprobados, aunque cada participante puede solicitar información sobre la determinación relativa a su propio registro. 

No establece una obligación general de publicar todos los perfiles descartados, sus evaluaciones comparadas o los resultados de las encuestas para consulta pública. Eso no significa que prohíba hacerlo; significa que esta convocatoria no lo garantiza.

6. La paridad está prevista; falta precisar públicamente cómo se harán los ajustes

La Base Décima Primera permite ajustes para garantizar la paridad cuando el número de hombres ponga en riesgo el equilibrio. Señala que se considerarán encuestas, estudios de opinión o la valoración integral de perfiles, pero no detalla en esta convocatoria una fórmula municipal de aplicación ni un orden de ajustes. 

La crítica rigurosa no consiste en atacar la paridad, sino en exigir criterios suficientemente claros para que su aplicación pueda revisarse y no dependa de explicaciones posteriores.

El documento mas que traje a la medida para Rómulo, demuestra un procedimiento con excepciones expresas, amplias facultades de decisión y límites a la denuncia pública.

Con información : CDN-MORENA/

«DIAGNÓSTICO DEMOLEDOR»: SUPERVISIÓN PENITENCIARIA de 2025 REPRUEBA las CÁRCELES de AMÉRICO en TAMAULIPAS»… las mismas que reprobó en 2024.


El diagnóstico permite una lectura demoledora: en las cárceles de Tamaulipas no faltan únicamente mejores instalaciones; faltan piezas elementales de gobierno. La evaluación estatal es de 5.93 sobre 10; tres de los cinco centros supervisados quedaron por debajo de seis, todos presentan insuficiencia de custodios y problemas con la normatividad, y en Reynosa se documentó que personas privadas de la libertad ejercen funciones de autoridad. 

El concepto central es desorden: no como insulto editorial, sino como síntesis de fallas que el documento identifica una por una. 

La transformación se quedó del otro lado de la reja

El Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2025 retrata un sistema tamaulipeco al que le cuesta cumplir lo básico: custodiar, organizar, alimentar, atender la salud y sostener una autoridad institucional efectiva, en vez de autogobierno de reos. 

Para una lectura crítica del gobierno de Morena y de Américo Villarreal, el golpe más fuerte no necesita adornos: en Reynosa, el informe registra autogobierno o cogobierno; en Matamoros, Reynosa y Ciudad Victoria, presencia de actividades ilícitas. No es lo mismo tener presos bajo custodia que tener una prisión bajo control. 

La boleta de los cinco centros evaluados es esta:

Centro de Ejecución de SancionesCalificación
Matamoros5.04
Reynosa5.20
Ciudad Victoria5.26
Altamira7.01
Nuevo Laredo7.12

La calificación estatal fue de 5.93. Tres de cinco centros —el 60% de los supervisados, los mas importantes— no alcanzaron seis; ninguno llegó a ocho. Altamira y Nuevo Laredo obtuvieron mejores resultados, pero tampoco quedaron libres de fallas estructurales. La boleta completa aparece en la página impresa 550 del diagnóstico. 

Dicho sin incienso institucional: el promedio no alcanza para presumir y los dos mejores resultados no borran los tres expedientes incómodos.

Reynosa: el gobierno tiene el membrete; algunos internos, funciones de autoridad

Reynosa concentra el hallazgo más grave para hablar de pérdida de control institucional. La supervisión identificó:

  • Ejercicio de funciones de autoridad por personas privadas de la libertad: autogobierno/cogobierno.
  • Presencia de actividades ilícitas.
  • Insuficiencia de personal de seguridad y custodia.
  • Falta de capacitación del personal penitenciario.
  • Falta de normatividad, su difusión o actualización.
  • Deficiencias en el procedimiento para imponer sanciones disciplinarias. 

La combinación es brutal. No se trata únicamente de un edificio deteriorado: el diagnóstico documenta que parte de las funciones que corresponden a la autoridad son ejercidas por internos, mientras faltan custodios y existen deficiencias en las reglas y en los procedimientos disciplinarios. La institución tiene problemas tanto para ejercer el mando como para ejercerlo correctamente. 

La traducción irreverente es esta: la autoridad conserva el letrero, pero no monopoliza las funciones de autoridad.

El desorden no es una anécdota: se repite en los cinco centros

El patrón institucional resulta más revelador que cualquier frase escandalosa. Al comparar las cinco fichas, aparecen estas coincidencias:

Deficiencia documentadaCentros afectados
Insuficiencia de personal de seguridad y custodiaLos cinco
Falta de normatividad, difusión o actualizaciónLos cinco
Insuficiencia de programas para prevenir y atender incidentes violentosLos cinco
Condiciones materiales e higiene deficientes en los espacios de alojamientoLos cinco
Inadecuada clasificación de las personas privadas de la libertadLos cinco
Deficiencias en los procedimientos de sanción disciplinariaCuatro: Matamoros, Reynosa, Ciudad Victoria y Altamira
Falta de capacitación del personal penitenciarioTres: Matamoros, Reynosa y Ciudad Victoria
Presencia de actividades ilícitasTres: Matamoros, Reynosa y Ciudad Victoria

Esto permite hablar de problemas extendidos, no de un director al que “se le fue un detalle”. El déficit de custodios y las carencias normativas atraviesan todo el conjunto supervisado. Además, cuatro centros presentan fallas en la manera de sancionar. El cuadro sugiere una administración que no consigue asegurar simultáneamente personal suficiente, reglas debidamente disponibles y procedimientos disciplinarios adecuados. 

En versión sin corbata: quieren administrar prisiones, pero el diagnóstico les encuentra agujeros en el personal, en las reglas y hasta en el método para imponer disciplina.

Una precisión importante: “falta de normatividad” es el nombre de un indicador que incluye reglamentos, manuales, lineamientos, disposiciones aplicables, difusión y actualización. No equivale necesariamente a afirmar que cada centro carece por completo de todo reglamento. La crítica gana fuerza cuando no necesita inflar el dato.

Matamoros: 5.04 y un catálogo de lo que no debería fallar

Matamoros,sede el Cartel del Golfo de la facción de «Escorpiones» recibió la calificación más baja de los cinco centros tamaulipecos: 5.04. Su ficha reúne deficiencias en salud, alimentación, separación entre hombres y mujeres, prevención de violaciones a derechos humanos, atención de incidentes violentos y vías para presentar quejas. También señala problemas materiales y de higiene en alojamiento, cocina o comedores y área médica, además de insuficiencia o inexistencia de instalaciones necesarias para funcionar. 

En gobernabilidad, suma falta de capacitación, insuficiencia de custodios, problemas normativos, deficiencias en las sanciones y presencia de actividades ilícitas. En reinserción, aparecen expedientes técnico-jurídicos deficientes, separación inadecuada entre procesados y sentenciados y problemas de clasificación y registro de actividades.

No es una lista de lujos pendientes. Es una lista de obligaciones básicas mal resueltas.

La ironía se escribe sola: el establecimiento se llama Centro de Ejecución de Sanciones, pero el diagnóstico también encuentra deficiencias en el procedimiento para imponer sanciones disciplinarias. Hasta la disciplina tiene el expediente chueco. 

Ciudad Victoria: la capital tampoco pasa el examen

Ciudad Victoria obtuvo 5.26. La supervisión encontró deficiencias en salud y alimentación, separación inadecuada entre hombres y mujeres, insuficiente prevención y atención de incidentes violentos y problemas en las vías para remitir quejas. En gobernabilidad aparecen falta de capacitación, insuficiencia de custodios, problemas normativos, fallas disciplinarias y actividades ilícitas. 

El desorden alcanza también al aparato administrativo de la reinserción: deficiencias en la integración y funcionamiento del Comité Técnico, expedientes técnico-jurídicos deficientes, separación inadecuada entre procesados y sentenciados y problemas de clasificación y registro de actividades. 

La lectura editorial es especialmente incómoda: ni el centro de la capital ofrece una administración suficientemente ordenada como para alcanzar seis. El problema no se queda en cerrar puertas; también está en organizar a las personas, sus expedientes y sus actividades.

No pueden cargarle todo a la sobrepoblación

Este es uno de los datos más útiles para desmontar explicaciones fáciles: las cinco fichas reconocen como aspecto adecuadamente atendido el número de personas privadas de la libertad en relación con la capacidad del centro. La tabla de capacidad y población también muestra que ninguno de esos establecimientos supera su capacidad total registrada. 

Por tanto, el diagnóstico no permite explicar estas deficiencias simplemente con “hay demasiados presos”. En los centros supervisados hay problemas de custodia, reglas, clasificación, higiene y prevención de violencia aun sin sobrepoblación total reportada. Eso no excluye otros problemas de distribución interna, pero sí impide convertir la saturación general en comodín. 

Dicho con mala leche, pero con sustento: el problema no es únicamente cuántas personas entran; es cómo se administra lo que ya está adentro.

Reinserción: el nombre es bonito; los registros, no tanto

Los cinco centros presentan clasificación inadecuada de las personas privadas de la libertad. Cuatro —Matamoros, Reynosa, Ciudad Victoria y Altamira— tienen separación deficiente entre procesados y sentenciados. En Matamoros, Reynosa y Ciudad Victoria también se documentan deficiencias en la integración del expediente técnico-jurídico. Reynosa añade insuficiencia o inexistencia de actividades educativas, y Altamira, de actividades laborales y de capacitación. 

El significado institucional es claro: la reinserción no depende solamente de anunciar talleres. Necesita organización, expedientes y una clasificación adecuada; precisamente los componentes que varias fichas señalan como deficientes. 

“Reinserción social” queda muy bien en la fachada. Pero cuando fallan la clasificación, los expedientes y el registro de actividades, el nombre empieza a parecer una aspiración publicitaria.

Mujeres, niños y grupos vulnerables: el costo humano del desorden

Matamoros y Reynosa presentan deficiencias en la atención a mujeres y/o menores que viven con ellas. El diagnóstico registra tres niñas o niños viviendo con sus madres en Matamoros y seis en Reynosa. No son cifras decorativas: son personas cuya atención aparece comprendida en un rubro observado como deficiente. 

Matamoros también presenta deficiencias en la atención a personas adultas mayores, población LGBTTTIQ+ y personas con VIH o SIDA. Reynosa suma fallas en la atención a personas con discapacidad, indígenas y población LGBTTTIQ+. 

Aquí conviene dirigir la irreverencia contra la administración, no contra quienes padecen el encierro. El ridículo institucional es prometer atención mientras la supervisión encuentra fallas precisamente en los grupos con necesidades específicas.

Lo que sí se puede cargar al gobierno, y lo que este informe no demuestra

El diagnóstico ofrece una base sólida para cuestionar la gestión penitenciaria bajo el gobierno de Tamauliaps: deficiencias generalizadas de personal y normatividad, tres centros por debajo de seis, actividades ilícitas en tres establecimientos y autogobierno/cogobierno en Reynosa. Eso basta para exigir explicaciones sobre mando, supervisión, personal y corrección de irregularidades. 

Para el gobierno de Américo Villarreal y Morena, la pregunta incómoda es de administración, no de eslogan: ¿cómo van a corregir un sistema en el que faltan custodios en todos los centros evaluados y en Reynosa se documentan funciones de autoridad en manos de internos?

Porque una cárcel no está gobernada solamente porque tenga candados. Y la transformación, si no consigue ordenar personal, reglas, expedientes y mando, corre el riesgo de quedarse en eso: una palabra muy grande para una boleta de 5.93. 

Con información: DIAGNOSTICO NACIONAL DE SUPERVISIÓN PENITENCIARIA 2025/