El cuadernito de cuentas de “El Mencho” no era una libreta comun,era bloc de notas del capo donde estaba escrito a pluma y con fusiles Barrett como prestación básica del sindicato criminal.
El supermercado de la guerra
En la narconómina del CJNG aparecen los jefes de plaza formados como si estuvieran en el Bodega Aurrerá del crimen: “Barrett”, AK-47 y AR-15 al gusto, con cargo directo a la contabilidad del patrón.
Nada de facturas, CFDI o SAT: aquí el comprobante es el calibre y el sello fiscal lo pone la sangre.
Nómina, pero versión cártel
Mientras en cualquier municipio pelean por aumentarle 200 pesos al policía raso, en la libreta de Tapalpa salen millones de pesos y dólares mensuales para sostener la maquinaria criminal.
Halcones cobrando por semana, pistoleros con sueldo fijo, comandante con pago premium y, de pilón, sobornos a policías, militares, FGR y quien se deje, todo bien apuntado como si fuera empresa socialmente responsable.
Gobierno tercerizado
La narconómina incluye pagos a Guardia Nacional, policías municipales, ministerios públicos y demás fauna burocrática que decidió subirse al outsourcing de “El Mencho”.
En Tapalpa, el dinero que el cártel entrega a la policía equivale a una buena tajada de la nómina oficial; básicamente, la seguridad pública venía con doble patrón: el Ayuntamiento… y el que sí paga puntual.
Hackers, beneficencia y otras prestaciones
El cuaderno también registra pagos a “hackers”, gasolina, casas de seguridad, despensas y “ayudas a la población”, porque todo capo moderno sabe que la reputación digital y el trabajo social son parte del paquete de control territorial.
Con esa contabilidad milimétrica de ingresos por marihuana, cocaína, cristal y fentanilo, y egresos en sobornos y sueldos, el CJNG aparece menos como “cártel” y más como corporativo trasnacional con RH, finanzas y relaciones públicas… solo que aquí las utilidades se reparten en plomo.
Con información: ELUNIVERSAL/

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