La farsa “humanista” de Américo Villarreal y Morena terminó donde siempre acaban los gobiernos cínicos: en la plancha del escarnio nacional, encuerados por la única que sí hizo su trabajo, la víctima que se atrevió a escribir en una cartulina lo que el sistema quiso borrar a punta de boletines.
El gobierno exhibido por su propia víctima
En el Hospital Infantil de Ciudad Victoria, las residentes hicieron todo lo que el manual de la dignidad exige: denunciaron de inmediato, buscaron autoridades, pidieron apoyo médico, psicológico y legal.
La respuesta del “gobierno humanista” fue un trámite lento, tibio y burocrático, obsesionado con proteger el prestigio del hospital antes que el cuerpo roto de las médicas violadas.
Tuvieron que salir publicamente con una cartulina brutalmente honesta –“En el HIT me drogaron, me violaron y se callaron. No fue error. Fue negligencia”– para que voltearan a verlas, no por empatía, sino por miedo al escándalo mediático.
El sistema que violó y luego se hizo la ofendido
El exdirector Vicente Plascencia aceptó en público que el agresor se paseó más de una hora por la residencia de médicas, en la madrugada, en una zona que se suponía segura y controlada.
En vez de asumir que eso es un fracaso monumental de seguridad, se refugió en el lenguaje de burócrata: protocolos, oficios, “conciencia tranquila”, como si una doble violación fuera un problema de papelería extraviada.
Su renuncia “para no entorpecer” es cosmética: se va proclamando que todo se hizo bien, que los procedimientos se siguieron, que su alma está limpia; la que no tiene paz es la residente que fue drogada y violada en el lugar donde el Estado le dijo que estaba a salvo.
La primera dama, abogada de oficio… del aparato
Y cuando uno pensaría que el mínimo decoro era ponerse del lado de las víctimas, aparece María de la Luz Santiago, esposa del gobernador, en modo abogada de oficio del director caído en desgracia.
Nadie la eligió para hablar por las víctimas, pero ahí está, sentada junto al poder, usando el micrófono institucional para suavizar la imagen del médico que encabezó el aparato que violó, abandonó y expuso a sus propias residentes.
Su discurso de prudencia y “no politizar” choca de frente con la ética feminista más básica: convierte el dolor de las médicas en daño colateral de una reputación administrativa que hay que salvar a toda costa.
Humanismo de dientes para afuera, necrosis de conciencia adentro
Es especialmente obsceno que todo esto ocurra bajo un gobernador médico que vende un Estado “de salud y humanismo”, mientras en sus hospitales hay muertes evitables, negligencias repetidas y ahora violaciones en las áreas de descanso.
La narrativa oficial se desmorona en cuanto la víctima abre la boca: ella describe cómo le arrebataron la tranquilidad emocional, la dejaron sin apoyo real y la obligaron a convertirse en activista de sí misma para que la institución dejara de mirar hacia otro lado.
La médica violada tiene más salud de conciencia que todo el gabinete junto: les recordó, con una cartulina, que lo que ellos llaman “lamentable situación” es en realidad un crimen agravado por omisiones, encubrimientos y una familia política dedicada a defenderse entre ellos, no a las mujeres que dicen proteger.
Prensa nacional: el espejo que no pudieron romper
Como el gobierno decidió proteger su narrativa en lugar de proteger a las residentes, la historia terminó en los noticieros y columnas que tanto desprecian cuando no los aplauden: desde portales locales hasta espacios nacionales replicaron el testimonio de la doctora y el hedor del caso.
No fue “un ataque de adversarios”, fue la consecuencia lógica de un Estado que no escucha a las víctimas hasta que éstas lo gritan frente a cámaras y marchas; el 8M, el silencio oficial sonó más fuerte que cualquier consigna, y la prensa sólo hizo de altavoz de esa vergüenza.
Hoy, si Tamaulipas está en boca del país no es por un logro de gobierno, sino porque una residente violada tuvo que encuerar al sistema para que alguien se preguntara por qué demonios nadie la defendió cuando más lo necesitaba.
Con informacion: LATINUS/ NMAS+/

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