Hay piquetes que duelen más que otros, pero los primeros, los de siempre, perforan ductos lo mismo de dia que en la madrugada y sangran gasolina al crimen organizado. Los segundos, los del combate oficial al huachicol, chorrean promesas al vacío y pérdidas multimillonarias a las arcas públicas.
Porque pese al despliegue de soldados, las mañaneras llenas de bravura, la presencia de «Batman» en la estrategia de seguridad y el mantra sexenal de que “ya se acabó el robo de combustibles”, Pemex tiene otras cifras: 23 mil 491 millones de pesos perdidos en 2025, un incremento del 14.4 %respecto al año anterior. El huachicol, más que herido, parece estar en plena forma… y con ambulancia de Pemex incluida.
El Observatorio Ciudadano de la Energía —no la oposición, no la CIA, sino un análisis técnico hecho por Francisco Barnés de Castro— desnudó el asunto: hay menos tomas clandestinas detectadas, sí, pero más pérdidas. Es decir, menos agujeros, más sangrado. El enemigo, entonces, no está afuera del ducto: está adentro del sistema.
Y Pemex lo admite sin rubor: “algunos de sus empleados o servidores públicos podrían estar participando en el mercado ilícito de combustibles”. Traducción libre: donde había soldados, ahora hay complicidades; donde había promesas, fugas.
El Gobierno presume que los “piquetes” detectados bajaron de 14 980 a 11 774 entre 2023 y 2024, pero convenientemente omiten 2025, el año del aumento millonario en pérdidas. En los primeros nueve meses se fueron 20 mil 246 millones; los últimos tres completaron la hemorragia. Lo curioso no es que roben el combustible —eso es ya un deporte nacional—, sino que el combate contra el robo genera más pérdidas que el propio robo. Un absurdo digno del realismo mágico presupuestal.
Luis Miguel Labardini lo resume con menos poesía y más pragmatismo: en muchas regiones, el crimen organizado tiene “control territorial”. Y si el que manda en tierra decide a quién se le pincha el ducto, el Estado sólo asiste como testigo de honor.
Así que sí, hay dos piquetes en México:
uno deja escapar combustible;
el otro, credibilidad.
Y ambos perforan el mismo depósito: el del dinero público.
Con informacion: ELNORTE

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