En Tamaulipas la doble moral del Diputado Humberto Prieto Herrera no se esconde: se estaciona en el Congreso, cobra dieta, preside la Junta de Gobierno disfrazado de “suspirante” a la alcaldía de Reynosa como si fuera cruzado anticorrupción recién bajado del cerro de Morena…después de haber sido amamantado en el PAN.
El converso de la moral de utilería
El personaje en turno hizo carrera cobijado por el PAN, diputado federal de 2012 a 2015, Secretario de Accion Juvenil del PAN ,dirigente y operador de siempre en el mismo lodazal político de Tamaulipas, y ahora resulta que se nos vende como renovado adalid “guinda” de la decencia estatal.
La biografía oficial presume cargos, comités y coordinaciones, pero calla lo obvio: la ética de bonus, esa que permite brincar de partido como quien cambia de franquicia de hamburguesas, jurando que ahora sí “está del lado correcto de la historia”.
El problema no es que antes fuera panista y hoy morenista; el problema es que pretende colgarse de la narrativa anticorrupción mientras juega exactamente el mismo juego de siempre: usar la tribuna para hacer campaña, las “denuncias” como spot y la Junta de Coordinación Política como catapulta electoral encubierta.
Denuncien a Cabeza de Vaca
El Diputado Herrera, presidente de la Junta de Gobierno del Poder Legislativo, explicó que la semana pasada abrieron esa convocatoria mediante un llamado público desde el programa de La Mañanera del Congreso del Estado.
«Si alguien fue víctima, si alguien fue presionado, si alguien tiene algo que denunciar, este es el momento. La Justicia necesita que la verdad salga completa», enfatizó.
Prieto enfatizó que la cancelación del amparo que impedía ejecutarle la orden de aprehensión al ex Gobernador panista Cabeza de Vaca abre la puerta para que las víctimas de abusos en su sexenio ya no tengan miedo y formulen sus denuncias, con o sin anonimato.
«Hay condiciones jurídicas y políticas para que las cosas procedan. Hoy ya no están quienes desde el sistema judicial protegían intereses personales», apuntó.
La raja política con olor a hipocresía
Cuando desde la presidencia de la Junta del Congreso se monta un espectáculo de “acopio de denuncias”, eso suena muy bonito en boletín: cercanía con la gente, puertas abiertas, combate a la impunidad, etcétera.
Pero en un estado donde la estructura criminal se administra como empresa pública no registrada, la selección de qué denuncias sí se elevan al cielo del micrófono y cuáles se tiran al bote es un acto profundamente político, no de justicia.
Si al suspirante le urge recabar quejas para presumir “valentía”, habría que preguntar por qué el entusiasmo se acaba cuando las denuncias salpican a su propio ecosistema: su nuevo partido, sus aliados coyunturales, el gobernador que comparte color y discurso, y la maquinaria de impunidad que les permite seguir posando de estadistas mientras el territorio se lo reparten los socios del miedo.
Si vamos a juntar denuncias, juntemos TODAS
Porque si de acopiar denuncias se trata, habría que meter en la misma carpeta —sin Photoshop— lo que se documenta sobre el gobernador Américo Villarreal sobre su vocación de traficante de huachicol y su estrecha vecindad político-criminal con el ex-militar Mario Guitian Rosas, lugarteniente del Cártel del Golfo que administra la extorsión en Reynosa en nombre del “Primito”.
Mario Guitián Rosas, alias “La Chispa”, hoy empresario del delito, opera como lugarteniente de Los Metros, subordinado del Primito, mientras construye un emporio de funerarias, seguridad “privada”, apps de transporte, taxis, talleres y antros usados como fachada para la renta criminal que asfixia a la ciudad.
En ese inventario de riqueza putrida aparecen negocios como la funeraria y crematorio Jardín de Rosas, empresas de “seguridad” como CABIEX y Falcón System, la plataforma de transporte VAIA, bases de taxis, talleres, purificadoras, carwash, palapas y tables como Watch Me y Jetset Men Table, que la propia prensa liga a explotación sexual y lavado.
Todo ello bajo el paraguas de un gobierno que, según crónicas periodísticas, repavimentó con impunidad las calles por donde se cobra el diezmo, mientras se pintaban banquetas de moral institucional para las fotos del doctor que prometió curar a Tamaulipas y terminó recetándole anestesia ética.
La pregunta no es si el gobernador “se va a seguir haciendo pendejo”; la pregunta es por qué el flamante recolector de denuncias del Congreso no coloca estas acusaciones en primera fila cada vez que prende el micrófono para hablar de corrupción desde su nueva fe morenista sin morderse la lengua.
La doble moral hipocrita
Lo que el suspirante vende como valentía es, en realidad, el viejo deporte tamaulipeco: pegarle al adversario que conviene y callar donde duele el presupuesto, el pacto y la nómina.
Si tuviera verdadero compromiso con la justicia, estaría pidiendo auditorías federales para aclarar el derroche en comunicación social y ayuda de la FGR para intervenir a fondo sobre el entramado que la prensa nacional ha exhibido alrededor del gobernador y su círculo, no sólo organizando ceremonias de “denuncia ciudadana” que sirven de foto de campaña para la alcaldía de Reynosa.
La doble moral se nota cuando el discurso contra la corrupción se vuelve selectivo: mucho estruendo contra los enemigos de temporada, total silencio ante el emporio criminal que alquila el territorio, financia campañas y se sienta en la misma mesa de los próceres de la “transformación” humanista a los que no les duelen las rentas mensuales de todos aquellos que se soban el lomo y son sometidos a pagos de cuota que deberian ser denunciados, aun sin la invitación formal del diputado ,que también esta amafiado con ellos.
Ahí el suspirante deja de ser imparcial y se convierte en alcahuete: denuncia lo que le conviene, omite lo que lo compromete, administra la indignación como capital político y después quiere que el voto le crea que él sí es distinto.
La ofensa no es la palabra, es la complicidad
En Tamaulipas no ofende que a un gobernador le pregunten si “se va a seguir haciendo pendejo”; ofende que a la gente la sigan haciendo pendeja con discursos reciclados, colores cambiados y candidaturas envueltas en papel celofán de “honestidad valiente” mientras la extorsión es política pública no escrita.
Si el suspirante a la alcaldía quiere hablar de denuncias, que empiece por ahí: por ponerle nombre y apellido a la estructura de extorsión y lavado que describen los reportes periodísticos, por exigir responsabilidad a su propio gobernador y por dejar de usar la indignación ciudadana como escalera electoral
Hasta que eso no ocurra, cada vez que abra la boca para hablar de moral pública, se le va a seguir escuchando lo que en realidad es: otro profesional de la raja política, graduado con honores en doble moral, con credencial azul de ayer y chaleco guinda de hoy.
Con información: ELNORTE/



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