El poder gubernamental en Chiapas acaba de estrenar su propio “No te preocupes, Rosario”, versión tropicalizada con huipil verde y narconómina incluida.
El ex-presidente priista Enrique Peña Nieto le dio a la historia patria una frase de consuelo para funcionarios bajo tormenta de corrupción: “No te preocupes, Rosario”, en alusión a las acusaciones de desvío de programas sociales a campañas se acumulaban como expediente sin foliar contra Rosario Robles.
Más de una década después, la 4T juraba que esas postales de impunidad eran cosa del pasado, hasta que apareció Eduardo Ramírez, gobernador de Chiapas, dispuesto a demostrar que el viejo PRI nunca muere, solo se cambia la corbata por la guayabera ecológica.
Ramírez salió a apapachar a su secretario de Seguridad, el Capitan de la extinta Policia Federal de Genaro Garcia Luna,Óscar Aparicio Avendaño, exhibido en narconominas del Mecho y su colección de autos clásicos comprados a precios de ganga, con descuentos que harían llorar a cualquier coyote de la Moctezuma. BMW sesenteros, jeeps militares y hasta terrenos y rancho “cedidos” por arte de magia burocrática, todo perfectamente declarado, faltaba más, como si un formato patrimonial fuera certificado de inocencia y no mero inventario de creatividad inmobiliaria.
Ante eso y lo otro, el gobernador de Morena no pidió una auditoría exhaustiva ni una investigación independiente; le regaló algo más valioso: fe ciega y discurso de plaza pública.
El escenario escogido fue Motozintla, donde Ramírez decidió improvisar cosplay de Peña Nieto: frente al jefe último de la fuerza especial Pakal, el mismo grupo que apareció en la narconómina atribuida a “El Mencho”, soltó la joya: “Luego le tienen un poquito de envidia por sus resultados… le digo: no te preocupes, mientras haya confianza y honestidad, todo lo demás es politiquería”.
Es decir, no hace falta despeinar a la Fiscalía, revisar cuentas, cruzar llamadas ni seguir la ruta del dinero; basta con que el jefe diga que confía y asunto arreglado, como si la probidad se acreditara con apapacho, no con carpetas bien armadas.
La ironía es que el propio gobernador había anunciado días antes “investigaciones a fondo” por la narconómina donde se menciona a altos mandos y a la Fuerza Pakal recibiendo cien mil pesos mensuales del Cártel Jalisco Nueva Generación. Pero frente a su secretario coleccionista y a su tropa de élite salpicada, la prometida lupa se convirtió en espejito de fería: la narrativa oficial pasa de “vamos a investigar” a “le tienen envidia por sus resultados” con la velocidad con la que se firma una cesión de terrenos el 14 de febrero.
En los números de la contabilidad criminal revelada por El Universal, los pagos a Pakal, a sicarios de choque y a autoridades locales se desglosan con el rigor de cualquier nómina empresarial, solo que aquí el patrón era Ruben Oseguera.
Cada peso anotado en esos reportes contradice la fábula de la confianza y la honestidad que Ramírez vende en los mítines, pero eso no impide al gobernador usar la palabra “politiquería” como borrador mágico para tachar las revelaciones incómodas. Así, la pregunta final se responde sola: cuando el mandatario presume “resultados”, ¿habla de indicadores de seguridad… o de las cifras que aparecen tan prolijas en la contabilidad de Oseguera Cervantes.
Con informacion: ELUNIVERSAL+/

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