La misma fuerza “élite” que hoy presume blindar Chiapas y que llegó comandada por un capitán de la extinta Policia Federal reciclado: Óscar Aparicio Avendaño, una exportación de desecho de Tamaulipas a Zacatecas donde manda galleta el «Jardinero» del CJNG y de ahi a Chiapas ,todo antes de tronarlo en el puesto donde iba estrenar el casco que le habia dado Américo Villarreal.

El 26 de septiembre de 2022, unos dias antes de asumir el cargo,Américo Villarreal lo anunció con bombo y platillo como su flamante secretario de Seguridad Pública; hasta lo pusieron en las listas oficiales de gabinete, pero le duró menos el nombramiento que una conferencia mañanera: antes de tomar posesión lo borraron del mapa y metieron a un general en su lugar que también condescendió con el narco,cooptado por los «Escorpiones» del Cartel del Golfo de Matamoros.
La versión fina hablaba de “ajustes de último minuto”, pero en Tamaulipas todos entendieron el mensaje: al capitán recomendado aterrizó una ráfaga de señalamientos por presuntos vínculos con el Cártel del Golfo y mejor lo regresaron por la pista de servicio.
Chiapas 2026: el mismo personaje reaparece rebautizado como secretario de Seguridad del Pueblo y jefe político de la Fuerza de Reacción Inmediata «Pakal», ese cuerpo de élite que el nuevo gobernador vendió como muralla contra el crimen organizado y que ahora resulta y resalta que los financiaba el «Mencho»

Y es que justo a ese grupo “incorruptible” lo salpica ahora una narconómina atribuida al CJNG donde la FRIP–Pakal aparece como “Estatal Pakales” cobrando su raya de 100 mil pesos semanales, en la misma lista donde se pagan policías municipales y grupos armados en comunidades indígenas.
Frente al escándalo, el libreto oficial se escribe solo: el gobernador ordena “investigación exhaustiva” y promete castigar “caiga quien caiga”, mientras Aparicio se indigna en comunicados, jura que no encubre a nadie y asegura que en su corporación solo hay “autoridad, legalidad y compromiso”, como si la nómina no trajera cifras, fechas y conceptos tan claros como un recibo de luz.
La fiscalía abre carpeta, las alcaldías dicen que sus puertas están abiertas y todos repiten la frase mágica de “cero tolerancia y cero impunidad”, pero curiosamente nadie se anima a explicar por qué la supuesta fuerza estrella del estado aparece con nombre y monto preciso en los papeles del Mencho.
En resumen: Tamaulipas lo quiso como secretario, le olió raro y el ejercito lo bajó de la silla antes de sentarse; Zacatecas lo hace subsecretario y luego Chiapas lo compra como garantía de limpieza y, a los pocos meses, una narconómina lo deja parado en medio de la escena del crimen administrativo.

Si así se ve la “élite” institucional, habría que preguntar quién está en la tropa rasposa; porque cuando el mismo capitán que fue combustible político en la frontera norte termina al mando de la fuerza que figura en la contabilidad del CJNG, el mensaje es brutal: el uniforme cambia de escudo, pero la nómina, al parecer, se firma en la misma oficina.
Con información: AM/ MEDIOS/

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