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domingo, 17 de mayo de 2026

«JUEZA se la HIZO LARGA al TITAN: TRAS LIBERACIÓN de TERCIA CAPTURADA por HARFUCH solo QUEDA 1 en el TAMBO»…una audiencia que tardo 6 horas en arrancar,murio 5 minutos después.


En el surrealismo judicial mexicano, donde los relojes se derriten y la ley parece negociarse en cámara lenta, la jueza federal María de los Ángeles Padrón Banda ofreció ayer una pieza digna de estudio: una audiencia que tardó seis horas y media en arrancar… para morir cinco minutos después.

Sí, cinco minutos. Menos de lo que dura un comercial, pero suficiente para confirmar que la justicia, cuando se trata de ciertos personajes, no corre: se arrastra.

El escenario fue el Penal de Cadereyta. La cita estaba pactada a las 14:00 horas, pero la juzgadora apareció hasta las 20:30, como si la puntualidad fuera una sugerencia opcional en el manual del debido proceso. Frente a ella, las partes… y el protagonista de esta tragicomedia: José Antonio Cortés Huerta, alias “Titán”, presunto operador del Cártel del Noreste especializado en ordeñar ductos y, de paso, la credibilidad del sistema.

Arranca la audiencia. Cinco minutos después, se suspende. Sin explicaciones públicas, sin rubor, sin el menor intento de simular normalidad. Se difiere para hoy a las 11:30 horas, como quien reprograma una cita de café, no una decisión sobre un presunto líder criminal.

¿La razón? Versiones extraoficiales —porque en este país la transparencia suele ser clandestina— apuntan a que la defensa del “Titán” pidió agotar el plazo constitucional de 144 horas para reunir pruebas. Un derecho legal, sí, pero que en la práctica funciona como botón de pausa cuando el sistema parece inclinarse peligrosamente hacia la rendición.

Y aquí es donde el guion empieza a oler a déjà vu: la misma jueza que ya liberó al resto de los detenidos ahora titubea, difiere y estira el tiempo frente al último eslabón del caso. Como si la justicia necesitara tomar aire… o recibir instrucciones.

Porque no es solo un aplazamiento. Es el patrón: audiencias que no empiezan, decisiones que no llegan, procesos que se diluyen hasta que la ley pierde filo y los expedientes se convierten en papel mojado.

Mientras tanto, el mensaje es claro, aunque nadie lo diga en voz alta: en México, el tiempo judicial no se mide en horas, sino en conveniencias.

Con informacion: ELNORTE/

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