“Miren, compañeras, compañeros, compañeres y demás plebe:desde que unos gringos malosos soltaron información ‘falsa’ —según yo—, el Gabinete de Seguridad, que muy digno pide pruebas y papeles membretados, debió haber puesto en corral, con correa corta y GPS en el zapato, a mis compañeros y compañeras señalados por el gobierno de Estados Unidos.”
“Y no es que yo, a toro pasado, quiera salir muy brillante, ¡porque brillante ya nací!, pero si tenemos encima la bota yanqui, la derecha con sus muñecos de ventrílocuo y los medios vendidos en modo bocina diciendo que todo nuestro movimiento es narco, ¡pues mínimo cuiden a los narco… digo, a los compañeros, carajo!”
“Como dicen los abogados de TikTok: suponiendo sin conceder que hubiera alguien por ahí metido en esas conductas, eso no nos hace narcos a todos, faltaba más. No hace narcos ni al Pueblo de México, que es la base pura y santa de nuestro movimiento, ni a nosotros, las luminarias con tareas destacadas, que jamás romperíamos un plato… a menos que sea para el rating.”
“Entonces yo pregunto, indignadísimo: ¿cómo es posible que haya pasado esto?, ¿cómo es que hasta saben la hora en que se fue, el lugar por donde cruzó, el color de calcetines y ahora falta que nos informen hasta en qué vuelo llegó el exsecretario de Finanzas a Nueva York y si volaba en clase premier como yo ?”
“¿Cómo es posible, insisto, que no le den la dimensión de la gravedad al tema? Una cosa es que yo me pare aquí muy digno a gritar ‘verdad, justicia y soberanía nacional’, y otra cosa es que ustedes, bola de despistados, actúen con esa ligereza para dejar que los señalados se les escurra por la frontera como jabón en regadera.”
“De verdad, no puede ser. ¿En qué están pensando? ¿En gobernar bien? ¡Pues dejen de hacer eso y pónganse a cuidar a la gente que nos puede embarrar! ¡Prioridades, compañeres!”
Los dichos de Norroña son moralmente torcidos
- Noroña no se indigna porque funcionarios señalados por narcopolítica existan, sino porque el Estado no los tuvo “bajo resguardo” y “con limitaciones de movilidad” para evitar que se entregaran a Estados Unidos. Es decir, la preocupación central no es la corrupción, sino que se les vaya el testigo clave que puede hablar de la red de complicidades.
- Al reclamar que “no se le da la dimensión de la gravedad al tema” por no vigilarlos, equipara la gravedad con la conveniencia política de controlar a los señalados, no con el impacto del posible crimen ni con el derecho de la justicia a actuar sin tutela partidista.
- Cuando dice que, “suponiendo sin conceder” hubiera alguien metido en conductas de narco, “eso no nos hace narcos” a todo el movimiento, intenta blindar la marca política por encima de la responsabilidad individual y colectiva de haber impulsado, protegido o normalizado a esas personas en puestos clave.
- Su discurso convierte a los funcionarios acusados en “compañeros, compañeras” que deben ser cuidados, resguardados y casi escoltados para que no colaboren con otra autoridad, en vez de ser tratados como posibles delincuentes que deben rendir cuentas allí donde haya jurisdicción y pruebas.
- Moralmente, su lógica atropella cualquier noción de honestidad pública: el mensaje implícito es “si van a caer, que caigan aquí y bajo nuestro control, para que no salpiquen de más”, en lugar de apostar por que se conozca toda la verdad, caiga quien caiga. Eso no es defensa de la soberanía: es defensa corporativa del grupo en el poder, barnizada de “Patria” para tapar el miedo a que sus propios aliados hablen.
Con informacion: @Redes/

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