Irving Barrios Mojica no es un “abogado cualquiera”, era el pequeño García Luna de Cabeza de Vaca, como lo conceptuó catedrática especialista en crimianles organizados; es el tipo que se dedicó a forjar una Fiscalía de ordenanzas, de anillos de seguridad y de ruedas de prensa bien coreografiadas mientras al servicio de Francisco Javier García Cabeza de Vaca (2016-2022) ,para que el verdadero trabajo de la justicia se fuera pudriendo en los calabozos.
Bajo su mando, lo mismo con el CDV que con Americo Villarreal ,con quien contra todo pronostico logró intimar, muy pese de haber intentado meterlo al tambo,lo que hubiera sido su unico arresto legítimo, la Fiscalía de Tamaulipas se convirtió en un taller de montajes: se armaban expedientes, se escogían culpables, se operaban políticamente los casos y se dejaba que el “alma” del crimen organizado siguiera respirando tranquila, el sello de la PGR donde hizo sus pininos,aunque se graduó en Tamaulipas.
El propio Felipe Martínez Chávez ,que resulta ser una excelente pluma cuando no se trata de hablar de «Don Americo y su pudrición humanista,lo cristaliza en su columna “Fiscalía, lodos de aquellos polvos”: en la Fiscalía de Irving Barrios Mojica se confeccionaron expedientes, se protegieron intereses, se manejaron tiempos y se dignificó el concepto de “protección selectiva”. Aquí no hubo reforma, hubo maquillaje: se vendió una modernización de la Fiscalía mientras el modus operandi se quedaba en el viejo manual de la corrupción, el complicidad y el chantaje.
Jesús Eduardo Govea: el nuevo inquilino de la mugre
Ahora entra en escena Jesús Eduardo Govea Orozco, quien asume la Fiscalía General de Justicia de Tamaulipas con una currícula tan pesada que cualquiera pondría en duda que lo contrataron como “restaurador institucional” y no como refuerzo de la vieja escuela.
Según el reportaje de Fátima Monterrosa para Televisa, Govea lleva encima más de 20 años de investigación por corrupción y vínculos con el crimen organizado, y eso no es nota de color: es parte de su identidad profesional.
El episodio clave fue la detención de Rogelio González Pizaña, alias “El Kelín” o Z2, operador del Cartel del Golfo en Matamoros: Govea, entonces agente del Ministerio Público, aparece implicado en un canje de detenidos para liberar a un cabecilla del narco.
La Marina detiene a “El Kelín”, se lo llevan a la PGR y luego se descubre que lo sustituyeron por otro detenido, con caras tapadas, camisetas y toda la puesta en escena digna de película de bajo presupuesto.
Por eso mismo la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada abrió la averiguación previa PGR‑UEDO‑031‑02 y el juez federal lo interna siete meses en el penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez… sin que jamás haya sido absuelto.
La catadura de Barrios Mojica explicada con lógica criminal
Irving Barrios Mojica no “dejó” la Fiscalía sucia por descuido; la dejó así porque esa era la versión funcional para el sistema político que sostenía: el fiscal fuerte que se ve y que se vende, pero que en el fondo autoriza la continuidad de la estructura de rendimiento, la cual, en Tamaulipas, siempre ha sido una mezcla de narco, política y servidores públicos.
Durante sus nueve años, la Fiscalía fue un instrumento de control, no de justicia: se utilizó para mandar mensajes, para presionar y para cerrar casos, no para cerrarlen los ríos de sangre.
El concepto de “lodos de aquellos polvos” que retoma Martínez Chávez no es poético: es clínico. Señala que lo que hoy huele en la Fiscalía no es un problema nuevo, sino la misma materia orgánica que se cultivó durante la era Barrios Mojica: denuncias cuidadosamente seleccionadas, procesos que se desvanecen, gente que desaparece y otras que, mágicamente, se va a sentar en la silla de control.
La incapacidad de Govea para desinfectar la Fiscalía
Don Eduardo Govea no ha podido “desinfectar” la Fiscalía, porque su propio pasado es un desinfectante de marca universal: cuando el epidemiólogo tiene SIDA, no puedes confiar en que va a limpiar el hospital.
El texto de Opinión Pública deja en claro que, en la Fiscalía General de Tamaulipas, “quedan lodos de aquellos polvos”: el esquema de protección, la complicidad silenciosa y la impunidad programada siguen operando, aunque el letrero haya cambiado de Barrios Mojica a Govea.
La incapacidad de Govea no es solo técnica, es moral: llega desde un expediente de vínculo con el Cartel del Golfo, desde un proceso federal nunca cerrado, desde siete meses en máxima seguridad sin absolución y sin reparación.
Eso no es “bagaje”, es ADN institucional. Y cuando un fiscal con esa historia asume el cargo bajo un gobierno donde su gobernador es manchado por la sospecha, pero mas por la evidencia que lo aguarda del otro lado del Río donde nuca guardan nada, la única lectura que le queda al ciudadano es que el discurso de la reforma es sólo maquillaje para el mismo esquema carcomido.
El círculo perfecto: manchados que se sienten cómodos entre manchados
Américo Villarreal Anaya, al proponer a Govea, no hizo un ejercicio de renovación, sino un acto de continuidad por vía de contraste: el hombre que se fue (Barrios Mojica) construyó un castillo de mentiras y el que llega (Govea) llega con su propio historial criminal, con la experiencia de haber jugado en el mismo equipo oscuro.
Así, el nuevo fiscal no se topa con un “desafío” al entrar: entra a casa, se sienta en el sofá del mal y se siente, como quien dice, “en familia”.
Todo el tinglado se sostiene con tres claves:
- La Fiscalía como armadura política.
- El fiscal como títere y como beneficiario de la red de poder.
- Y el ciudadano como fondo de pantalla, aplaudiendo o muriendo mientras se hacen montajes, ahora con sello de “nueva era”.
Si el lector quiere resumirlo en una frase de epígrafe: Irving Barrios Mojica le construyó el mausoleo a la imparcialidad; Jesús Eduardo Govea simplemente entró a vivir entre las tumbas, sin ni siquiera pedir perdón a los muertos.
Que dice «Jelipe» y lo dice bien:
En la Fiscalía General de Tamaulipas quedan lodos de aquellos polvos. Don Eduardo Govea Orozco no ha podido desinfectar la institución. Urge una limpieza de fondo porque sigue oliendo mal, a drenaje.
Algunos de los halcones que Irving se trajo de la FGR y Policía Federal de García Luna, compañeros suyos del “michoacanazo”, siguen respirando y contaminando el ambiente del nuevo Tamaulipas.
Uno de los últimos “lobitos” en irse es Esteban Constantino Velasco Salinas, Fiscal Especializado de Asuntos Internos, quien este lunes presentó renuncia ante los diputados al Congresos local, que se la aceptaron de inmediato y con mucho gusto.
Llegó con los chilangos en 2016 en calidad de visitador; en 2018 ya es Fiscal y en 2019 recibe el nombramiento Fiscal General Especializado.
Ese mismo día, en el recinto de sesiones del Congreso del Estado, rindió protesta como Fiscal en Asuntos Electorales otro panista, René Osiris Sánchez Rivas.
Egresado de la UNAM, Constantino fue de los más aventajados alumnos de Don Irving en el curso de nueve años. Por eso el rápido ascenso.
Y se fue -venció el término de seis años- la Contralora de la Fiscalía (Organo Interno de Control), Dámaris Rojas Lucio, otra de las amigas que trajo en 2016
Es su cuñada, hermana de la esposa Yadira Rojas Lucio, a quien nombró Directora de Unidad para la Protección de Personas que Intervienen en Procedimientos. Ambas cobraban en Fiscalía.
Yadira es titulada en Derecho por la Universidad del Estado de México. Su hermana por la UNAM. Llegaron en el paquete del garrote junto con otros 16 pupillos y pupilas del chilango.
Los diputados acordaron convocar para sustituir a la cuñada.
Parte del equipo que sembraron los cabecistas sigue ahí, los que utilizaron la Ley con dedicatoria y persecución como instrumento de justicia.
Sigue pegado el fuereño Natanael Isaí Castelán Iturría, Vicefiscal de Litigación, Control de Procesos y Constitucionalidad, uno de los brazos derechos de Barrios. Es egresado de la Universidad Tecnológica de México.
Hay más, los Contreras, los Aguilar, Catalán Torres y otros forasteros que van para diez años en la institución pese a que cometieron actos de corrupción, en casos tan sonados como el asesinato del periodista Carlos Figueroa, en Nuevo Laredo, donde compraron testigos.
Sigue cobrando Elizabeth Almanza Avalos como Vicefiscal Ministerial. Arribó con los chilangos de la Policía Federal, FGR y de las fiscalías locales del Edomex y Michoacán.
La institución que debería investigar abusos y delitos, fue colonizada por amistades, parentescos y cuadros importados con antecedentes en la PGR y FGR y con episodios tan oscuros como el michoacanazo calderonista.
Con informacion: OPINION PUBLICA/ MEDIOS/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: