En Culiacán pueden tener cientos o miles de militares, Fuerzas Especiales, helicópteros y boletines triunfalistas… y aun así un encapuchado abre la puerta de un vehículo estacionado y ejecuta de al menos 4 disparos a una joven mujer de 24 años.
El crimen de Rosalina en la “Culiacán blindada”
Familiares identificaron oficialmente a la mujer víctima del ataque armado en el sector Santa Fe de Culiacán como Dulce Rosalina ‘N’, de 24 años de edad. La joven, quien residía en las cercanías del lugar de los hechos, fue ultimada mientras se encontraba a bordo de su vehículo en el fraccionamiento Rincón Real.
Cronología del ataque
El crimen se registró sobre el bulevar Cerro del Acueducto, entre las calles Virreyes y Villas del Palmar. De acuerdo con los reportes de seguridad, la víctima permanecía en el asiento del conductor de un automóvil Volkswagen Jetta, color gris y de modelo reciente, estacionado frente a un expendio de cerveza.
La Fiscalía abrió carpeta de investigación bajo protocolo de feminicidio, pero sin detenidos, sin líneas claras y con la liturgia de siempre: peritos, cinta amarilla y un comunicado que no responde a la pregunta básica: ¿quién manda aquí?
En menos de 24 horas, otra mujer de la misma edad fue atacada en otro fraccionamiento de la ciudad, porque en Culiacán el género no es blindaje, es factor de riesgo.
Miles de militares, cero miedo del narco
A finales de enero, la Defensa anunció, con bombo, platillo y fotos de soldados abordando aviones, el despliegue de 1,600 elementos mas del Ejército en Sinaloa, incluidos 90 de Fuerzas Especiales, para “reforzar la seguridad” en Culiacán y Mazatlán que suma mas de 10,000. El movimiento fue respuesta al ataque armado contra diputados de Movimiento Ciudadano y al secuestro de ingenieros, es decir, el narco tocó poder y entonces sí hubo prisa, helicópteros y hashtag oficial.
Sobre el papel, Sinaloa está saturado de uniformes: III Región Militar, 9/a Zona Militar, Guardia Nacional, patrullajes “disuasivos”, recorridos “estratégicos” y el clásico despliegue que presume cifras que son avasalladas por la numeralia de victimas. En la calle, en cambio, un grupo armado entra a un domicilio de un fraccionamiento urbano, asesina a una mujer en su recámara y se esfuma sin que nadie vea, nadie sepa y nadie responda, como si la “presencia” militar fuera holograma presupuestal.
La coreografía del Estado ausente
Cada feminicidio en Culiacán sigue la misma coreografía cansada: llamada al 911, patrullas que llegan tarde, acordonamiento para la foto y posterior traslado al Semefo, mientras el discurso oficial promete “no impunidad” con la misma convicción con la que archiva expedientes. La carpeta se abre bajo protocolo de feminicidio, se recolectan casquillos, se levantan indicios y, entre tanto trámite, el mensaje de fondo se mantiene intacto: la vida de las mujeres vale lo que el cártel decida en turno.
En paralelo, el Ejército difunde imágenes impecables de filas de soldados, aeronaves de transporte pesado y comunicados sobre “combate a actividades delictivas”, como si el problema fuera de relaciones públicas y no de control territorial. El contraste es brutal: mientras la propaganda habla de recuperar la seguridad, los cuerpos siguen apareciendo en recámaras, calles y brechas, y los sicarios caminan por la ciudad con más confianza que cualquier ciudadano común.
Culiacán: ciudad sitiada… por la impunidad
Culiacán no es una ciudad militarizada, es una ciudad sitiada por la impunidad, donde el Cartel de Sinaloa lleva décadas administrando la violencia a su modo, y lo ocurrido con Rosalina encaja en el patrón: ataques quirúrgicos, sin que el “blindaje” oficial incomode la logística del crimen.
Mientras los gobiernos se toman la foto con los 1,600 soldados recién llegados, la ciudad manda su propio parte de guerra: mujeres asesinadas, mensajes en cuerpos tirados y colonias donde la ley es simple, brutal y no escrita.
Con informacion: LOS NOTICERISTAS/ @Redes/ DEBATE/

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