Los cárteles mexicanos descubrieron hace años algo que la clase política aún no entiende: gobernar es cosa de duplas.
El Chapo y El Mayo: CEO y director de operaciones
Mientras medio mundo se obsesionaba con el mito de El Chapo, sus túneles, sus series y su ego inflamado, el verdadero jefe de la empresa, El Mayo, seguía trabajando en silencio, contando dinero y pactando con todos los que importan. Uno era showrunner del narco–reality; el otro, el viejito de sombrero que prefería reuniones en la sierra antes que alfombras rojas y fotos con actrices.
El gobierno vendió la captura de Guzmán como “golpe histórico”, pero el Cártel de Sinaloa siguió respirando con respiración asistida: se llamaba Ismael Zambada y su especialidad era cambiar balas por acuerdos. Mientras uno daba entrevistas veladas vía Hollywood, el otro parecía más preocupado por no salir ni en la foto de la credencial del INE.
El Mencho y El Cuini: violencia SA de CV
En el CJNG también entendieron el modelo: si quieres un monstruo nacional, necesitas un rostro sangriento y un contador sin escrúpulos. El Mencho se quedó con la marca de la violencia; El Cuini, con la chequera que la hacía posible y una fachada de empresario que duró lo que tardaron las agencias gringas en leer los estados de cuenta.
La DEA lo retrató como el cerebro financiero que convirtió a Los Cuinis en la gasolinera del CJNG: ellos ponían el dinero, el cártel ponía los muertos y, entre todos, llenaban de mercancía los 32 estados del país. El Mencho se volvió el villano favorito; El Cuini, el tipo que demuestra que en el narco la contaduría es tan letal como un cuerno de chivo.
El Pez y El Fresa: narco lifestyle en la Nueva Familia Michoacana
En la Nueva Familia Michoacana, la dupla viene con apellido compartido y estilo opuesto: Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga. El Fresa se adueñó del reflector a punta de masacres, videos y outfit de lujo, como si Instagram fuera el Diario Oficial del crimen organizado.
El Pez, en cambio, es la versión veterana: se formó en la vieja Familia Michoacana y hoy opera como cerebro silencioso de una organización que mezcla drogas, extorsión y terror en el centro del país. Mientras uno posa en conciertos y zonas exclusivas, el otro entiende que en este negocio el verdadero poder no se graba en video, se susurra en territorio.
Manual narco para el éxito: siempre en pareja
La lógica se repite: músculo y cerebro, ruido y sigilo, ostentación y bajo perfil. Lo hicieron Sinaloa, el CJNG, la Nueva Familia Michoacana y antes el Cártel del Golfo, con Osiel Cárdenas moviendo la operación y Los Zetas poniendo la disciplina de cuartel.
La bicefalia no solo amplifica el alcance, también garantiza herencias: si cae el famoso, queda el discreto; si detienen al financiero, sobrevive el violento y por igual al «revés volteado». Las nuevas generaciones del narco aprendieron bien la lección de la vieja guardia: en México puedes cambiar de presidente, pero nunca de modelo de negocio criminal.
Con informacion: MILENIO/

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