Nada hay más patético que un periodismo que presume independencia mientras lame la mano que le arroja un hueso. En Tamaulipas, la objetividad huele a nómina y la pluma tiene precio, no vocación.
Ahí está Felipe Martínez Chávez, paradigma del comentarista que confunde la crítica con el encargo, la opinión con el contrato. En su vitrina editorial de Opinion Publica, Carmen Lilia CantuRosas,alcaldesa de Morena en Nuevo Laredo es la heredera del saqueo, “rapiñera” por linaje, casi una Cleopatra fronteriza que asalta presupuestos y ofende la moral del articulista… claro, hasta que una pauta lo mande a besar el anillo de otra casa grande.
Pero cuando el turno es de la Senadora,tambien de Morena, Olga Sosa, la misma pluma se derrite en halagos, repite cifras, aplaude oficios, celebra “productividad legislativa” y se calla con un pudor sospechoso los expedientes turbios que otros —menos dóciles— han documentado hasta el cansancio. La ética, ya se sabe, también se cotiza por kilo.
Así, el “periodismo de opinión” se convierte en relaciones públicas con comas, un servicio de entrega inmediata al mejor postor. Mientras unos “investigan” seleccionando adjetivos como si fueran favores, otros pagan porque su nombre brille entre líneas que ya no informan: sólo justifican.
Lo más grave no es la parcialidad, sino la hipocresía. Porque aquí no hay periodistas que fiscalicen el poder —hay operadores con calumnia. Y cada texto de este tipo no describe a las suspirantes a la gubernatura de Tamaulipas … describe a Felipe Martinez Chavez,el autor, a su estómago y a su patrón.
Con informacion: OPINION PUBLICA/OPINION PUBLICA/

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