Ser española o mexicana no modifica el desenlace: en México, ser mujer puede bastar para quedar expuesta a una maquinaria de violencia que el Estado mide, clasifica y administra, pero no logra —o no se empeña en— detener. Karla Margarita Pérez Jiménez, estudiante de Medicina de 22 años, salió de Irapuato para estudiar en Guadalajara; la búsqueda terminó junto a una motocicleta incendiada, en Nextipac, Zapopan, y la Fiscalía de Jalisco ni siquiera ha explicado públicamente sus líneas de investigación.
México feminicida: ni ser española ni ser mexicana cambia la sentencia
No importa si una mujer llega de España a estudiar un semestre o si deja Irapuato para estudiar Medicina en Guadalajara. En el México feminicida, el pasaporte no funciona como escudo, la universidad no garantiza refugio y una ficha de búsqueda puede terminar convertida en la última fotografía que circula antes del luto.
Karla Margarita Pérez Jiménez tenía 22 años. Era de Irapuato, Guanajuato, pero se trasladó a Guadalajara para estudiar Medicina. Desapareció el lunes; su familia comenzó a buscarla, difundió su ficha e incluso realizó marchas en Guanajuato. La encontraron ayer sin vida en Nextipac, Zapopan, junto a una motocicleta incendiada, cerca de avenida Nextipac y avenida CUCBA.
No es una escena de una serie criminal ni el guion de un país sin instituciones: es Jalisco, una de las entidades que presume modernidad, turismo, polos tecnológicos, gastronomía y vialidades, mientras sus mujeres siguen desapareciendo y apareciendo muertas en las orillas de la ciudad.
Su hermano confirmó la muerte con la frase que ninguna familia debería pronunciar: “Yo dije que venía por mi hermana y no me regresaba sin mi hermana, y hoy, con el corazón completamente destrozado, me toca regresar con ella, pero de una manera que jamás hubiera querido”.
Ahí está el retrato más brutal de un país que convierte a las familias en brigadas de búsqueda, investigadoras improvisadas, voceras del dolor y administradoras de la esperanza. El Estado aparece después: para acordonar, abrir una carpeta, prometer que investiga y, si acaso, ofrecer una conferencia cuando el caso ya explotó en redes sociales.
La Fiscalía de Jalisco todavía no informa las líneas de investigación. Nada nuevo: primero el silencio institucional, luego los tecnicismos, después la clasificación del delito y finalmente el riesgo de que el expediente se pierda entre cientos de carpetas que no alcanzan a incomodar a nadie en el poder.
En Morelos, el asesinato de la estudiante española Claudia Tacoronte volvió a exhibir la misma geografía del abandono: entre enero y septiembre de 2026, 70 mujeres fueron asesinadas, una cada cuatro días, de acuerdo con cifras citadas del Sistema Nacional de Seguridad Pública. De ellas, 22 fueron registradas como feminicidios y 48 como homicidios dolosos: la burocracia mexicana también sabe maquillar la barbarie cambiándole de nombre.
La jungla del Amazonas tiene depredadores, sí. Pero al menos no presume fiscalías especializadas, alertas de género, protocolos, gabinetes de seguridad, presupuestos millonarios y discursos diarios sobre la transformación. En México, el peligro no es que no haya Estado: es que lo haya, cobre impuestos, dé conferencias, publique estadísticas y aun así llegue demasiado tarde para las mujeres.
Karla Margarita no es una cifra, aunque el sistema acabará intentando convertirla en una. Era una joven de 22 años que se mudó para estudiar Medicina. Claudia Tacoronte no era una visitante extranjera que tuvo “mala suerte”: era una estudiante que vino a México y fue asesinada. Ser española o mexicana no importa cuando el país ha normalizado que ser mujer implique sobrevivir a la ausencia de protección.
Porque en este México, a veces parece que una joven estaría más segura en la jungla: ahí, por lo menos, nadie vendería la ilusión de que hay autoridades cuidándola.
Con información: ELNORTE/

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