El periodista Luis Chaparro pinta un operativo “quirúrgico” de Defensa con la inteligencia de EE.UU que, visto de cerca, huele más a ejecución sumaria que a captura fallida, y deja al Estado mexicano parado como mentiroso en su propio parte de guerra.
La versión oficial hecha trizas
La línea oficial es casi de manual de vocero castrense: operativo para captura, enfrentamiento, herido de gravedad, atención médica en vuelo y muerte “inevitable” rumbo a la CDMX.

El detalle incómodo citado Luis Chaparro es el acta de defunción: el Mencho aparece legalmente muerto en Tapalpa, con lesiones de tórax y extremidades inferiores, no “en tránsito” ni en un hospital capitalino, lo que dinamita el relato del general Trevilla. Es decir, mientras el secretario hablaba de un capo agonizando en el aire, en papel ya estaba certificado como cadáver en la sierra jalisciense.
Lo que cuentan los suyos
Las dos fuentes del CJNG no solo contradicen al gobierno, lo dejan expuesto: ambas afirman que al Mencho se lo llevaron muerto desde que lo subieron al avión, ya rendido y desarmado. Una asegura que era su secretario en Tapalpa, responsable de la franja Zapopan–Vallarta, y que el patrón ya había barajado mil veces entregarse a cambio de quitarle años al “2”, su hijo encarcelado de por vida en Estados Unidos.
El otro sobreviviente habla desde una cabaña sitiada:helicópteros disparando, pistoleros haciendo “su trabajo” y un jefe que, al verse con pocos hombres, decide entregarse para no morir como perro acorralado.
El gesto de rendición y la bala
El elemento más corrosivo para Sedena es el símbolo: el Mencho, con un M4, el fusil emblema de las fuerzas armadas gringas, lo avienta al suelo como bandera blanca improvisada.
Según las fuentes, esa señal no valió nada: el ejército lo “terminó abatiendo” después de que el capo había optado por vivir, y no por la clásica muerte de corrido norteño. Si eso se confirma, no estamos ante un “abatimiento”, sino ante una ejecución a sangre fría de un detenido potencialmente valiosísimo para Washington y para los propios militares mexicanos.
El sentimiento de traición y la guerra que viene
En el código de las cuatro letras, que el patrón se rinda y aun así lo maten es más que un cierre de expediente: es una traición a las reglas no escritas de la guerra sucia.
De ahí la lógica del estallido inmediato: ciudades incendiadas, bloqueos, reacción desproporcionada que solo se entiende si la tropa siente que el Estado rompió cualquiera de los acuerdos tácitos que se negocian en la sombra. Si un capo de esa talla muere rendido, el mensaje hacia abajo es brutal: no hay pactos, no hay salida negociada; solo queda la guerra total.
El vacío de poder y los monstruos que vienen
El secretario del Mencho añade el epílogo que el gobierno finge no ver: “apenas viene lo peor”, porque el jardinero se va y el que probablemente se quede es el 03, mientras el “sapo” —más poderoso que todos, fortalecido por escuelas de reclutamiento— termina de amarrar su propio ejército.
Ese reacomodo no es solo chisme de rancho: se cruza con hallazgos de narcofosas en el rancho Izaguirre y con una estructura criminal que ya opera como franquicia armada nacional. Chaparro cierra con la frase que ningún funcionario quiere pronunciar en público: una organización de ese peso, sintiéndose traicionada por las fuerzas armadas, equivale en los hechos a una declaración de guerra contra México.
Con informacion: LUIS CHAPARRO/PIE DE NOTA/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: