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domingo, 1 de marzo de 2026

«MILITARES y POLICIAS siguen LLEGANDO DESPUES de la BALACERA y CASI a la HORA del VELORIO en SINALOA»…hay boletines triunfalistas, pero no se mueve un centímetro la curva de homicidios, levantones y robos de carro.

Mazatlán parece “pacificada” en las grafiquitas oficiales, pero en la calle manda una guerra intestina del Cártel de Sinaloa que levanta, ejecuta y roba con la misma burocracia con la que el gobierno llena oficios.

Ciudad sitiada, teatro del absurdo

Soldados, marinos y policías cercan colonias completas como si el puerto fuera Fallujah, acordonan escenas, ponen conos naranjas y posan para la foto; luego se van, y los mismos pistoleros vuelven a cazar gente en moto o en carro como si nada.

Un motociclista puede cruzar Ejército Mexicano a la altura de Palos Prietos y terminar con el cuerpo destrozado por balas y fracturas, mientras un sedán abandonado queda como único testigo de que aquí la vida se extingue a la velocidad de una persecución.

La coreografía siempre es la misma: disparos, persecución, choque, muertos, patrullas que llegan tarde y un comunicado que no explica nada, porque la consigna es administrar cadáveres, no evitar que se produzcan y si lo estan intentando, es claro que no lo estan logrando.

La “Ola”: cifras de una guerra perdida

El propio conteo de Noroeste al 26 de Febrero, reconoce que, desde que se soltó la disputa entre Guzmán y Zambada, Sinaloa vive montado en una “Ola” de violencia que no baja: más de 2 mil 700 asesinatos y más de 3 mil 100 personas privadas de la libertad hasta finales de enero.

En el mismo periodo ya rebasaron los 9 mil vehículos robados, una industria paralela que funciona como financiera del crimen y que ocurre bajo las narices de todos los retenes militares que juraban venir a “blindar” el estado con fuerzas especiales.

La cereza del pastel son los más de 3 mil detenidos y alrededor de 170 abatidos: un número que sirve para boletines triunfalistas, pero que no mueve un centímetro la curva de homicidios, levantones y robos de carro.

Las tres violencias que desnudan el fracaso

El mismo Noroeste lo admite: los tres delitos que definen la pesadilla sinaloense son homicidios, privaciones de la libertad y robo de vehículos; ahí es donde debería medirse el éxito de cualquier estrategia, y ahí es precisamente donde el gobierno fracasa.

Las privaciones de la libertad incluso superan a los homicidios: hay miles de denuncias y fichas abiertas por gente que simplemente desapareció en manos de comandos, mientras el discurso oficial se entretiene presumiendo que bajaron “x por ciento” los asesinatos según el SESNSP.

El robo de vehículo mantiene promedios cercanos a 19 unidades al día, una fábrica de capital ilícito que financia patrullas sicarias, escoltas privadas del narco y operaciones diarias, mientras el ciudadano común reza para que al menos le dejen vivo el cuerpo aunque se lleven el carro.

Una estrategia que detiene, pero no contiene

La estrategia oficial es reactiva hasta la caricatura: llegan después de la balacera,a veces a la hora del velorio, levantan casquillos, custodian el cadáver y, con suerte, detienen a algunos operadores de cuarta categoría; la estadística de “personas detenidas” crece, pero las gráficas de homicidios y levantones se mantienen tercamente altas.

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Los propios boletines destacan enfrentamientos donde hay abatidos y aseguramientos espectaculares de armas y vehículos, pero en la misma nota aparece el recordatorio: la ola no se ha contenido y las cifras siguen acumulándose día tras día.

Es la lógica del exterminio administrativo: mientras la autoridad capture a alguien y le llame “objetivo prioritario”, puede darse por bien servida, aunque la estructura criminal se haya limitado a reemplazar al caído con otro muchacho dispuesto a morir y seguir cobrando piso.

Dos facciones, un solo infierno

La disputa interna del Cártel de Sinaloa entre la facción de los Guzmán y la de los Zambada con ayuda de los malos oficios del gobernador de Morena con vocación de Narco, convirtió al estado en un tablero donde cada colonia es casilla a disputar, y el resto de la población, simple daño colateral con CURP.

Mientras ellos se reparten rutas, bodegas y territorios, el saldo cotidiano es el de siempre: motociclistas acribillados, jóvenes levantados que terminan apareciendo en camionetas abandonadas, familias enteras despojadas de sus vehículos en carretera.

Y frente a eso, el gobierno presume que “ha reducido a la mitad” el promedio de homicidios en los últimos meses, mientras los desaparecidos se sitúan precisamente en la cantidad que reducen una entidad donde lastimosamente desaparecer equivale a morir. Las fosas, los desaparecidos y los robos de vehículo no son errores de captura en el Excel,sino síntomas de una plaza completamente fuera de control con triunfos intermitentes de detenidos de alto impacto que nunca impactan en lo social,en la seguridad.

Con información: NOROESTE/

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