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viernes, 13 de marzo de 2026

EL «EPITAFIO del SEGUNDO INTENTO»: «VEINTENA de EXPERTOS COINCIDEN PLAN A y B de SHEINBAUM es RECICLAJE IDEOLOGICO con BARNIZ de PUEBLO»…“ahorros” y “privilegios” es un eco de la vieja retórica populista donde la austeridad es excusa y el control, objetivo.


En el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, una veintena de expertos coincidió en lo obvio que el oficialismo niega: ni el Plan A ni el Plan B pretenden modernizar la democracia, sino amarrarla. Cada frase de Sheinbaum sobre “ahorros” y “privilegios” es un eco de la vieja retórica populista donde la austeridad es excusa y el control, objetivo. Porque aquí “reducir costos” significa podar instituciones incómodas.

El Plan B de Claudia Sheinbaum huele a reciclaje ideológico con barniz de “pueblo”. Y no de cualquier reciclaje: uno con raíces en el manual de Plutarco Elías Calles para fabricar hegemonías partidistas disfrazadas de estabilidad nacional. Son palabras del jurista Diego Valadés, pero bien podrían ser epitafio del segundo intento de Morena por eternizarse en el poder electoral.

Valadés lo dijo sin anestesia: el Plan B es un retroceso a 1910, con tintes de cruzada moral. Lo que se vende como reforma cívica, en realidad erosiona a los partidos —esos mismos que sostienen la pluralidad— y sustituye el debate público por la voz unívoca de la mañanera.

Javier Martín Reyes apuntó otro despropósito: la Presidencia invadiendo competencias de los estados bajo el argumento del “orden nacional”. Y cuando los límites constitucionales incomodan, Sheinbaum imagina consultas populares para todo, aunque el artículo 35 prohíba tocar temas electorales. Autoritarismo participativo, le dicen.

José Merino añadió que la Presidenta confunde privilegio con presupuesto. Y Luis Eduardo Medina completó la ecuación: cada recorte que aplaude la narrativa oficialista es un paso más hacia la concentración de poder. Ahorrar dinero costando democracia, el nuevo deporte nacional.

Leonardo Valdés reclamó seriedad: el ahorro prometido —cuatro mil millones de pesos— es insignificante frente al costo político de arruinar al INE, volver temporales sus juntas distritales y asfixiar su estructura técnica. Nada de eso suena a eficiencia: suena a golpe institucional.

En resumen, el Plan B no reforma: reconfigura el tablero para que solo quede una pieza en juego. La del poder.

Como lo sintetizó María Marván con sarcasmo de mujer cansada de advertir lo evidente: ojalá el Plan B, igual que el A, “se vayan al cielo”. Porque si se quedan en tierra, lo que baja no es una reforma: es un régimen

Con informacion: ELNORTE/ MEDIOS/

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