Visitanos tambien en:

viernes, 30 de octubre de 2026

“¿SI AXEL HABLARA de QUIENES GOBIERNAN, NO SOLO de QUIENES DISPARAN, AMÉRICO y GRANADOS saldrían EMBARRADOS?”...pero a la estrategia, claramente, eso no le interesa de este lado del Río.


Después de la violencia desatada en Matamoros tras la captura de Axel Alfredo Cárdenas, la discusión no debería agotarse en cuántos bloqueos se retiraron ni en cuánto puede desgastarse la imagen del gobernador de Morena Américo Villarreal o la del alcalde «Escorpión» Alberto “Beto” Granados. Para las víctimas y sus familias, el daño no es una caída en las encuestas: es una pérdida irreparable. Para los gobernantes, tendría que representar algo más incómodo que una crisis de comunicación: la obligación de explicar qué estructura permite al crimen organizado interrumpir la vida de una ciudad.

La pregunta de fondo tampoco es únicamente si Granados merece otro periodo. Es si las autoridades están dispuestas a investigar las posibles redes de protección política del grupo criminal, aunque las diligencias terminen tocando al Ayuntamiento, al gobierno de Américo Villarreal o a operadores del partido gobernante.

Porque una cosa es capturar a un presunto integrante del cártel y otra investigar el sistema que lo sostiene. Para lo primero puede bastar un operativo; para lo segundo hace falta que la voluntad no se termine donde empieza el poder.

Los votos no son un certificado de inocencia; los señalamientos tampoco son una sentencia

Granados ganó holgadamente en 2024: la suma de los votos del PT, el PVEM, Morena y sus combinaciones arroja 127,891 sufragios, frente a los 55,045 de la candidatura del PAN y el PRI. 

Pero una victoria electoral no absuelve de responsabilidades que pudieran acreditarse después. El respaldo ciudadano no es una póliza contra investigaciones penales.

Los señalamientos que hemos documentado sobre de la estructura de “El Contador” a las campañas de Américo Villarreal y de Granados deben ser esclarecidos no solapados por calculo politico y sumados a la cuenta que ya tienen el gobernador y el alcalde en EE.UU.

tratarse como líneas por esclarecer, no como hechos judicialmente establecidos. Lo mismo corresponde a la versión de que el alcalde habría intervenido en la supervisión de una medida cautelar del capo: antes de proclamar la complicidad, hay que exhibir la resolución, identificar quién fue designado, precisar sus obligaciones y documentar qué hizo o dejó de hacer.

La Ley Federal contra la Delincuencia Organizada ofrece una ruta bastante menos decorativa que la fotografía del detenido.

Su artículo 11 permite investigar las estructuras de organización, las formas de operación, los ámbitos de actuación y la identidad de sus integrantes; incluye también a las personas morales utilizadas para realizar sus fines delictivos. Es decir: la investigación puede seguir hacia empresas, operadores y mecanismos de funcionamiento. No tiene por qué quedarse estacionada junto al vehículo asegurado.

Los artículos 9 y 10 contemplan coordinación con Hacienda para investigar operaciones con recursos de procedencia ilícita y auditorías bajo los supuestos previstos en la ley. Seguir las transferencias, identificar beneficiarios y contrastar patrimonios no es una ocurrencia editorial: existen instrumentos legales para hacerlo.

Además, el artículo 2o. Ter sanciona, bajo sus condiciones específicas, la participación intencional y activa en actividades que contribuyan a los fines de la organización, con conocimiento de su finalidad y actividad delictiva general. La cuestión no es únicamente quién disparó, sino quién contribuyó conscientemente a que la estructura funcionara.

Artículo 2o. Ter.- También se sancionará con las penas contenidas en el artículo 4o. de esta Ley a quien a sabiendas de la finalidad y actividad delictiva general de una organización criminal, participe intencional y activamente en sus actividades ilícitas u otras de distinta naturaleza cuando conozca que con su participación contribuye al logro de la finalidad delictiva.

Eso exige individualizar conductas. No basta con decir “todos estaban enterados”. Hay que establecer quién avisó de un operativo, quién entregó recursos, quién facilitó una operación o quién utilizó sus atribuciones para beneficiar al grupo, si eso ocurrió.

La diferencia entre una acusación estridente y una investigación sólida está precisamente ahí: en demostrar los verbos, no solamente amontonar los apellidos.

¿Y si a Axel le plantearan una colaboración eficaz?

Esa es la pregunta que merece entrar a la discusión pública: ¿se explorará legalmente si Axel Cárdenas puede aportar información comprobable sobre la estructura criminal y sus posibles protectores?

No se trata de prometerle libertad a cambio de que pronuncie el nombre políticamente conveniente. Se trata de valorar, con su defensa y conforme a sus imputaciones y etapa procesal, si puede aportar información útil para perseguir responsabilidades mayores.

El artículo 35 de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada contempla beneficios por colaboración eficaz. Su fracción III permite una reducción de hasta la mitad de la pena cuando, durante el proceso, el imputado aporte pruebas ciertas y suficientes para sentenciar a otros miembros de la organización con funciones de administración, dirección o supervisión. No premia la simple delación: exige una aportación probatoria con las características que establece la norma.

Por otra vía, el artículo 256, fracción V, del Código Nacional de Procedimientos Penales permite considerar un criterio de oportunidad cuando el imputado aporte información esencial y eficaz para perseguir un delito más grave que el que se le atribuye y se comprometa a comparecer en juicio. Su aplicación está sujeta a los demás requisitos y exclusiones del artículo. No significa que cualquier nombre de mayor rango político habilite el beneficio: la gravedad debe ser jurídica, no mediática.

No son mecanismos intercambiables ni un derecho automático del detenido. Pero sí desmienten la idea de que el Estado carece de herramientas para obtener cooperación y utilizarla contra una estructura más amplia.

“Que hable” puede ser una exigencia política. “Que aporte información verificable y jurídicamente aprovechable” debe ser el objetivo de la fiscalía.

Nombres, fechas, dinero y pruebas: no un concurso de acusaciones

Una colaboración seria tendría que precisar quién se reunió con quién, cuándo, dónde, para qué y con qué consecuencias. Si hubo aportaciones ilegales, quién las entregó y quién las recibió. Si hubo protección institucional, mediante qué actos. Si hubo intervención electoral criminal, cómo operó y qué registros permiten acreditarla.

Después habría que contrastar esas afirmaciones con comunicaciones obtenidas legalmente, documentos, movimientos financieros, testimonios independientes y demás elementos pertinentes.

Porque un imputado que busca beneficios tiene incentivos para hablar, pero también podría tenerlos para exagerar, ajustar cuentas o desviar responsabilidades. La fiscalía no debe convertirse en su oficina de transcripción. Y la presunción de inocencia sigue vigente para cada persona señalada, conforme al artículo 13 del Código Nacional de Procedimientos Penales.

También habría que proteger a quien aporte información cuando corresponda: el artículo 34 de la ley contra la delincuencia organizada dispone apoyo y protección suficientes por parte de la FGR para quienes lo requieran por su intervención en estos procedimientos. Colaboración y protección tienen condiciones propias; ninguna debería improvisarse después de que aparezca el primer nombre incómodo.

El propósito no sería lavar la biografía del detenido. Sería impedir que la eventual responsabilidad de uno sirva de cortina para las responsabilidades de otros.

Si la evidencia sube al gobierno, la investigación no debe bajar la mirada

En ese escenario, ni Granados ni Américo Villarreal tendrían por qué ser considerados culpables por anticipado. Pero tampoco deberían quedar excluidos de una investigación por el cargo que ocupan o por el partido al que pertenecen.

La propia ley contempla una consecuencia agravada cuando participa un servidor público: el artículo 5o., fracción I, establece el aumento de hasta una mitad de las penas del artículo 4o., además de destitución e inhabilitación. El nombramiento no es una atenuante de cortesía.

El límite real podría no estar en la ley, sino en quién resulte señalado

Aquí está el punto políticamente más incómodo: una colaboración de Axel podría ser celebrada mientras sirviera para identificar rivales criminales. La prueba de voluntad llegaría si aportara datos verificables sobre posibles beneficiarios o protectores dentro del poder en turno.

Entonces sabríamos si se busca desmantelar una estructura o administrar el alcance de sus revelaciones.

Pero hay una sospecha que debe formularse con toda su fuerza: ¿habría el mismo entusiasmo por escuchar al detenido si sus respuestas comprometieran a quienes hoy gobiernan?

La autoridad tendría que despejarla con diligencias, corroboraciones y resultados sujetos a los límites legales de publicidad; no con el acostumbrado “no hay impunidad”, esa frase que resulta tan económica cuando no viene acompañada de expedientes.

Porque si la colaboración solamente interesa mientras acusa hacia afuera, no se está buscando toda la verdad: se está seleccionando la parte políticamente soportable.

Matamoros no necesita que le expliquen otra vez lo importante que fue la captura. Necesita saber si habrá una investigación capaz de cruzar la frontera que de verdad importa: la que separa al delincuente exhibido del poder que lo mantenía protegido en nombre de los arreglos con su padre, el verdadero capo.

Con información: LEY FEDERAL CONTRA LA DELINCUENCIA ORGANIZADA/ CNPP/ medios/redes/

“¿FUE la PRESIDENCIA?: ANÁLISIS de MAGENTA PLANTEA que el ESCÁNDALO en el INE es MÁS que una NOVELA de CONTRATOS, ROMANCE y CHAMPÁN”… es el eterno pleito por el poder.


En la mesa de Código Magenta, el escándalo del INE se plantea como algo más que una novela de contratos, romance y champaña: una disputa por el botín. La hipótesis de los panelistas es que Presidencia habría impulsado la salida de Guadalupe Taddei para desplazar a un grupo y entregar el control a otro. Limpieza institucional, sí… pero con sospechoso olor a mudanza de intereses.

Según esa lectura, detrás del pleito estaría la renovación tecnológica del instituto rumbo a 2027 y una confrontación entre José Alfredo Hernández, señalado como proveedor favorecido, y Pepe Merino, responsable de la estrategia digital del Gobierno. La mesa interpreta las filtraciones como munición de esa guerra interna, aunque la transcripción no aporta pruebas que permitan dar por acreditada esa operación.

El señalamiento de fondo apunta a Morena: los participantes le reprochan haber debilitado los contrapesos y concentrado atribuciones en la presidencia del INE. Ahora, sostienen, el oficialismo pretende hacerse el sorprendido frente al desorden que ayudó a cocinar. La pregunta incómoda no es quién descorcha la champaña, sino quién firma los contratos, quién cobra y quién termina pagando los platos rotos.

El cierre es una advertencia: quitar a una persona no sanea una institución si permanecen la discrecionalidad y las mismas redes de proveedores. Sin investigaciones y responsabilidades acreditadas, la anticorrupción corre el riesgo de quedarse en lo de siempre: fuera los de antes, que ya llegaron los nuestros.

Con información: CODIGO MAGENTA/

«SINALIVIO y MATAULIPAS: la JUSTICIA HACE CARPETAS, las VÍCTIMAS HACEN FILA y el REZAGO YA TIENE MEMBRETE OFICIAL»… hermanitos gemelos.


Una acumula más de 106 mil investigaciones sin concluir; la otra arrastra casi 36 mil procedimientos pendientes. Distintas dimensiones, una misma pregunta incómoda: ¿la Fiscalía investiga delitos o administra la espera?

En Sinaloa, la justicia tiene una especialidad que no presume en las conferencias: amontonar pendientes. La Fiscalía General del Estado cerró 2025 con 106 mil 146 carpetas de investigación sin concluir, según los datos del censo del INEGI que recoge Ríodoce. No es una errata: son más de cien mil expedientes esperando que la procuración de justicia deje de conjugarse en futuro. 

En Tamaulipas, el balance es semejante en mediocridad oficial, registra 35 mil 788 procedimientos pendientes. Las cantidades y las unidades estadísticas requieren sus reservas; la pregunta de banqueta, no: ¿para cuándo van a investigar lo que ya recibieron?

Sinaloa: el delito acelera y la Fiscalía mete otros cinco empleados

El rezago sinaloense pasó de 85 mil 875 carpetas al cierre de 2024 a 106 mil 146 en 2025: veinte mil expedientes adicionales y todavía sobran otros 271. Mientras tanto, la plantilla pasó de mil 896 a mil 901 trabajadores. Cinco personas más. Esa fue la diferencia de personal entre un año y otro frente a una montaña de asuntos que siguió creciendo.

Ríodoce sitúa ese aumento en el contexto de la violencia desatada desde septiembre de 2024 por la confrontación entre Chapitos y Mayos, con incrementos en homicidios dolosos, robos de vehículos y desapariciones, un segmento donde Tamaulipas es «campeón nacional de la barbarie» con la cifra oficial mas alta, bajo especulación de ser el doble.

El crimen multiplicó el trabajo; la institución prácticamente conservó el mismo tamaño. Para atender el universo de investigaciones, el reporte identifica 398 ministerios públicos, 232 peritos y 782 investigadores.

A ras de banqueta, el contraste se entiende sin diplomado: a la víctima le entregan un número de carpeta; a la Fiscalía le falta capacidad para que ese número se convierta en una respuesta.

“Resuelto” no significa culpable ante un juez

Aquí aparece el truco del lenguaje administrativo: una salida estadística puede sonar a justicia consumada aunque no lo sea.

Según Ríodoce, de las 33 mil 304 carpetas reportadas como resueltas durante 2025, alrededor de seis mil fueron judicializadas; 12 mil 296 terminaron en archivo temporal y en 10 mil 864 se decretó el no ejercicio de la acción penal. Es decir, el archivo temporal y el no ejercicio concentraron bastante más asuntos que la judicialización, una truculencia que también se repite y con eficiencia asombrosa en Tamaulipas.

La distinción importa: tramitar no es sinónimo de esclarecer, y bajar un expediente de una columna no explica, por sí solo, qué obtuvo la víctima.

Lo que sí corresponde es exigir el fundamento de esas determinaciones, su motivación y sus resultados. Porque una Fiscalía no puede pedir aplausos por limpiar su escritorio sin explicar qué pasó con la denuncia.

El membrete acredita quién expidió el documento. No acredita que se haya hecho justicia.

Tamaulipas: más aparato no equivale a mejor respuesta

Del otro lado, Tamaulipas ofrece una variante del mismo problema. Según las cifras que hemos reproducido en Valor Tamaulipeco, su Fiscalía contó en 2025 con 2 mil 527 personas servidoras públicas, 296 unidades, agencias o fiscalías del Ministerio Público y un presupuesto ejercido de mil 613.2 millones de pesos. Reportó 39 mil 923 carpetas abiertas y cerró el año con 35 mil 788 procedimientos pendientes de concluir.

Tiene oficinas, personal y presupuesto. Eso no demuestra que los recursos sean suficientes ni que estén bien distribuidos; sí obliga a preguntar qué producen, dónde se atoran las investigaciones y quién responde por los cuellos de botella.

El mismo reporte consigna mil 499 personas con formulación de imputación y mil 371 vinculadas a proceso. Son datos que merecen explicación institucional, no confeti propagandístico. Pero tampoco deben convertirse, mediante una división apresurada, en una supuesta tasa de impunidad: personas, carpetas, determinaciones y procedimientos no son unidades intercambiables ni necesariamente corresponden a los mismos casos

La crítica no necesita hacer trampa con la calculadora. El pendiente ya es suficientemente escandaloso.

En Sinaloa, el coordinador del Consejo Estatal de Seguridad Pública plantea duplicar el presupuesto conjunto de las instituciones locales de seguridad y justicia, de cinco mil a diez mil millones de pesos. Ojo: habla del conjunto institucional, no únicamente de la Fiscalía. La insuficiencia de recursos merece atención; también merece controles para que más dinero no termine comprando una versión ampliada del mismo rezago.

Porque la víctima no denunció para convertirse en inventario. Denunció para que investigaran.

Y cuando la respuesta pública se reduce a “su carpeta sigue en trámite”, el Estado podrá tener razón en el vocabulario procesal, pero sigue debiendo lo esencial: explicar qué demonios está haciendo con ella.

Con información: RIODOCE/

“GOBIERNO y CFE MANOS de ESTÓMAGO: EMPRESA que TE COBRA el SERVICIO como SI FUERA de CLASE MUNDIAL perdió OTROS 23 MIL MILLONES de PESOS”… Los recibos de primera, cuentas de pena.


Al gobierno de las “manos de estómago” se le volvió a indigestar la administración de la Comisión Federal de Electricidad. Mientras al usuario le cobra con pretensiones de servicio de clase mundial, la empresa estatal cerró el tercer trimestre con una pérdida neta de 23 mil 310 millones de pesos. Para exigir el pago, toda una potencia; para entregar buenas cuentas, ya no tanto.

El contraste no admite maquillaje: en el mismo trimestre del año pasado, la CFE había reportado una utilidad neta de 56 mil 416.2 millones de pesos. Ahora pasó de presumir ganancias a explicar pérdidas. Y en el acumulado de enero a septiembre, la utilidad se desplomó 80.5 por ciento, hasta quedar en 24 mil 313 millones. Todavía hay ganancias acumuladas, sí, pero bastante menos material para la propaganda.

La explicación de la empresa merece consignarse, aunque le estropee la comodidad al discurso de uno y otro lado: atribuye principalmente la caída del resultado acumulado a una menor utilidad cambiaria por la valuación de obligaciones en moneda extranjera. Sostiene, además, que se trata de un efecto contable y no de una salida equivalente de efectivo.

Dicho sin maromas: no significa que esos miles de millones hayan salido íntegros de la caja ni demuestra, por sí solo, un desfalco. Pero tampoco convierte el deterioro financiero en una buena noticia. La contabilidad no deja de importar cuando deja de servir para presumir.

Y el problema no termina en el tipo de cambio. Según la información citada, por primera vez en seis años disminuyeron los ingresos acumulados al cierre de septiembre: sumaron 518 mil 460 millones de pesos, una contracción anual de 1.1 por ciento. Son 5 mil 539 millones menos. La CFE lo atribuye a menores ingresos por la venta de combustibles a terceros, al comportamiento del precio del gas natural y a la reducción de tarifas industriales y comerciales.

Para completar el tablero, la deuda total alcanzó 501 mil 316 millones de pesos al 30 de septiembre: un incremento anual de 18.7 por ciento. Menos ingresos, una utilidad acumulada que se encoge y más deuda. No es precisamente la combinación con la que se acredita una administración ejemplar.

Cobrar caro por dar un servicio barato no garantiza obtener utilidades; afirmar lo contrario sería tan simplón como pretender que toda pérdida contable equivale a dinero desaparecido. Lo que sí corresponde exigirle al gobierno es que explique, con cifras completas y sin incienso partidista, cuánto del deterioro responde al entorno financiero, cuánto a decisiones de política pública y cuánto a su propia gestión.

Porque una empresa pública no está para alimentar ceremonias de autocomplacencia. Está para prestar un servicio y rendir cuentas. Y a este gobierno de “manos de estómago” le corresponde demostrar que sabe administrar la electricidad con algo más que discursos: al usuario no le aceptan propaganda como forma de pago.

Con información: ELNORTE/