El presidente de la Junta de Gobierno del Congreso dominado por Morena,dominados por el gobernador de Tamaulipas, el ex-panista Humberto Prieto Herrera, señaló que los diputados interesados en buscar la reelección deberán esperar las convocatorias internas de sus respectivos partidos antes de definir su participación en el proceso electoral de 2027.
No esperan reglas: esperan saber por qué puerta seguirá pasando el poder. La reelección, vendida como continuidad democrática, vuelve a exhibir su versión más cómoda: la de funcionarios que confunden la vocación pública con una membresía renovable al presupuesto.
Traducido del dialecto partidista: primero hay que saber quién reparte las candidaturas; después, si acaso, se habla de representar a la gente.
El servicio, según ellos
Porque el ciudadano puede esperar. El distrito puede esperar. Las promesas pueden esperar. Lo urgente, al parecer, es conocer las reglas del reparto.
Dicen que la ley aún permite la reelección, como si esa frase por sí sola fuera una absolución moral. Pero que algo sea legal no lo vuelve automáticamente legítimo, útil ni digno. También es legal aspirar a quedarse; lo que falta explicar es qué hicieron para merecerlo.
La reelección como premio automático
“La reelección todavía la permite la ley”, dice Prieto Herrera. Cierto. La ley abre la puerta. Pero no obliga a cruzarla con el mismo entusiasmo con que algunos políticos se acercan a cualquier cargo que conserve oficina, micrófono, asesores y presupuesto.
La pregunta no es si pueden reelegirse. La pregunta es por qué deberían.
- ¿Qué iniciativa relevante impulsaron?
- ¿Qué problema del distrito resolvieron?
- ¿Qué recursos transparentaron?
- ¿Cuántas veces rindieron cuentas, sin acarreados, sin boletines triunfalistas y sin la coreografía habitual del aplauso?
- ¿Qué beneficio concreto recibiría Tamaulipas con otros años de los mismos nombres?
Sin esas respuestas, la reelección corre el riesgo de ser lo que tantas veces ha sido: una prórroga para la clase política, no una evaluación para el servidor público.
“Todos tenemos aspiraciones”
La frase es de una sinceridad involuntaria: “Todos somos políticos… todos tenemos aspiraciones… y queremos seguir sirviendo a nuestro Estado”.
Ahí está el mecanismo completo, comprimido en una sola oración. Primero la aspiración; después el servicio. Primero el futuro político; después el interés público. Primero la candidatura; después, quizá, el ciudadano como utilería electoral.
No hay nada malo en tener ambición. El problema comienza cuando la ambición se disfraza de altruismo y exige aplauso por querer conservar poder. Servir no es permanecer. Servir no es ascender. Servir no es obedecer la convocatoria del partido como si fuera un mandato popular.
Servir es dejar resultados verificables y aceptar que, si no los hubo, el puesto no es patrimonio personal ni premio de antigüedad.
El partido dicta, el ciudadano espera
Prieto Herrera también dijo que esperará “lo que mi partido dicte”.
Y esa es quizá la declaración más reveladora de todas. No dijo que escuchará a Reynosa. No dijo que recorrerá el municipio para consultar prioridades. No dijo que expondrá un balance de su trabajo para que la ciudadanía decida si merece continuidad. Dijo que esperará lo que el partido dicte.
La democracia mexicana tiene esa vieja enfermedad: candidatos que juran representar al pueblo, pero primero rinden obediencia a la cúpula que los postula. La voluntad ciudadana aparece hasta el final del proceso, cuando llega la boleta y se le pide al votante validar una decisión cocinada lejos de él.
La candidatura no debería ser un premio de disciplina interna. Debería ser una consecuencia de resultados públicos.
La pregunta incómoda
El Instituto Electoral de Tamaulipas ya aprobó lineamientos de reelección para el proceso 2026-2027, que renovará el Congreso y los 43 ayuntamientos; la elección está prevista para el 6 de junio de 2027.
Perfecto: hay calendario, lineamientos y procedimientos. Ahora falta lo esencial, eso que ningún reglamento partidista garantiza: memoria.
Que cada diputado que quiera repetir responda con datos, no con consignas:
- Qué prometió.
- Qué votó.
- Qué gestionó.
- Qué cambió.
- A quién benefició.
- Qué intereses defendió cuando nadie estaba mirando.
Porque Tamaulipas no necesita legisladores ansiosos por “definir su futuro político”. Necesita representantes dispuestos a someter su presente al escrutinio público.
La reelección puede ser una herramienta democrática, sí. Pero sólo cuando funciona como examen, no como trámite; como castigo al mal desempeño, no como premio a la obediencia; como derecho de los ciudadanos a conservar a quien cumple, no como derecho adquirido de quienes ya se acostumbraron al cargo.
Con información: Hoytamaulipas/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: