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martes, 29 de septiembre de 2026

«HAY COCA para AVENTAR Pa’ ARRIBA: BOLIVIA ROMPE RÉCORD, 364 KM² de COCA SEMBRADA»… el tamaño de Granada.


Bolivia cerró 2025 con 36.400 hectáreas de coca sembradas, un récord por tercer año consecutivo. Para hacerse una idea de la escala: son 364 kilómetros cuadrados, una superficie mayor que la de Granada, el país caribeño de 344 kilómetros cuadrados. No hablamos de un sembradío perdido en el monte, sino de una extensión equivalente a un país entero, con terreno de sobra. 

La ley boliviana permite 22.000 hectáreas. El resto —14.400 hectáreas, o 144 kilómetros cuadrados— rebasa ese límite. Y mientras los cultivos crecen, el mercado legal de la hoja no les sigue el paso. En el Trópico de Cochabamba la desproporción es aún más vistosa: 17.470 hectáreas sembradas frente a 7.700 autorizadas, y menos del 10% de la producción regional vendida en el mercado habilitado durante 2025.

La coca tiene usos tradicionales y legales; sembrarla no equivale automáticamente a fabricar cocaína. Pero tampoco basta con invocar la tradición para despachar semejante diferencia. InSight Crime cita una estimación de hasta 275 toneladas de cocaína potencial a partir de la hoja que queda fuera del mercado autorizado. Es una proyección, no una cantidad cuya producción se haya comprobado. 

El gobierno de Rodrigo Paz anunció una nueva política antidroga para 2026-2030 y busca recomponer la cooperación con la DEA. Entretanto, el récord deja una pregunta incómoda sobre la mesa: si el mercado legal no absorbe ese crecimiento, ¿quién lo está haciendo? Porque cuando la superficie cultivada supera la de un país, esconder el problema debajo de la alfombra exige una alfombra francamente descomunal. 

Un estudio de la Universidad Internacional de Florida identifica a los cárteles mexicanos como compradores importantes de cocaína boliviana y describe rutas hacia Centroamérica o directamente a la costa mexicana del Pacífico. 

También documenta una vía que pasa por Chile. Eso confirma que México forma parte del circuito, pero no demuestra que sea el destino principal de la producción boliviana. El mismo estudio señala que volúmenes crecientes salen de Bolivia hacia el este y el sur, incluidos Brasil, Paraguay y Argentina, para abastecer otros mercados.

Con información: INSIGHT CRIME/

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