Doce años que atraviesan por tres sexenios. Ocho madres y padres murieron sin saber dónde están sus hijos. Y los 43 normalistas de Ayotzinapa siguen sin aparecer. Para las familias, el tiempo no es una efeméride: es la vida que se les acaba buscándolos.
En cada sexenio cambian los discursos y se acomoda la versión oficial. Lo que no cambia es la exigencia de las familias: verdad, justicia y acceso a los archivos militares que, sostienen, aún faltan por entregar.
También piden que regresen los expertos internacionales a la investigación. No están pidiendo que el gobierno les fabrique una verdad a su gusto y modo; están pidiendo que abra lo que falta y responda por lo que sabe.
«Aquí estaremos hasta que Dios nos preste vida», dijo una de las madres. Ocho madres y padres ya no pudieron seguir esperando. Esa es la medida más brutal de la impunidad: mientras el poder administra explicaciones, las familias entierran a quienes buscaban respuestas.
Con información: ELUNIVERSAL/

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