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miércoles, 30 de septiembre de 2026

«AHÍ TE HABLAN, AMÉRICO: REPARTO de CORCHOLATAS en 2027 EXHIBE el OLFATO del TUCÁN y GANA ESPACIO en CUATRO»…nadie debe dar por sentado que va a sentarse en Tamaulipas 2028.


La política mexicana ya no necesita guionistas: le basta una mesa de negociación y un tucán con buen olfato. Ahora, en el reparto de las corcholatas rumbo a 2027, su aliado más sonriente es el Partido Verde. De las 17 gubernaturas en juego, el PVEM ganó espacio en cuatro: Quintana Roo, Nayarit, Baja California Sur y San Luis Potosí. Cuatro de 17: casi una cuarta parte del tablero. No está mal para quien sabe llegar a tiempo a todas las fiestas.

El reparto tiene sus matices, y ahí está lo sabroso. En Quintana Roo, Nayarit y Baja California Sur, el Verde colocó perfiles favorecidos por las decisiones del oficialismo. En Baja California Sur, Manuel Cota obtuvo incluso una credencial de Morena para participar en el proceso interno, aunque seguía en la bancada pevemista. En Nayarit, la elegida fue la senadora verde Jasmine Bugarín: según informó la dirigencia morenista, Héctor Santana había encabezado la encuesta, pero cedió el paso por el criterio de paridad.

San Luis Potosí merece capítulo aparte. Ahí Morena no entregó formalmente su candidatura al Verde: anunció que competirá por separado con Elí César Cervantes. El PVEM, por su parte, prevé postular a Ruth González Silva, senadora y esposa del gobernador Ricardo Gallardo. 

La prohibición constitucional del nepotismo electoral empezará a aplicarse en 2030, pero Morena asumió el compromiso de observarla desde 2027. Así que la contradicción política no necesita maquillaje: el partido de la presidenta dice no a la sucesión familiar mientras su aliado mantiene abierta esa puerta.

Y mientras el tucán encuentra percha, el PT miraba el reparto desde fuera y denunciaba que sus propuestas fueron desplazadas. La fotografía de la coalición resulta peculiar: unos piden encuestas, otros reciben posiciones y todos son invitados a gritar «unidad» al final de la función

Lo de 2027 importa también por lo que viene después. En 2028 tocará renovar la gubernatura de Tamaulipas, hoy en manos de Morena y de Américo Villarreal. Cualquier aspirante que se crea indispensable en el partido guinda, haría bien en estudiar la lección y recalcular sus posibilidades: en el oficialismo, las siglas propias no garantizan la candidatura, y el aliado que parecía comparsa puede terminar quedándose con el papel principal.

Eso no significa que exista ya un acuerdo para Tamaulipas; significa que el reparto de 2027 ofrece un precedente político que ninguno de los suspirantes sin visa debería pasar por alto.

En esta temporada de corcholatas, el Verde parece haber encontrado una versión más práctica: primero apartar lugar.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/SALVADOR CAMARENA

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