México y particularmente Tamaulipas,aun bajo el gobierno de MORENA de Americo Villarreal, se están convirtiendo en una república de cuotas, amenazas y funcionarios que administran el silencio. La extorsión crece como espuma, pero no por generación espontánea: crece donde la autoridad finge no verla, donde la denuncia se archiva y donde la impunidad funciona como incentivo empresarial para el crimen que tiene a ciudadanos convertidos en cajero automático y toda actividad productiva, licita e ilícita bajo cuota donde todos pagan, hasta el gobierno.
La extorsión ya no se esconde: se anuncia en mantas, se cobra en comercios y se disfraza de proveedor “obligatorio”. Mientras el poder vende mesas de seguridad y comunicados de utilería, en Monterrey y Reynosa el ciudadano está haciendo el trabajo que el Estado dejó tirado.
En Monterrey, el hartazgo ya cuelga de puentes y estructuras públicas. Mantas dirigidas a autoridades denuncian cobros de piso, amenazas a locatarios y presunta venta de droga en bares del centro.

Es la postal de un Estado rebasado —o cómodamente ausente—: ciudadanos exhibiendo en letras enormes lo que las instituciones aseguran combatir desde sus oficinas climatizadas.
Y mientras Nuevo León pone el desorden en mantas, Reynosa,la ciudad que sobrevive con percepción ciudadana de inseguridad cercana al 90%,según el INEGI, lo padece en la mesa por los malos oficios de su gobernador.
Ahí la extorsión no se limita al cobro de piso: se mete a la cocina, al mercado y al negocio pequeño. El mecanismo es brutalmente simple: imponer quién vende el huevo, el limón, el aguacate, el tomate o el pollo; cerrar la libertad comercial a punta de amenaza; transformar una red de distribución en una aduana criminal donde el comerciante paga, compra y calla.

De acuerdo con nuevos señalamientos difundidos en redes y publicaciones locales, tras la detención de Jesús Daniel Alcaraz Requena, el control de la venta forzada de huevo habría quedado en manos de Juan Manuel Flores Zapata y su hijo, conocido como “JR” ,pero ademas identifica a los «cobrones» del limón,tomate y aguacate.

La acusación de comerciantes es que los operadores del Cartel del Golfo recorren negocios para intimidar y forzar compras exclusivas; si alguien intenta adquirir mercancía con otro proveedor, llega la advertencia de siempre: “la compañía” o “la maña” irá a revisar el local. No venden productos: venden miedo con factura informal.
El crimen organizado, como hidra de mil cabezas, sacrifica una pieza cuando le conviene y enseguida coloca otra. Detienen a un operador, anuncian un golpe, presumen resultados y hasta ponen cara de triunfo frente a las cámaras.
Pero la maquinaria sigue encendida porque el problema no es un individuo: es la reconocida estructura de intimidación que dirigen dos ex-militares,captura rutas, proveedores, mercados, taxis, bares, colonias y silencios.
La diferencia ahora es que las redes sociales se han convertido en inteligencia colectiva callejera. Cuando fiscalías, policías y mesas de coordinación parecen llegar tarde —o no llegar—, ciudadanos fotografían, identifican, denuncian y documentan.
No sustituyen una investigación ministerial ni deberían cargar con esa obligación, pero están dejando en evidencia una verdad incómoda: la gente ya entendió que el crimen se reorganiza más rápido de lo que el gobierno redacta un boletín.
No basta con sentarse alrededor de una mesa, repartir café y bautizar la ceremonia como “coordinación por la paz”. Reynosa no necesita otro montaje institucional con micrófonos, chalecos y estadísticas maquilladas. Necesita investigaciones que sigan el dinero, desarmen las redes de proveedores impuestos, protejan a los comerciantes, persigan a los cobradores y aclaren sin evasivas cualquier nexo, cercanía o protección política denunciada públicamente.
Porque cuando al comerciante le elige el proveedor una célula criminal, cuando en Monterrey la protesta termina colgada en una manta, y cuando en Reynosa las redes exhiben a quienes ejercen el control territorial, ya no estamos ante hechos aislados.
Estamos viendo un país donde el crimen pretende cobrar impuestos sin tener que ganar elecciones, y donde demasiados gobiernos parecen conformarse con administrar el desastre y vender humo como política pública.
Con información: @VivoenMarte2/ Medios/

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