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martes, 29 de septiembre de 2026

«MÉXICO PISA el FRENO: MENOS CUNAS, MÁS CANAS y MÁS MALETAS: INEGI». El país no se está vaciando; lo que perdió fue la costumbre de multiplicarse a toda prisa.


México todavía crece, pero ya no a la velocidad de antes. La Encuesta Intercensal 2025 del Inegi estima una población de 130.9 millones de personas, unos 4.9 millones más que en 2020. La tasa de crecimiento promedio anual, sin embargo, fue de apenas 0.7 por ciento: lejos del 2.1 por ciento registrado entre 1990 y 1995. El país no se está vaciando; lo que perdió fue la costumbre de multiplicarse a toda prisa.

La cuna ya no manda

El cambio se nota en los nacimientos. Entre las mujeres de 12 años y más, el promedio de hijos nacidos vivos bajó de 2.1 en 2020 a 1.9 en 2025. Pero conviene no revolver indicadores como si fueran lo mismo: ese promedio cuenta los hijos que las mujeres han tenido a lo largo de su vida; la tasa global de fecundidad estima los hijos por mujer a partir de los nacimientos recientes. Esta última cayó de 1.9 en 2019 a 1.2 en 2024. En Ciudad de México llegó a 0.8. 

La tentación es declarar una «crisis» y salir a exigir bebés. Dosia Calderón, representante adjunta del Fondo de Población de las Naciones Unidas en México, plantea una pregunta menos cómoda: ¿cuántas personas no pueden tener la familia que desean por falta de dinero, empleos dignos o apoyo para cuidar? Según la encuesta de ese organismo citada en la información proporcionada, 21 por ciento de las personas en México cree que no podrá tener el número de hijos que quiere. El problema, bajo esa mirada, no se resuelve sermoneando a nadie sobre su vida reproductiva, sino ampliando sus posibilidades reales de decidir.

Más cumpleaños, otros hogares

Mientras disminuye el peso de las generaciones más jóvenes, México envejece. La edad mediana pasó de 29 a 32 años entre 2020 y 2025, y la población de 65 años y más ya representa alrededor de una décima parte del total. No es que el país amaneciera viejo de golpe: la pirámide poblacional lleva años cambiando de forma, aunque la planeación pública no siempre parezca llevarle el paso.

También se mueve la idea de «familia típica». De acuerdo con las cifras presentadas, entre 2020 y 2025 aumentaron los hogares unipersonales, de 12.4 a 15 por ciento, y las parejas sin hijos, de 15.4 a 17.6 por ciento. Más de un tercio de los hogares tenía jefatura femenina en 2025. La vivienda, los cuidados y los servicios públicos tendrán que responder a hogares cada vez menos parecidos al retrato familiar de siempre.

Si no se quedan, se van

La desaceleración demográfica no significa que la gente se haya quedado quieta. Entre octubre de 2020 y octubre de 2025, cerca de 1.26 millones de personas que vivían en México emigraron a otro país, frente a unas 803 mil en el quinquenio anterior. Es un aumento considerable; llamarlo «casi 16 por ciento», como hace el texto original, se queda muy corto. El Inegi también advierte que su encuesta no registra los hogares cuyos integrantes emigraron todos.

Dentro del país hay otra mudanza en marcha: Baja California Sur, Quintana Roo y Querétaro registraron los mayores saldos migratorios internos positivos; Ciudad de México, Guerrero y Tabasco, los más negativos. La población no solo cambia de tamaño: cambia de domicilio, y con ella se desplaza la demanda de vivienda, transporte, escuelas y atención médica. 

Las aulas levantan la mano

No todo en esta radiografía apunta hacia abajo. La asistencia escolar aumentó entre 2020 y 2025 en los tres grupos de edad medidos por el Inegi: de 61.9 a 70.4 por ciento entre los niños de 3 a 5 años; de 92.7 a 96 por ciento entre los de 6 a 14; y de 44.4 a 47.3 por ciento entre los jóvenes de 15 a 24. El analfabetismo bajó de 4.8 a 3.7 por ciento, mientras el promedio de escolaridad subió de 9.7 a 10.3 años. Hay avances, aunque ese 47.3 por ciento entre los jóvenes también deja claro que no alcanza para echar las campanas al vuelo. 

México, en suma, no enfrenta un apagón poblacional inminente. Enfrenta algo menos espectacular y bastante más exigente: menos nacimientos, más envejecimiento, hogares distintos y gente que se mueve dentro y fuera del país. El reto no es convencer a la estadística de volver al pasado, sino dejar de gobernar como si el país no hubiera cambiado.

Con información: ELNORTE/ INEGI/

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