Detrás de cada carro calcinado y cada coraza artesanal oxidándose en la pensión vehicular de Culiacán no hay “éxito operativo”: hay la bitácora chatarra de una estrategia que fracasó y no lo quiere admitir.
Cementerio de fierros, monumento a la derrota
Al oriente de Culiacán, la Fiscalía convirtió su pensión vehicular en archivo metálico de la narcoguerra: más de 2,500 unidades baleadas, incendiadas, chocadas, monstruos artesanales y hasta aeronaves apiladas como basura de un Estado que solo llega después del tiroteo para recoger cascos y fierros.
Cada carro calcinado es un episodio de la guerra entre Los Chapitos y La Mayiza, desatada desde 2024, que ya dejó más de 3 mil muertos,casi 4 mil desaparecidos y casi el centenar de agentes estatales y municipales asesinados, pero que el discurso oficial vende como “control territorial” y “pacificación en marcha”.
En ese cementerio de autos conviven un Corvette amarillo empolvado, patrullas cribadas a tiros y vehículos recientes quemados durante ataques con explosivos en fraccionamientos residenciales, mientras un letrero de la propia Fiscalía advierte muy campante que no se hace responsable del deterioro de los vehículos.
Traducido a lenguaje llano: el Estado no responde ni por los carros que le dejan en resguardo, mucho menos por los vivos que se esfuman en medio de retenes militares y convoyes blindados.
Efectividad: no se mide en fierros
El cementerio de autos en la carretera Culiacán–Imala es el espejo incómodo de la estrategia: el Estado administra el after de la balacera, no evita la balacera.
Cada vehículo oxidándose detrás de un retén militar es un recordatorio de que el gobierno llegó tarde otra vez, certificó el daño, metió el carro a la pensión y se fue a la conferencia a presumir que el “territorio está bajo control”.
La efectividad no se mide en número de soldados, sino en cuántas familias dejan de desaparecer, cuántos levantones se frenan y cuántos cementerios —de autos y de personas— dejan de crecer. Hoy, la única curva que va para arriba es la de la barbarie y la estadística de ausentes.
Si este es el modelo de “pacificación”, el cementerio de fierros en Sinaloa no es un daño colateral: es la placa metálica, firmada y oxidada, de una estrategia que se derrumbó hace rato y a la que todavía tienen el descaro de llamarle política de seguridad.Generales contándose a sí mismos
Mientras tanto, en los partes oficiales y las conferencias, el ejército presume más de 13 mil efectivos desplegados en Sinaloa, con Fuerzas Especiales, Guardia Nacional, Marina, helicópteros y juguetes nuevos, como si la seguridad se midiera en soldado por metro cuadrado.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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