En Nuevo León no acaban de descubrir la fórmula mágica para reducir homicidios,estan perfeccionando la estrategia «truculenta» del Gobierno federal: no es bajando la violencia, es desaparecer muertos… pero sólo en las cifras porque en la realidad siguen cayendo, pero en la estadística ya no estorban.
El dato oficial presume 35 homicidios en abril, la cifra más baja en una década. Aplausos, conferencia, sonrisa institucional. El problema es que ese número viene con letra chiquita: no incluye a 28 personas abatidas por fuerzas de seguridad. Es decir, 28 muertos que, por arte de clasificación administrativa, dejaron de ser homicidios aunque estén igual de muertos.
Si se cuentan —como se ha hecho trasexenal e históricamente desde hace 736,314 muertos,como cita Tresearch— el número real no es 35, sino 63. Y entonces el discurso de “reducción histórica” se desmorona como montaje mal hecho.
Aquí no estamos ante un tecnicismo, sino ante un cambio deliberado de metodología sin transparencia pública. Durante años, los abatidos sí se registraban como homicidios dolosos, porque jurídicamente lo son: una persona privada de la vida por otra. Punto. Que el autor sea un civil o un agente del Estado no resucita al muerto ni borra el delito de la estadística.
El giro ocurre con precisión quirúrgica: llega un nuevo fiscal en 2025, se alinea con Seguridad estatal y la estrategia federal ,y sin anuncio formal, los abatidos desaparecen del conteo principal. No de las calles, no de las morgues, no de las carpetas —de las cifras que se presumen en conferencia.
Y aquí está el fondo del asunto: la estadística criminal no es un ejercicio decorativo, es un instrumento de rendición de cuentas. Manipularla —aunque sea bajo pretextos técnicos— es alterar la percepción pública de la violencia y, por tanto, engañar a los ciudadanos.
Porque el mensaje implícito es brutal: si te mata un criminal, cuentas; si te mata el Estado en un “supuesto enfrentamiento”, ya no. Como si la bala oficial tuviera propiedades estadísticas distintas.
Este truco tiene varias implicaciones graves:
Primero: rompe la comparabilidad histórica. Si antes los abatidos se contaban y ahora no, cualquier “reducción” es artificial. Es como cambiar la báscula a mitad de la dieta.
Segundo: elimina la trazabilidad del uso de la fuerza letal. Si los abatidos no se transparentan en cifras centrales, se diluye la posibilidad de evaluar excesos, patrones o abusos. En términos prácticos: menos números, menos preguntas.
Tercero: genera incentivos perversos. Si las muertes en enfrentamientos no afectan la estadística de homicidios, entonces no penalizan políticamente. Y lo que no cuesta en la narrativa, se vuelve más fácil de tolerar en la práctica.
Cuarto: distorsiona la política pública. Las decisiones de seguridad se basan en datos. Si los datos están maquillados, las estrategias se diseñan sobre una realidad ficticia.
Quinto: enrarecen la violencia aun mas e invitan al Cartel al que pertenecen abatidos a ir por el ojo por ojo, aunque el final todos queden ciegos.
Ni en los años más opacos de la guerra contra el narcotráfico —cuando Felipe Calderón y García Luna inflaban éxitos y maquillaban fracasos como ahora lo hace el «otro Garcia»— se había normalizado una exclusión tan burda: cadáveres fuera del conteo principal sin explicación abierta.
Lo más preocupante es que no se trata de un caso aislado, sino de una tendencia que empieza a replicarse con la venia federal y que no ocurría con Lopez Obrador , el silencio de estados como Tamaulipas, donde el discurso de “reducción” también descansa en metodologías en sincronía y cada vez más opacas.
Porque al final, la ecuación es simple: menos muertos en el reporte no significa menos muertos en la realidad.
Significa menos verdad.
Y en un país donde la estadística es una de las pocas herramientas para medir la violencia, alterar los números no sólo es una falta administrativa: es una forma sofisticada de engaño público que ofenden a Pitagoras.
Aquí no están bajando los homicidios,están bajando la forma de contarlos, porque no pueden frenarlos.
Con informacion: ELNORTE/

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