La «harto eficiente» Fiscalía General de la República (FGR), llegó tarde, pero llegó con libreta en mano. En la Sierra del Pinal, Chihuahua, aseguró un narcolaboratorio que ya había sido intervenido días antes por la autoridad estatal, en medio de un escándalo que huele más a geopolítica que a justicia: la supuesta participación de agentes de la CIA.
El hallazgo es de esos que impresionan en papel, como si lo hubiera escrito Omar García Harfuch,aunque se desinfle a la hora de examinar esos resultados.
De acuerdo con la FGR,fueron más de 55 mil litros de precursores químicos, más de 50 toneladas en sólido y cerca de 2 mil litros de metanfetamina. Un pequeño parque industrial del narco… pero sin obreros. Porque, claro, cuando las autoridades llegaron, el lugar estaba tan vacío como las detenciones por Huachicol del otro Garcia: cero.
La FGR, en su estilo notarial, levantó actas, inventarios y dictámenes periciales para confirmar lo obvio: ahí se cocinaban drogas a escala industrial. Reactores, centrifugadoras, cilindros de gas… todo el equipo listo para abastecer mercados, probablemente internacionales. Lo único que sigue ausente es lo esencial en cualquier operativo que presuma eficacia: responsables, pero los traficantes, no los policías que dolosamente la FGR quiere reventar porque revienta de coraje.
Mientras tanto, el discurso oficial se refugia en la burocracia técnica: análisis químicos, valuaciones, criminalística de campo. Se mide, se clasifica, se documenta.
Aunque en el fondo del asunto, lo que realmente incomoda: la investigación se abrió no por narcotrafico,sino por posibles delitos contra la seguridad nacional debido a la presunta intervención de agentes extranjeros que una ley instaurada por un ex-presidente harto mañoso decretó.
La FGR al estilo de los comunicados «harfuchianos» presume coordinación con Sedena y Guardia Nacional, como si la suma de instituciones garantizara algo más que comunicados.
Por lo pronto, el narcolaboratorio ya tiene destino final: será destruido con apoyo de una empresa especializada. Los químicos desaparecerán, las instalaciones quedarán como anécdota… y los responsables, si existen en papel, seguirán en calidad de fantasmas.
Porque en México, incluso los complejos industriales del narco pueden evaporarse sin dejar un solo detenido. Pero eso sí: con dictamen pericial completo.
Con informacion: ELNORTE/

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