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viernes, 1 de mayo de 2026

«SOLO JUDAS TEMIÓ ?»: «ROCHA MOYA EMBRIAGADO de OPTIMISMO ENVALENTONADO MAL INFORMADO quiere PROYECTAR INOCENCIA»…pero exhibe desconexión con la magnitud del problema.


En Sinaloa no pasa nada. O al menos eso dice el gobernador Rubén Rocha Moya, quien, en medio de señalamientos por sus vínculos con el narcotráfico provenientes nada menos que del gobierno de Estados Unidos, decidió aplicar la vieja confiable: aquí no hay incendio, aunque huela a humo.

Desde Navolato, entre ganado, apoyos y micrófonos incómodos, Rocha despachó la crisis con una serenidad que raya en lo metafísico: no pedirá licencia, no adelantará vísperas y, sobre todo, no teme absolutamente a nada,aunque te señalan en un expediente de más de 30 páginas para solicitar tu extradición, junto con otras estrellas del firmamento Moreno,inlcuido un militar de alto rango, de esos con harto honor,valor,lealtad y sacrificio,que nunca faltan en ninguna acusación gringa.

El mandatario presume doble formación: matemático y abogado. Una combinación interesante, sobre todo para resolver ecuaciones donde las variables incluyen acusaciones internacionales, expedientes desclasificados y un clásico “cada quien que se rasque con sus propias uñas” para los otros nueve implicados. Solidaridad selectiva, le dicen.

Sobre la posibilidad de extradición, dice no haber recibido ni un recado. Todo en calma. Como si la justicia internacional funcionara por WhatsApp y simplemente aún no le llegan los dos ticks azules.

Y mientras el expediente estadounidense queda reducido a ficción, la narrativa oficial se eleva a terreno patriótico: la Presidenta lo respalda en modo cifrado respaldando a la nación pero con el uniforme de militante de Morena bien puesto. 

Pero más interesante que la negación es el discurso del “no hay nada que temer”. Esa frase, repetida como mantra, no solo busca tranquilizar; también desactiva una emoción incómoda pero necesaria: el miedo.

Y ahí está el punto ciego.

Porque el miedo, bien entendido, no es debilidad: es mecanismo de alerta. Es lo que obliga a revisar, a investigar, a rendir cuentas. Es lo que separa la prudencia de la negligencia. Un gobernante que no teme ante acusaciones graves no necesariamente proyecta inocencia; puede estar proyectando desconexión con la magnitud del problema.

El miedo es incómodo porque exige acción. Obliga a explicar, a transparentar, a someterse al escrutinio. La ausencia total de miedo, en cambio, es terreno fértil para la simulación: todo está bien, nada pasa, sigan circulando.

Mientras tanto, Sinaloa —ese “granero de la República” y también epicentro histórico del narcotráfico— vuelve a quedar atrapado entre el discurso oficial y la sospecha internacional. Estigmatización, dice el gobernador. Realidad documentada, dirán otros.

Pero no pasa nada ?

El gobernador que chacualea las patas entre la sangre derramada volvió a su oficina custodiada por la Marina.

En esta historia, al parecer, la consigna es clara: no hay que temer… aunque el expediente diga lo contrario.

Con informacion: ELNORTE/

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