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viernes, 20 de marzo de 2026

UN «DRON MUY CADRON»: «DETRAS de CAPTURA del MENCHO esta el TEMIDO MQ-9 un ARTILUGIO que VE TODO,NADIE SOBORNA y NADIE le APLAUDIÓ»…puede escuchar hasta el chisme del rancho y mandar video HD.


Para cazar al «El Mencho” no fueron necesarios años de “trabajos de inteligencia”, soplones, recompensas multimillonarias ni el país incendiado a balazos: fue el juguete estrella del catálogo del Pentágono, el dron MQ-9 Reaper, el mismo que graba bodas en Afganistán pero con misiles Hellfire incluidos.

Según el relato oficial, el operativo del 22 de febrero en Tapalpa fue un poema a la coordinación: Sedena, Guardia Nacional, FGR, Centro Nacional de Inteligencia, todos alineados mientras, pero allá arriba, el MQ-9 daba vueltas equipado con el mejor arsenal electrónico de tecnología de vigilancia, aunque dicen,el dron “no iba armado”.

El MQ-9, para que no se diga que no hay ficha técnica, es básicamente un avión sin piloto que puede volar más de 20 horas, espiar a kilómetros de distancia, escuchar hasta el chisme del rancho y mandar video HD en tiempo real para que en un búnker alguien decida quién vive, quién muere y quién acaba en el comunicado como “daño colateral”. 

Es la coronación perfecta del modelo: mientras México presume “soberanía” en las mañaneras, Washington opera SIGINT, drones, analítica Palantir y task forces “discretos” que hacen el trabajo y luego se lo entregan envuelto para regalo para que la narrativa de “operación impecable” reciba aplausos.

En el papel, el dron vigilaba la zona, ubicaba movimientos, confirmaba que el objetivo fuera el objetivo y no un campesino con sombrero equivocado, y alimentaba de datos a las fuerzas especiales que se estaban rifando en tierra contra el CJNG. 

En la realidad, el mensaje es otro: si para tumbar a un capo que llevaba una década burlándose del Estado tienes que pedirle a Estados Unidos la versión 4K del Espíritu Santo, lo que quedó exhibido no fue la “potencia tecnológica mexicana”, sino la necesaria colaboración binacional.

Remate inevitable: abatido el “objetivo de alto valor”, llegan lo de siempre: bloqueos, vehículos incendiados, estados sitiados y comunicados triunfales donde el gobierno presume que le ganó al monstruo que él mismo alimentó con impunidad durante años y que ahora de manera obligada desde el otro lado el charco, tuvo que intervenir.

La única novedad es que ahora, entre el humo de los trailers quemados y la sangre en el pavimento, también se escucha el zumbido satisfecho de un dron Reaper regresando a su base, listo para el siguiente capítulo de esta serie donde México tiene éxito cuando Estados Unidos pone la nube de datos.

Con informacion: LA SILLA ROTA/

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