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jueves, 12 de marzo de 2026

«SIGANLE CREYENDO»: «NUEVO AUDITOR FEDERAL HIJO de EXSECRETARIO de SHEINBAUM FUE LIGADO a la TRANSA en 2025″…llega a ponerle doble candado a los clósets donde están esqueletos del gasto público.


Aureliano Hernández Palacios Cardel llega a la Auditoría Superior de la Federación (ASF) con más cola que curriculum y con pedigree de casa: es el hijo del exsecretario particular de Claudia Sheinbaum cuando era jefa de Gobierno en la CDMX, y hoy flamante presidenta.

El hijo del secretario de la presidenta

La Cámara de Diputados lo impuso como nuevo auditor superior con 472 votos, casi unanimidad de partido único disfrazado de pluralidad, para el periodo 2026‑2034.

No llegó de la nada: su padre, Fernando Aureliano Hernández Palacios Mirón, fue el operador en la sombra como secretario particular de Sheinbaum en el gobierno capitalino, y ahora el junior aterriza directo a fiscalizar el gasto federal.

Mientras la presidenta se “deslinda” del nombramiento ante la prensa, el dato de que el auditor es hijo de su viejo secretario particular sigue ahí, tercamente, en las notas y los comunicados.

Su carrera, hecha en la casa

En los papeles, Aureliano presume licenciatura en Economía, origen xalapeño y una carrera hecha dentro de la ASF desde 2018 en el área de gasto federalizado, justo donde se negocia, se tapa o se exhibe el desmadre de los recursos a estados y municipios.

Fue director general de Auditoría del Gasto Federalizado y luego ascendió, en octubre de 2025, a Auditor Especial de Gasto Federalizado, el corazón de las revisiones a los gobernadores; desde ese sillón acumuló poder, contactos… y señalamientos.

El historial de “auditorías a modo”

No es paranoia, hay antecedente: en 2025 fue denunciado por armar auditorías “a modo”, hechas para negociar irregularidades millonarias con gobiernos estatales en vez de documentarlas y llevarlas a denuncia.

El nuevo auditor arrastra acusaciones de usar la ASF como caja de herramientas para la transa: informes acomodados, observaciones rebajadas y revisiones que se convierten en fichas de trueque político más que en instrumentos de control.

Tanto así que especialistas en transparencia han calificado el proceso que lo llevó a la silla de la ASF como una “farsa”, remarcando que no se buscó independencia, sino un operador confiable del sistema.

Ocho años para cuidarles las espaldas

El diseño no es menor: la mayoría calificada en San Lázaro le regaló ocho años de mandato al personaje denunciado, justo cuando la ASF trae un récord raquítico de denuncias penales por las cuentas públicas recientes.

En vez de usar el escándalo de 2025 para sacarlo de la jugada, lo premiaron con el puesto que decide qué se investiga, qué se guarda en el cajón y qué se maquilla antes de llegar a la opinión pública.

El mensaje es claro: el hijo del exsecretario particular de la hoy presidenta no llega a limpiar la casa, llega a ponerle doble candado a los clósets donde están los esqueletos del gasto público.

Con informacion: PROCESO/

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