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jueves, 12 de marzo de 2026

«NO TIENEN CONVICCIÓN ?»: «SHEINBAUM ARREMETE contra DIPUTADOS MORENOS que VOTARON CONTRA su REFORMA ELECTORAL»…traducido al lenguaje palaciego: la convicción solo cuenta cuando es a favor de lo que ella ordena.


Qué ironía tan grande: la Presidenta que llegó al poder hablando de pluralidad ahora señala con el dedo a los suyos por ejercerla. Según Claudia Sheinbaum, los diputados morenistas que votaron en contra de su reforma electoral “no tienen convicción”. Traducido al lenguaje palaciego: la convicción solo cuenta cuando es a favor de lo que ella ordena.

“La Presidenta no pide que se repita lo que dice”, asegura, para luego rematar exactamente con eso: que los inconformes carecen de convicción y quizás no representan al pueblo. La contradicción es tan grotesca que ni necesita ironía: se autodefine como garante de la libertad interna en el mismo momento que condena la disidencia.

Pero lo mejor viene después: acusa a los disidentes de dejarse llevar “por lo que sale en REFORMA o Latinus”. Es decir, el pecado no es votar distinto, sino informarse fuera del boletín oficial. En el diccionario sheinbaumista, leer prensa crítica equivale a traición al pueblo. De ahí al “enemigo del régimen” hay un paso —uno que ya parece bien ensayado.

Luego la Presidenta juega su carta moralista: “Nosotros no llegamos aquí impuestos por nadie, sino por el pueblo”. Una perla de pureza revolucionaria que olvida un pequeño detalle: el “pueblo” también incluye a los que piensan distinto, incluso dentro de Morena. Pero en esta retórica de manual, el pueblo solo existe si aplaude; si cuestiona, se vuelve instrumento de los conservadores o de los “medios fifís”.

Y cuando intenta justificar la reforma —decir que solo busca que los plurinominales sean decididos “por el pueblo y no por las cúpulas”— la contradicción se hace monumental. Porque mientras denuncia a las élites partidistas, exige obediencia ciega a la suya. Habla de “diversidad política” con la sinceridad de quien invita al debate… para luego cerrarlo con un portazo y una acusación de “traidor al pueblo”.

En resumen, Sheinbaum no habla como una mandataria democrática defendiendo un ideal: habla como una jefa de facción protegiendo su disciplina interna. Lo suyo no es pluralismo, es control político con disfraz de convicción. Y si así suena su “mañanera democrática”, imagínense cómo se escuchará su silencio cuando la disidencia ya no tenga micrófono.

Con informacion: ELNORTE/

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