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jueves, 12 de marzo de 2026

«PLATANITO le NARRÓ a TELEMUNDO cuando NARCOS lo CONTRATABAN para FIESTAS DONDE LLEGABA VENDADO de los OJOS pero al ABRIRLOS VEIA POLITICOS y POLICIAS»…lo sorprendente sería que no estuvieran.


Platanito se quitó la nariz roja un ratito y aceptó lo que todo mundo en el gremio sabe y casi nadie dice en cámara: sí, ha trabajado en fiestas de narcos, sí, ha sido más de una, han sido pachangas privadas donde el poder huele a alcohol caro, a fuero y a miedo bien disimulado.

Dice en entrevista para Telemundo que no lo ha negado nunca: que ha ido a “muchas”, que prácticamente ha pasado lista con todos, y que, contra el imaginario colectivo, aquello no es un reventón lleno de fajos volando tipo serie de Netflix, sino reuniones que parecen “normales”: políticos, empresarios, artistas, gente “importante” conviviendo como si no estuvieran en el mismo salón el show business, el crimen organizado y la clase política que jura combatirlo.

Según él, lo que más ha visto es alcohol, no montañas de billetes ni líneas de cocaína; asegura que en la mayoría de esas fiestas no se consume “ni un gramito de droga”, como si el verdadero estupefaciente fuera la impunidad con la que ahí se codean gobernadores, celebridades y jefes de plaza disfrazados de respetables anfitriones.

Lo interesante es cómo se arma la farsa desde el primer timbrazo: nadie llama diciendo “oye, soy tal narco, cáele a mi fiesta”, todo viene maquillado como evento de un “empresario”, una contratación más para el calendario del artista que prefiere no hacer muchas preguntas para no tener que tomar decisiones incómodas; total, ahí el chiste es llegar, cobrar, hacer reír y salir vivo.

El manual de supervivencia incluye instrucciones dignas de película: “te vamos a vendar los ojos, no te espantes”, le advierten, para que no sepa dónde está ni quién vive ahí, y el viaje es un trayecto a ciegas entre terracería y calles pavimentadas hasta aterrizar en residencias de lujo o edificios donde conviven familias comunes con vecinos que cargan más escoltas que escrúpulos.[

Una vez adentro, hay reglas claras: “no te metas con esa mesa”, le indican, como si fuera el área de jefes de piso, cuando en realidad es la mesa del mero, mero, el que no necesita presentarse porque todos giran alrededor de él, desde el alcalde que sonríe hasta el cantante que hace chistes sobre suegras.​

Los celulares se quedan fuera, pero no para proteger al capo, sino a los que lo rodean: políticos, empresarios, funcionarios y toda esa fauna que, si saliera en una sola foto, sería la mejor infografía de cómo se mezcla el Estado con el crimen y la farándula en un mismo salón de eventos.

Platanito cuenta que también ha estado en fiestas repletas de gente armada, y que, por si quedaba duda de quién protege a quién en este país, los fusiles no los cargan sicarios, sino policías oficiales, esos mismos que luego salen en conferencia presumiendo operativos contra los “objetivos prioritarios”.

Por eso, cuando le preguntan por el libro de Anabel Hernández, él suelta que lo que ella narró es “puritita verdad”: describe fiestas, invitados y dinámicas que él reconoce de primera mano, y admite que lo que leyó es básicamente lo que vio, con mujeres, hombres, artistas, muchos políticos y hasta gobernadores entre compadres, socios y amigos del patrón.

En resumen, Platanito no solo se sincera sobre en qué tipo de fiestas se ha parado, sino que, sin proponérselo, confirma el peor secreto a voces: que en México las narcofiestas son la verdadera conexion del poder, donde el único chiste malo es fingir que nadie sabe con quién está brindando.

Con informacion: TELEMUNDO/

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