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jueves, 12 de marzo de 2026

«DERRAME de PETROLEO y NEGLIGENCIA FEDERAL se LLEVAN entre las PATAS 39 LOCALIDADES COSTERAS de VERACRUZ»…no hay quien los atienda,ni quien los entienda.


El sureste de Mexico ,en la red arrecife del Golfo de Veracruz ,las costas se está llenando de chapopote y el Gobierno federal a cargo de Claudia Sheinbaum mira para otro lado, como si los 230 kilómetros de costa afectados no fueran una emergencia ambiental y social de primera magnitud.

Comunidades que están pagando el costo

Las manchas de petróleo ya alcanzaron al menos 39 localidades entre Veracruz y Tabasco, muchas de ellas viviendo al día con la pesca, el turismo y el pequeño comercio. Pueblos como Tatahuicapan, Mecayapan, Pajapan, Catemaco, San Andrés Tuxtla, Paraíso y Sánchez Magallanes ven cómo su mar se convierte en asfaltadora mientras en la Ciudad de México el tema ni siquiera amerita romper la agenda de discursos vacíos.

Los pescadores fueron los primeros en enterarse de la “magnitud” del desastre: levantaron redes llenas de chapopote en lugar de pescado, pero a los ojos del poder federal eso no califica como alarma, apenas como daño colateral del modelo extractivo de siempre.

Gente limpiando con las manos, Gobierno limpiando su imagen

En la costa la gente está sacando el chapopote a mano, sin equipo, sin capacitación, jugándose la salud para intentar salvar lo que queda de sus playas y de la laguna del Ostión. Mientras tanto, la narrativa oficial brilla por su ausencia: no hay información clara sobre el origen, el tipo ni la extensión del derrame, pero sí hay un silencio muy útil para blindar a Pemex y al Gobierno de Claudia Sheinbaum de cualquier responsabilidad concreta.

Pemex prometió jornadas de limpieza en Tatahuicapan, Mecayapan y Pajapan… y no cumplió, como si fuera una promesa de campaña más, no un compromiso en medio de un desastre ecológico. En varias zonas apenas han enviado una empresa contratada a retirar chapopote, y ni siquiera tuvieron la decencia de contratar a la gente local que se quedó sin pesca ni turismo de un día para otro.

Un derrame que viene de lejos y un Estado que no llega nunca

Imágenes satelitales indican que el problema habría comenzado el 20 de febrero en aguas de Campeche, pero oficialmente no hay responsable, no hay versión, no hay transparencia: el petróleo aparece “mágicamente” en las playas, pero nadie en el gobierno federal parece sentir prisa por explicarlo. Las organizaciones denuncian justamente eso: sin datos sobre la fuente, la magnitud y el tipo de derrame, no hay estrategia seria de atención ni posibilidad real de exigir cuentas, justo el escenario ideal para la impunidad corporativa y gubernamental.

La Presidenta debería estar encabezando un plan de emergencia ambiental y social, y lo que hay es un vacío político cómodo: mientras no se nombre la crisis, no existe, y si no existe, nadie en Palacio Nacional tiene que dejar la conferencia para ensuciarse los zapatos en las comunidades manchadas de petróleo.

Naturaleza arrasada como daño colateral

No solo se están llevando entre las patas a los pescadores, restauranteros y vendedores; la fauna y la flora también están pagando por la negligencia. El derrame amenaza arrecifes de coral del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo, manglares de la laguna del Ostión y especies como manatíes y tortugas marinas que anidan en esas playas ahora contaminadas.

Ya apareció un manatí muerto en el río Coatzacoalcos, un recordatorio incómodo de que el “progreso” petrolero mata lentamente todo lo que toca. Años de trabajo comunitario para restaurar la laguna del Ostión —reforestación de manglar, devolución de conchas para recuperar especies— se esfuman en días, mientras el gobierno federal sigue en modo avión.

Organizarse abajo porque arriba no va a pasar nada

Las comunidades indígenas de El Pescador y El Mangal, junto con redes como el Corredor Arrecifal del Golfo de México y el Centro de Derechos Humanos Bety Cariño, son quienes están documentando, denunciando y defendiendo el territorio, igual que cuando en 2017 promovieron un amparo contra las plataformas petroleras. Hoy, otra vez, están solas frente a un Estado que se dice ambientalista, pero que ante un derrame masivo permite que se cancele hasta la siguiente jornada de restauración comunitaria y deja en la incertidumbre el trabajo colectivo de 240 personas.

Lo que se ve en Veracruz y Tabasco no es un accidente aislado, es el retrato de un modelo: comunidades expuestas, ecosistemas sacrificados, Pemex intocable y un gobierno federal dispuesto a tolerar el chapopote en las costas con tal de no mancharse políticamente en la capital.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/PAULINA FLORES R.

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