Un hombre casi acabó con la vida de su propia hija de 11 días de nacida, después de que la metió dentro de un congelador presuntamente para no escuchar su llanto, al interior de un domicilio ubicado en el fraccionamiento Villa Montaña, en Aguascalientes,ya esta detenido.
Esta vez no fueron sicarios del CJNG y tampoco los Zetas,se trató de un hombre que, en términos biológicos, es un homínido del género Homo, especie sapiens, con inteligencia suficiente para usar herramientas, lenguaje articulado y construir sistemas sociales, pero cuya conducta en este caso se ha rebajado a la más brutal e insensata de las expresiones de la violencia gratuita. Jesús “N”, de entre 27 y 28 años, no solo dejó de ser “padre” en el sentido humano, sino que trocó el instinto de protección por un patrón de crueldad sistemática, bajo el efecto de sustancias psicoactivas y una lógica de dominación que se volvió contra su propia hija recién nacida.
Lo que la biología no justifica
La biología puede explicar que es un macho adulto, con hormonas, sistema nervioso y capacidad de reacción, pero no puede justificar que golpeara, mordiera y arrojara al suelo a una bebé de once días de vida, ni que la metiera en un congelador para silenciar su llanto, como si fuera un objeto molesto y no un ser humano en pleno desarrollo.
Los médicos encontraron en la niña María un cuadro de hipotermia, lesiones por golpes y marcas de mordeduras, huellas físicas de un calvario que, en términos biológicos, pudieron haber acelerado su muerte, pero que en términos morales desnudan a quien, por tamaño y fuerza, debía cuidarla.
Una calidad humana que se pudre
La “calidad humana” de este ente no reside en su ADN, sino en la forma como ocupa el espacio social: un adulto que, en lugar de contener sus impulsos, se dejó dominar por la droga y la rabia, transformando el hogar en un escenario de tortura cotidiana contra una criatura que no tenía ni recursos ni conciencia para defenderse.
La decisión de dejar encerradas a madre e hija, sin posibilidad de salir, mientras huía del domicilio, no es solo un acto de violencia directa, sino un ejercicio cruel de control y abandono, que lo convierte en presunto responsable de tentativa de feminicidio, violencia familiar y privación de la libertad.
El animal que se olvida de sí mismo
En este caso, el animal se muestra desnudo: un ser que, por elección y adicción, atropella los lazos más básicos de la especie —la crianza, la protección de la cría más vulnerable— y se convierte en un vector de daño donde la paternidad se corrompe en autoritarismo homicida.
La sobriedad de la lengua no le resta crudeza al hecho: alguien que mete a su propia hija en un congelador, al menos en dos ocasiones, para no escuchar su llanto, no solo vulnera el código penal, sino que se despoja de todo mérito como “adulto responsable” y queda reducido a la figura de un agresor que, por su accionar, firma su propia condena ante la especie, si no ante la justicia.

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