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miércoles, 11 de marzo de 2026

LA PRESIDENTA «DECENTE» COLOCA en la AUDITORIA SUPERIOR a HIJO de su EX-SECRETARIO PARTICULAR»…un movimiento que equivale a dominar el órgano que debería fiscalizarla


Cuando una presidenta, en este caso Claudia Sheinbaum, coloca a uno de los suyos en la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el mensaje no necesita traductor: ya no quiere que le cuenten los chiles, sino que le pasen la receta. Porque en México, “autonomía” es esa palabra que se invoca en los discursos y se entierra en la práctica cada vez que un aliado, un compadre o un excolaborador ocupa una silla que debía oler a contrapeso.

Aureliano Hernández Palacios Cardel suena más a personaje de novela revolucionaria que a auditor del gasto público, pero no nos engañemos: es el hijo de Fernando Aureliano Hernández Palacios Mirón,un ex-secretario particular de la presidenta cuando era Jefa de Gobierno en 2022, un “amigo desde Tlalpan”, según confiesan los propios morenistas. Y así, la ASF, ese organismo que debía incomodar a todos los gobiernos, acaba convertido en la alfombra donde los nuevos poderosos se limpian el lodo que antes denunciaban.

La salida de David Colmenares —ese auditor domesticado que prefería “prevenir” antes que castigar— parecía una buena noticia. Pero fue sustituido con la misma lógica con la que se mudan los muebles en un despacho: se cambia el estilo, no la obediencia. El nombramiento de Aureliano Cardel, avalado por una mayoría aplastante de legisladores que juraban fiscalizar con rigor, es como poner al hijo del jardinero a cuidar el invernadero: sabrá de plantas, sí, pero su lealtad pertenece al dueño.

La ASF debería ser un dolor de muelas para cualquier administración. En cambio, hoy parece más bien un consultorio dental que ofrece anestesia a precio de amistad. Con Colmenares, las denuncias por desvíos cayeron a niveles de museo; con Aureliano, la expectativa es la misma, pero con sonrisa institucional y aroma a continuidad disfrazada de renovación.

Sheinbaum necesitaba su propia legión de confianza. Ahora, con la Auditoría en su círculo íntimo, consolida algo más que un gobierno: su sistema inmunológico político. La ASF, que debería revisar los huesos del Estado, queda nuevamente como el perro guardián que mueve la cola al ver llegar a su ama.

Y mientras Aureliano aprende a sostener el lápiz de las auditorías con la delicadeza que requiere la obediencia, los mexicanos asistimos a otro episodio de ese viejo truco del poder: reemplazar los engranajes sin desmontar la maquinaria. Porque en el México de los reflejos cuidadosamente pulidos, la transparencia siempre es cuestión de quién controla el espejo.

Con informacion: ZEDRIK RAZIEL/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

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