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martes, 19 de mayo de 2026

«GENERAL que se ENTREGÓ a EE.UU podria ALLANAR con su TESTIMONIO la COLABORACION NARCOTERRORISTA de MORENA y TITIPUCHAL de GENERALES»…detras de muchos al frente, esta el origen del fracaso de combate al narco.


¿Cuántos generales mexicanos están en la mira del Departamento de Justicia de Estados Unidos? Gerardo Mérida, el general en retiro que se entregó a las autoridades norteamericanas este fin de semana, en Arizona, abrió una cadena de movimientos dentro de las Fuerzas Armadas: cambios importantes en la estructura de poder de la Secretaría de la Defensa Nacional que revelan un nuevo status quo en el que la relación con Washington es primordial.

El general Mérida, ex secretario de Seguridad Pública de Sinaloa, co-acusado junto a Rubén Rocha Moya de otorgar protección institucional a ‘Los Chapitos’, cruzó la frontera con una caja llena de evidencias, de acuerdo a fuentes citadas por el periodista Salvador García Soto. Mérida es un especialista en inteligencia militar. 

El general en retiro tendría información privilegiada sobre los acuerdos del gobierno mexicano con los hijos de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, los detalles de la orden ilegal para liberar a Ovidio Guzmán López el 17 de octubre de 2019 e incluso sobre el financiamiento de los cárteles a las campañas presidenciales de Morena. No es algo menor. Son piezas de información que podrían conectar directamente al Cártel de Sinaloa, el epicentro de exportación de fentanilo, con el movimiento de la Cuarta Transformación y con el ex presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Mérida podría entregar la llave final a quienes dentro del gobierno de Donald Trump cabildean la designación de Morena como una organización terrorista internacional. En abril, el general fue contactado por agentes de la embajada de Estados Unidos en México. Días antes de su arresto en Arizona, Mérida promovió un amparo para evitar ser detenido. La entrega estaba pactada.

“Hay que aclarar que el general Mérida no fue una decisión del gobernador con licencia, sino una decisión de la propia Sedena, que lo envía al estado de Sinaloa como secretario de Seguridad Pública”. Con estas palabras, Yeraldine Bonilla, gobernadora interina de Sinaloa, intentó deslindar a Rubén Rocha Moya de los acuerdos con ‘Los Chapitos’. La declaración es grave: Bonilla le endosó la responsabilidad a la Secretaría de la Defensa Nacional, implicando que los pactos con los cárteles se administran desde Lomas de Sotelo. 

En realidad, la acusación de la gobernadora interina apunta contra los dos generales que colocaron a Gerardo Mérida en Sinaloa: Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de López Obrador, y Audomaro Martínez Zapata, el eterno asesor de seguridad del ex presidente desde sus días en la política de Tabasco y ex titular del Centro Nacional de Inteligencia. Martínez Zapata fue el arquitecto detrás del nombramiento de su socio como mandamás del Ejército. Luis Cresencio Sandoval era el penúltimo nombre en la lista que los generales le presentaron en octubre de 2018 a López Obrador para designar al secretario de la Defensa Nacional.

Ahora, bajo el liderazgo del general Ricardo Trevilla, la Secretaría de la Defensa Nacional está realizando esfuerzos concretos para desmarcarse del grupo de Audomaro Martínez Zapata y de Luis Cresencio Sandoval. Trevilla fue de los primeros funcionarios mexicanos en leer con claridad el proyecto de transformación que la administración de Donald Trump está implementando en México: un cambio de fondo en el sistema político, las relaciones empresariales y el tablero criminal. “El Departamento de Justicia de Estados Unidos busca usar leyes sobre terrorismo para perseguir a funcionarios mexicanos”, reportó la semana pasada The New York Times. “La agencia federal estadounidense dio instrucciones a los fiscales para que comiencen a establecer causas penales por narcotráfico contra funcionarios mexicanos usando nuevos estatutos sobre terrorismo”, agregó. Meses antes de que se hiciera pública la acusación federal en contra de Rubén Rocha Moya, el general Trevilla tomó la decisión de alinear la Secretaría de la Defensa Nacional con los intereses de Washington. Sin informar a la presidenta de México (es decir, a la Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas, Claudia Sheinbaum), Fuerzas Especiales del Ejército realizaron un operativo utilizando inteligencia de la CIA y en colaboración con el Comando Norte del Ejército de Estados Unidos para abatir a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Y esta semana, en un claro gesto a Washington, la Secretaría de la Defensa Nacional asignó al general de Brigada Diplomado del Estado Mayor, Julio César Islas Sánchez, a la 9a Zona Militar de Culiacán, Sinaloa; sede de la guerra paramilitar entre ‘Los Chapitos’ y ‘La Mayiza’ y el epicentro de la acusación federal del Distrito Sur de Nueva York contra Rubén Rocha Moya, contra Gerardo Mérida y contra ocho ex funcionarios mexicanos. El general Islas Sánchez fue protagonista del operativo en Tapalpa contra ‘El Mencho’. Era el jefe de la 15a Zona Militar de Guadalajara. Se trata de un perfil con 40 años de trayectoria en el Ejército, que incluye una posición como agregado militar adjunto en la Embajada de México en Estados Unidos. El general fue auditado por Washington. El mensaje es claro.

La Secretaría de la Defensa Nacional está respondiendo a la creciente presión del gobierno de Donald Trump. El martes pasado, Estados Unidos ofreció un panorama transparente de cuáles son sus intenciones en relación a México. En una comparecencia frente a la Cámara de Representantes, Pete Hegseth, secretario de la Defensa, exigió al gobierno mexicano a tomar acciones mucho más contundentes en la ofensiva contra los cárteles. En la misma audiencia, el congresista demócrata, Henry Cuéllar, dijo que existe preocupación porque las organizaciones criminales mexicanas están adaptando tecnología ucraniana de drones de última generación. El mismo día, Terry Cole, titular de la DEA, declaró que la acusación federal de Gran Jurado en contra de Rubén Rocha Moya es apenas el principio de una serie de investigaciones contra políticos mexicanos bajo sospecha de estar coludidos con el crimen organizado. Al mismo tiempo, CNN publicó que la CIA asistió la explosión de una camioneta en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en la que fue asesinado un mando medio del Cártel de Sinaloa. Todas estas señales, sin excepción, son consistentes con la Estrategia Nacional Contra las Drogas y la Estrategia Nacional Contra el Terrorismo publicadas por la Casa Blanca. En palabras del presidente Donald Trump, dirigidas al gobierno de Claudia Sheinbaum: “Si ustedes no hacen el trabajo (contra los cárteles), lo haremos nosotros”.

La acusación de la Corte del Distrito Sur de Nueva York en contra del general Gerardo Mérida es un recordatorio de que los militares mexicanos, asignados a zonas con fuerte presencia de los cárteles, estarán bajo escrutinio especial de las agencias de inteligencia y el aparato justicia de Estados Unidos. El papel del propio Ricardo Trevilla, quien ocupó la jefatura de la zona militar de Apatzingán, Michoacán, no está exento de ser investigado. El encuentro que el ahora secretario de la Defensa Nacional sostuvo con un operador financiero del ‘Magulladas’, un cacique criminal del estado, ha generado alertas en círculos de inteligencia. Esto, a pesar de que Trevilla aclaró el incidente: la Secretaría de la Defensa Nacional explicó que el general se reunió con miembros de autodefensas y que Trevilla combatió frontalmente a la Familia Michoacana durante su paso por Apatzingán. 

La semana pasada, el Ejército realizó un movimiento inusual en Zacatecas, una señal adicional de alineamiento con Washington. El general brigadier del Estado Mayor, Isaac Bravo López, fue transferido de la 11a Zona Militar de Guadalupe, Zacatecas a la 41a Zona Militar de Puerto Vallarta, Jalisco. El cambio ocurrió apenas días después de que canales afines al Cártel Jalisco Nueva Generación difundieron denuncias contra el general Bravo López: fue acusado de colaborar con la facción del ‘Mayito Flaco’ y de recibir 500 mil pesos al mes. El CJNG no publicó ninguna prueba.

Sin embargo, el 14 de mayo, hubo una reacción: el Ejército y la Guardia Nacional realizaron importantes arrestos y decomisos que golpearon a la facción del ‘Mayito Flaco’ en el municipio de Jerez. 

Dos días más tarde, un grupo identificado como ‘La Mayiza’ publicó una carta en la que recriminó al general Bravo López que se hayan roto acuerdos: “No vamos a permitir ninguna falta de respeto por parte de ninguna autoridad… que no les extrañe que en vez de billetes les caiga una lluvia de balas”

El general fue transferido días más tarde. El periódico Reforma reportó que el enroque ocurrió en el contexto de “señalamientos de Estados Unidos por supuesta corrupción y nexos delictivos”. Zacatecas es territorio de disputa entre ‘La Mayiza’ y la facción del Cártel Jalisco Nueva Generación afín a Audias Flores Silva, alias ‘El Jardinero’, el capo que fue detenido recientemente en Nayarit con base en inteligencia aportada por la CIA. ‘El Jardinero’ sostenía una alianza con ‘Los Chapitos’ para combatir a los herederos de Ismael ‘El Mayo’ Zambada. ¿Qué papel jugó el general Bravo López en esta dinámica? La pregunta continúa en el aire.

El analista de inteligencia, Ghalen Krame, argumenta que México ha entrado en una nueva fase de “sectorización de las relaciones cívico-militares”. Sostiene que “no se puede ver a las Fuerzas Armadas como un ente monolítico”. Los movimientos recientes en la Secretaría de la Defensa Nacional son prueba de ello. Un sector del Ejército está determinado en hacerle ver al gobierno de Donald Trump que su cooperación en la ofensiva contra los cárteles es total. No obstante, permanece una duda oculta: ¿en verdad cambió la postura de los generales que seis años atrás presionaron al presidente Andrés Manuel López Obrador a negociar la extradición del general Salvado Cienfuegos? A la distancia, el proceso contra el ex secretario de la Defensa Nacional es interpretado en el Departamento de Estado, específicamente en la oficina del vicecanciller Christopher Landau, como el evento nuclear que desencadenó el tsunami de acusaciones federales contra funcionarios mexicanos. ¿Es creíble el mensaje de los generales? Está por verse.

Con información: CODIGO MAGENTA/

«SHEINBAUM se HUNDE en su HOYO SEMÁNTICO: USA 269 EXTRADICIONES INCLUIDA la de CABEZA de VACA para NO ENTREGAR A NARCOROCHA»…»quiere brincar del tema Rocha a… ¿por qué EE.UU. no coopera?.


La Presidenta Claudia Sheinbaum reprochó que el Gobierno de Estados Unidos no ha concedido la extradición de personas solicitadas por México, entre ellas el ex Gobernador panista de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, y el empresario Víctor Manuel Álvarez Puga, vinculado a una red de factureras.

En el pizarrón de la política mexicana,Sheinbaum decidió explicar desde la mañanera, la justicia internacional con regla, compás… y memoria selectiva. Según su más reciente clase magistral en Palacio Nacional, el problema de las extradiciones no es de voluntad, sino de “reciprocidad”: México ha pedido 269 entregas a Estados Unidos desde 2018 y no ha recibido ni una. Cero. Nada. Ni un exgobernador, ni un facturero, ni un pez medianamente gordo.

Hasta ahí, el argumento suena técnico, casi institucional. Pero basta rascarle tantito para ver que la geometría no es tan neutra: la línea recta que se exige para unos, se curva convenientemente para otros.

Porque mientras desde el atril se reclama que Washington no suelta a personajes como Francisco Javier García Cabeza de Vaca o el facturero VIP Víctor Manuel Álvarez Puga, la misma vara se usa —con sospechosa precisión quirúrgica— para frenar cualquier intento de avanzar contra Rubén Rocha Moya, el gobernador de Sinaloa incómodamente salpicado por señalamientos de vínculos con el Cártel de Sinaloa.

Ahí sí: “preséntenme pruebas”. Muchas. Detalladas. Irrefutables. Casi con notario.

La Presidenta insiste en que no hay política en la decisión, que todo es legalidad pura, casi aséptica. Pero el calculo y la intensidad del argumento dicen otra cosa: más que un principio jurídico consistente, parece un escudo discursivo hecho a la medida de Rocha Moya. Un “no es personal” que suena peligrosamente personal.

Y es que el discurso de la reciprocidad tiene doble filo. Sí, Estados Unidos pide pruebas antes de extraditar —como bien recordó Sheinbaum—, pero también resuelve casos, procesa solicitudes y, sobre todo, no convierte cada expediente incómodo en un debate semántico eterno.

En México, en cambio, la exigencia de pruebas se vuelve una especie de purgatorio burocrático: suficiente para congelar casos sensibles, pero nunca lo bastante ágil para incomodar a los aliados correctos.

Mientras tanto, la narrativa oficial intenta meter todo en el mismo costal: Cabeza de Vaca, factureros, Ayotzinapa… y de paso justificar por qué no se actúa con la misma prisa cuando el señalamiento apunta hacia Sinaloa. Una mezcla donde lo jurídico sirve más como coartada que como motor.

El canciller Roberto Velasco aporta los datos duros: 36 casos negados, 233 en el limbo procesal, y decenas de solicitudes donde Estados Unidos pide más información. Todo dentro de la normalidad del tratado bilateral. Pero lo que no entra en la estadística es el uso político del discurso: cuándo la falta de extradiciones es indignante… y cuándo es conveniente.

Porque al final, la famosa “geometría” de los extraditables — sí tiene una línea recta: quien está del lado equivocado del poder debe entregarse o será exhibido como prófugo; quien está del lado correcto, en cambio, obtiene tiempo, dudas razonables… y un gobierno dispuesto a pedir “más pruebas” hasta que el tema se desgaste.

No es falta de cooperación internacional. Es administración selectiva de la exigencia.

Y en ese tablero, Rocha Moya no es un punto más: es el centro del trazo.

La postura presidencial es una variante más sofisticada del clásico “y tú más” que ya se volvió doctrina defensiva.

La estructura es casi calcada:

  • Se presenta una crítica actual (el caso Rocha Moya).
  • En lugar de responder al fondo, se desplaza la conversación hacia agravios pasados (García Luna, Calderón, etc.).
  • Se construye una equivalencia moral: “como antes también pasaba, no tienes autoridad para cuestionar ahora”.

En el caso de Sheinbaum, el giro es más técnico pero la lógica es la misma:
no responde directamente si hay o no elementos contra Rocha, sino que mueve el foco a la falta de reciprocidad de EE.UU. en 269 extradiciones. Es decir, cambia el eje del debate.

Con informacion: ELNORTE/

EL «MARCADOR de NARCOFUGITIVOS: YA HAY 2 DETENIDOS y 3 LICENCIADOS,1 en FUNCIONES y 4 JUGANDO a las ESCONDIDAS»…todos de la maquinaria gubernamental al servicio «Chapito».


Dos detenidos, tres “con licencia”, uno que finge estar en funciones y cuatro que se los tragó el narco-éter: así está el inventario más reciente de narcopolíticos sinaloenses acusados por Estados Unidos, la joya de la corona del “no somos iguales”.

A casi tres semanas de que el Departamento de Justicia de EU señalara a 10 funcionarios y exfuncionarios del gobierno de Sinaloa por vínculos con el narco, el marcador va así: 2 ya están en manos de Estados Unidos, 3 se pusieron el chaleco antibalas llamado “licencia”, 1 sigue técnicamente en funciones y de 4 no hay ni rastro.

Lo realmente fino: todos formaban parte de la maquinaria formal del Estado, pero respondían, presuntamente, a la nómina del Cártel de Sinaloa.

Rocha, Gámez y el arte de desaparecer con licencia

Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa por Morena, pasó de decir que no tenía miedo y que no pensaba dejar el cargo, a pedir licencia en un video oficial el 1 de mayo “mientras dure el proceso de investigación”.

Al día siguiente el Congreso impuso a Yeraldine Bonilla como gobernadora interina y ella misma admite que la última vez que supo de Rocha fue cuando éste la felicitó por quedarse a cuidar el changarro.

Un detalle digno de novela barata: el 9 de mayo un comando balaceó un antiguo domicilio de Rocha que ya está abandonado, y el gobernador con licencia ni se asomó a decir “aquí sigo, muchachos”; sus redes están muertas desde el 1 de mayo.

En la narrativa oficial, no está prófugo: simplemente es un gobernador cuántico, en superposición entre Badiraguato, la clandestinidad y la victimización política.

Juan de Dios Gámez, alcalde de Culiacán, también de Morena, dijo el 29 de abril que las acusaciones de EU “no tienen fundamento”.

El 1 de mayo el cabildo informó que pediría licencia al menos por diez días, colocaron a Ana Miriam Ramos en su lugar… y desde entonces sus redes se apagaron y su paradero es más misterioso que un testigo protegido de la DEA.

Dámaso Castro Zaavedra, vicefiscal general de Sinaloa, pidió licencia sin goce de sueldo el 5 de mayo, un día después de que la Fiscalía presumiera que seguía “en pleno ejercicio de sus atribuciones”.

Desde su carta de licencia, silencio absoluto: ni ubicación, ni postura, ni claridad sobre su situación legal; solo la nota al pie: “dispuesto a atender cualquier requerimiento institucional”, siempre y cuando no implique pisar una corte.

Inzunza, el senador “en funciones” que solo existe en Instagram

Enrique Inzunza Cázarez, senador de Morena y exsecretario general de Gobierno de Sinaloa, también acusa “ataques” contra la Cuarta Transformación y se presenta como mártir de la persecución imperialista.

El 2 de mayo publicó un video desde Badiraguato anunciando que se incorporaría a la Comisión Permanente: “ahí nos vemos”, dijo; el problema es que nunca se vio en el Senado.

Cuando iniciaron los trabajos de la Permanente avisó en redes que no iría porque estaba en Sinaloa; tampoco se le vio en los días siguientes, pero sí tuvo tiempo de subir historias por el Día de las Madres, y posts los días 13 y 17 de mayo, ubicándose muy orgullosamente en Badiraguato.

Su suplente, Alejandro Murat, hasta le lanzó la indirecta pública: lo correcto sería que pidiera licencia, como Rocha; pero lo correcto y lo legal en la narcopolítica mexicana suelen vivir en universos paralelos.

Los dos que sí cruzaron la frontera… pero a la mala

Mientras los morenistas de alto rango se desvanecen en el aire, hay dos que ya están en cárceles gringas: Enrique Díaz Vega (exsecretario de Finanzas de Sinaloa) y Gerardo Mérida Sánchez (exsecretario de Seguridad).

Claudia Sheinbaum y el gobierno federal confirmaron que ambos están detenidos en Estados Unidos, no en México, lo cual resume perfecto el nivel de confianza en la justicia nacional: para enfrentar cargos serios, mejor irse directo con el US Marshals Service.

Mérida fue detenido el 11 de mayo cuando cruzó por Nogales hacia Arizona y ya fue presentado ante una corte en el Distrito Sur de Nueva York, donde se declaró no culpable; antes de eso había intentado blindarse con un amparo en Michoacán contra detención y extradición.

Ahora está en MDC Brooklyn, registrado formalmente en el sistema penitenciario federal gringo, mientras en México apenas están “abriendo investigaciones”.

Díaz Vega, en cambio, se entregó el 15 de mayo ante autoridades estadounidenses; una fuente del Departamento de Justicia dijo que pronto comparecerá en Nueva York y se prevé que también se declare no culpable.

La postal es demoledora: los exfuncionarios se entregan a EU porque creen más en la justicia del país que los acusa de narco que en la del país donde cobraban sueldo como autoridades.

Los cuatro que se los tragó el narco-Estado

En el sótano del escándalo están los cuatro sin rastro: Marco Antonio Almanza Avilés, exjefe de la Policía de Investigación; Alberto Jorge Contreras Núñez “Cholo”, exencargado de la Comisaría General de la Policía de Investigación; José Antonio Dionisio Hipólito “Tornado”, exsubdirector de la Policía Estatal; y Juan Valenzuela Millán “Juanito”.

No hubo reacción pública, ni ruedas de prensa defensivas, ni videos llorando persecución política; simplemente se esfumaron del mapa institucional y mediático.

El caso de “Juanito” es particularmente brutal: está acusado de participar en el secuestro, tortura y asesinato de una fuente confidencial de la DEA y de un familiar.

En cualquier país serio eso sería un terremoto institucional; en Sinaloa apenas alcanza para una nota en la sección de “más información” y una infografía de “funcionarios sin rastro”.

Narcofugitivos S.A. de C.V.: resumen del sexenio

El cuadro final es quirúrgico:

  • Gobernador con licencia, desaparecido en lo político y en lo físico.
  • Alcalde de la capital estatal, también con licencia, también evaporado.
  • Vicefiscal que abandona el cargo justo cuando lo voltean a ver.
  • Senador que “sigue en funciones” pero solo en Instagram y en Badiraguato.
  • Exsecretario de Finanzas y exsecretario de Seguridad, en cárceles de EU.
  • Cuatro mandos policiales, sin rastro, sin explicación y sin prisa oficial por encontrarlos

Todo esto ocurre mientras el discurso oficial insiste en que el problema es “la narrativa” y los “ataques al movimiento”, no que una parte importante de la estructura de gobierno de Sinaloa está señalada por trabajar, presuntamente, para el Cártel de Sinaloa.

El narcofugitivo ya no es solo el capo de sombrero y cuerno de chivo: ahora viene con fuero, con nombramiento, con curul, con licencia aprobada por el Congreso y, cuando se complica, con vuelo directo a Nueva York y ficha en el MDC Brooklyn.

Con informacion: ELUNIVERSAL/

«CONSUL de EE.UU,DOLIDA y SENTIDA: MONITOREAN INVESTIGACION TRAS ATAQUE de HIJOS del CONTADOR MORENO-ESCORPION a FEDERALES»…Americo y/o FGR no podran prostituir pesquisa como caso gringo de 2023.


El consulado estadounidense en Matamoros, perdio uno de sus guardianes federales —y dos más quedaron heridos— en una emboscada que pone de manifiesto la peligrosa cotidianidad de la violencia criminal en la frontera tamaulipeca, donde el poder politico,el de Morena de Alberto «Beto» Granados y el gobernador Americo Villarreal,ambos del mismo partido,estan al servicio del narco y este ultimo, fichado por narcopolítico.

Ayer,la cónsul Mary Virginia Hantsch emitió un comunicado en video que, más allá de su tono protocolario y respetuoso, ademas de sentido y dolido ,evidencia la tensión geopolítica que atraviesa cada palabra cuando agentes ,aunque Mexicanos,fueron asignados a proteger el Consulado estadounidenses en territorio mexicano.

Territorio que en los lamentables hechos es territorio del Cartel del Golfo que comanda Alfredo Cardenas Martinez,alias El Contador,hoy en libertad gracias a un juez Federal y los malos oficios de la primera autoridad municipal,atipicamente nombrado supervisor de la medida cautelar de libertad al capo ,con el AVAl del gobernador.

Las palabras del consulado: entre el luto institucional y la delimitación de responsabilidades

«Hoy en día estamos profundamente entristecidos por la pérdida de un miembro del servicio de protección federal asignado a nuestro consulado», arranca Hantsch con el lenguaje esperado del duelo diplomático. 

El tono es empático, humano: «Nuestros corazones están con su familia, amigos y colegas, así como con los dos miembros del equipo de seguridad heridos y sus familias mientras se recuperan». No hay aquí acusaciones directas ni señalamientos al gobierno mexicano; solo el reconocimiento del dolor compartido y el tributo a quienes «sirven con honor para garantizar la seguridad de nuestra comunidad consular».

Pero la verdadera sustancia política del mensaje viene inmediatamente después, cuando Hantsch se apresura a delimitar el alcance operativo de los federales asesinados. «El personal del servicio de protección federal asignado a nuestro consulado tiene una misión, proporcionar seguridad para las instalaciones y el personal del consulado. Su función es estrictamente de naturaleza protectora». Y luego, la frase que marca el perímetro de la responsabilidad estadounidense: «Están aquí para resguardar el consulado, no para realizar operaciones más allá de ese alcance». 

Es decir, Hantsch anticipa cualquier narrativa que pudiera vincular a estos agentes con operaciones de inteligencia, persecución del narco o tareas encubiertas binacionales más allá del simple perímetro consular —un tema especialmente sensible que nos recuerda el secuestro y asesinato de estadounidenses en Matamoros en 2023, que generó crisis diplomática.

Y una asquerosa respuesta del gobernador en amasiato con el narco que le entrego detenidos para salir al paso,como lo estan haciendo ahora, pues nuevamente aparecen como autores, los hijos del Contador del Cartel del Golfo.

El monitoreo de EE.UU: observando sin intervenir (todavía)

La cónsul luego añade que «el gobierno de los Estados Unidos está monitoreando de cerca esta investigación». Esa palabra, «monitoreando», es clave: no dice «participando», «dirigiendo» ni «exigiendo resultados». Es una distancia calculada, diplomática, que reconoce la soberanía mexicana sobre la pesquisa mientras deja en claro que Washington está atento a cada movimiento de las autoridades locales. 

En el contexto de Tamaulipas —donde los vínculos entre el gobernador,el alcalde y crimen organizado, corporaciones policiales y estructuras políticas han sido documentados hasta el hartazgo—, ese «monitoreo cercano» suena más a vigilancia que a colaboración.

Hantsch cierra con un llamado a la preocupación compartida:«Compartimos una preocupación común con esta comunidad fronteriza, los elementos criminales que traen violencia y sufrimiento a las familias en ambos lados de la frontera». Aquí el lenguaje es deliberadamente inclusivo, borrando fronteras en el sufrimiento, pero también señalando a «elementos criminales» como el enemigo común —sin mencionar, claro está, la colusión institucional que históricamente ha permitido que esos «elementos» operen con impunidad.

El impacto geopolítico

El ataque no ocurrió en cualquier lugar: fue a cuatro kilómetros del consulado, sobre el bulevar Manuel Cavazos Lerma, en la colonia La Encantada. Según reportes oficiales , los federales concluyeron su servicio cuando la unidad en que viajaban fue impactada por una camioneta, y luego una segunda pick-up con civiles armados los atacó —una emboscada coordinada, no un encuentro fortuito. El agente asesinado fue identificado como Marcelo Vázquez Vázquez, de 40 años, quien acorde con fuentes realizaba funciones de escolta y acompañamiento vinculadas a personal operativo en la franja fronteriza.

Geopolíticamente, el impacto es triple: primero, confirma que ni siquiera los agentes federales asignados a proteger activos estadounidenses están a salvo en Tamaulipas, lo que eleva la percepción de riesgo en Washington. 

Segundo, pone presión sobre la Fiscalía de Tamaulipas —encabezada ahora por Jesus Eduardo Govea,una curricula manchada en 2002 por servir precisamente al Cartel del Golfo de Matamoros al que tambien sirvió Americo Villarreal Guerra , padre del hoy gobernador y que tambien fue mandatario en la entidad de 1987-1993.

La pesquisa: entre la opacidad tamaulipeca y el escrutinio internacional

Hasta el momento, las autoridades mexicanas no han informado oficialmente sobre personas detenidas, aunque mediaticamente han querido endosar a estos hechos, dos capturas.

En Tamaulipas, donde los ataques a fuerzas federales han sido recurrentes y la impunidad estructural, eso no sorprende a nadie. Pero con el gobierno estadounidense «monitoreando de cerca», la presión es distinta. Hantsch cierra su mensaje con un compromiso: «Seguimos comprometidos a trabajar con las autoridades por la seguridad de todas nuestras comunidades». Es un voto de confianza condicionado, que en traducción libre significa: estamos viendo, y esperamos que esta vez sí hagan su trabajo.

Los dichos de la Cónsul en Matamoros es, en resumen, un ejercicio de diplomacia en duelo: empática con las víctimas, respetuosa con la soberanía mexicana, pero firme en delimitar responsabilidades y advertir que Washington no apartará la mirada. Porque cuando matan a quienes cuidan la bandera estadounidense en territorio extranjero, cada palabra importa —y cada silencio también.

Con informacion: @Redes/ Iedba